Este viernes, la edición 96 del programa Desde Donde Sea conducido por el filósofo y analista político, Miguel Ángel Pérez Pirela, que contó con la participación del reconocido intelectual argentino, Atilio Borón, estuvo dedicada a disertar sobre la situación de América Latina en el escenario pandémico y pospandémico, con especial énfasis en las agresiones imperialistas en contra de Venezuela, cuyos efectos no son solamente locales y regionales, sino que dan cuenta de una reconfiguración del sistema-mundo en proceso. 

 

Las acciones políticas definen el desempeño de los países en su lucha contra la Covid-19

 

Inicialmente, al ser consultado por Pérez Pirela acerca del panorama de la región frente a la Covid-19, toda vez que el continente es actualmente el epicentro de la infección, Borón opinó que el panorama sanitario está diversificado y que la causa final de tal diversidad de respuestas se debe fundamentalmente a las acciones políticas que han emprendido los gobiernos para frenar o no la enfermedad. 

 

De ese modo, Argentina, bajo la batuta de Alberto Fernández, mantiene a raya la afección, si se le compara con su vecino Brasil, que gobernado por Bolsonaro, hoy registra la segunda mayor cantidad de pacientes de Covid-19, sólo por detrás de Estados Unidos. En México, en su juicio, también hay problemas, toda vez que el presidente López Obrador inicialmente minimizó los efectos de la pandemia y decretó tardíamente las medidas de distanciamiento social, lo que trajo como consecuencia que hoy el país cuente con cinco veces más óbitos que Argentina. 

 

Por su parte, en Perú se está produciendo «una escalada impresionante» del número de víctimas, lo que se explica, en criterio de Atilio Borón, porque cerca del 70% de la masa laboral en ese país reproduce su materialidad en la economía informal y no está recibiendo ningún apoyo por parte del Estado para que pueda resguardarse en casa mientras se requiera el confinamiento. Esta situación empuja a millones de personas a las calles cada día y con ello, los contagios masivos son la consecuencia inevitable. 

 

En casi idéntica situación estaría Chile, pues Piñera priorizó la productividad y ahora los contagiados se cuentan por miles y pese a eso, el gobernante insiste en «la vuelta a la normalidad», es decir, enviar a la gente a trabajar, para que se contagie o muera. Borón piensa que es exactamente eso lo que quiere hacer la derecha en todo el continente: «reactivar la economía» aunque ello cueste vidas humanas. 

 

En la otra punta del espectro está Venezuela, porque pese al bloqueo, al asedio permanente y a las sanciones criminales que hoy le impone Estados Unidos, exhibe «unos resultados fenomenales», en decir del experto argentino (menos de 1.000 contagiados y 10 fallecidos); solamente comparable con el control que han tenido países como Vietnam (que no ha reportado ningún deceso por esta causa) o Cuba, que pese a arrastrar el efecto del turismo previo, ha logrado tener bajísimas cifras de decesos. 

 

En otras palabras: atención médica oportuna, medidas de confinamiento decretadas y adoptadas oportunamente y protección estatal para los más vulnerables, explican el desempeño de los países y dan cuenta de gestiones gubernamentales que han hecho lo posible por proteger a sus ciudadanos y evitar desastres sanitarios, incluso desde posiciones de derecha, como ocurre en Uruguay, hoy gobernada por el conservador Lacalle Pou. 

 

Respecto de este país, Borón comentó que gracias a 15 años de gobierno del Frente Amplio, la nación cuenta con un sistema sanitario de primer nivel, que no fue desmantelado por el actual presidente y por eso, los uruguayos que enfermaron recibieron los cuidados médicos necesarios y la enfermedad ha segado la vida de relativamente pocas personas. 

 

Para cerrar este tema, el analista argentino destacó que si había que extraer una lección sobre estos eventos, es que la unidad gubernamental y de las Fuerzas Armadas en pos del beneficio de un país, hace que no se presenten crisis sanitarias y que en ello Venezuela había dado un gran ejemplo en toda la región. 

 

Trump: por quedarse en la Casa Blanca, siempre es posible echar mano de una guerra

 

Atilio Borón estima que el intento de invasión a Venezuela y las declaraciones belicistas en contra de Irán, dan cuenta del desespero de Trump por remontar la montaña que parece interponerse en sus aspiraciones a permanecer cuatro años más en la presidencia. 

 

Así, aunque la situación interna en Estados Unidos es muy compleja –más de 1,5 millones de infectados por la Covid-19, casi 100.000 fallecidos por esa causa, amén de más de 36 millones de desempleados y una caída en el PIB que rozó el 35% durante el primer trimestre del año–, el mandatario montó «una maniobra de distracción» orientada a levantar su maltrecha popularidad y conseguir remontar en las encuestas, que hoy dan por ganador al demócrata Joe Biden por más de 15 puntos porcentuales. 

 

Sin embargo, el intelectual estima que una invasión con 80 mercenarios fue «una estupidez» y es correlato de la errada lectura que tienen los llamados «think tank» sobre Venezuela, al punto de creerse sus propias mentiras. La consecuencia de tal subestimación de Venezuela se tradujo en que su avanzada fue detenida por el pueblo, esta vez con rostro de pescadores, sin que mediara la intervención de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Creían, mencionó, que serían recibidos con carteles alabanciosos, pero eso estaba completamente fuera de la realidad. 

 

La fallida invasión dio paso al análisis de los posibles escenarios en América Latina en lo que Miguel Ángel Pérez Pirela calificó como una «situación prebélica» entre Estados Unidos e Irán, cuyas consecuencias serían, sin duda alguna, globales. 

 

En este orden de ideas, Borón consideró que si bien Donald Trump –al que tildó de gánster– había llegado tan lejos como para enviar barcos y aviones de guerra a interceptar  tanqueros iraníes en el Mar Caribe y tenía en su círculo de colaboradores más estrechos a un personaje como John Bolton, sindicado de orquestar el asesinato de jesuítas de la Universidad Simón Cañas de El Salvador por medio de escuadrones de la muerte durante la década de 1989, en estos tiempos, no era tan sencillo atacar a un país, pues siempre los agredidos tenían alguna capacidad de respuesta e incluso, de retaliación. 

 

Para ilustrar el punto, recordó el caso de Corea del Norte, nación contra la que el inquilino de la Casa Blanca había enfilado sus amenazas. Tuvo que dar marcha atrás a cualquier plan, luego de que militares alto rango le explicaran que sus concepciones sobre la guerra termonuclear correspondían al orden político de la Guerra Fría y resultaban absurdas en la actualidad, pues por mucho que bombardearan puntos estratégicos de la República Popular de Corea, este país podía desquitarse simultáneamente sobre Seúl o sobre Tokio, capitales de dos de sus aliados más caros en el Este de Asia, por ejemplo. 

 

En todo caso, siendo Trump tan impredecible y estando tan desesperado, no puede descartarse de entrada una acción de guerra en contra de los buques iraníes que surcan las aguas internacionales con destino a Venezuela; empero, si Estados Unidos hundiera alguno de estos navíos, eso equivaldría a «darle puntapié a lo poco que queda del orden mundial» y tras ello, se instalaría un orden internacional hobbesiano del todos-contra-todos, reflexionó el sociólogo argentino. 

 

Concretamente, comentó, Irán podría atacar rápidamente a Israel,  «el peón» estadounidense en Medio Oriente y cerrar el paso de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz, por donde circula más del 40% de todo el crudo del mundo. No es un escenario que, en su opinión, sea el más probable y más bien luce como «una bravuconada» de Trump. De ser el caso, «sería una gran victoria» para la República Bolivariana de Venezuela, para China, para Irán, para Rusia. 

 

El mundo después de la pandemia

 

Para Atilio Borón está claro que la pandemia de Covid-19 signó el fin de la supremacía de Estados Unidos en el mundo y que despuntan dos centros de poder importantes: China y Rusia

 

A su parecer, la supremacía estadounidense se sustentaba no solamente en su poder bélico, sino en las alianzas con la Unión Europea y Japón –tercera economía mundial, en tamaño– y la pandemia dejó al descubierto que la primera era una entelequia que permaneció gracias a los intereses comerciales, mientras que la segunda nación está hundida financieramente, ahogada por una deuda externa que asciende al 235% de su Producto Interno Bruto. 

 

Por otro lado, en su criterio, el poder económico chino es indiscutible. Hoy en día, indicó, es el principal socio comercial de 138 países, algo que ninguna otra nación había logrado conseguir. En el caso de Rusia, hizo referencia a su contundente política exterior, basada en los valores opuestos en los que se sustenta la de Estados Unidos: libre determinación de los pueblos, respeto y rechazo a las injerencias extranjeras.  

 

Económicamente, desde su punto de vista es posible asignar lo que expertos han denominado la «renta básica universal», un estipendio que garantiza la reproducción digna de la vida, con o sin empleo y que resultaría acertado para proteger a las personas de la Covid-19 y de otras injusticias y desigualdades sociales, pues el problema no radica en la cantidad de pobres, sino en el hecho de que el 1% de la población mundial posea el 55% de la riqueza, en desmedro del 99% restante y para invertir esta situación, se requeriría de una voluntad política capaz de gravar a empresarios y millonarios. 

 

En este momento de la disertación, Miguel Ángel Pérez Pirela acotó que también era importante considerar que los efectos de la pandemia habían sido particularmente nefastos en esos países donde se desmanteló el Estado de Bienestar construido después de la Segunda Guerra Mundial, en pos de las privatizaciones neoliberales. 

 

En acuerdo con esta postura, Borón agregó que estima que el escenario pospandémico se cimentará en una salida «protosocialista», caracterizada por una fuerte presencia estatal en áreas estratégicas, como la salud y la economía, incluyendo el control de los mercados, pues de lo contrario, el mundo estaría bajo el control de las fuerzas del capitalismo más salvaje y criminal. 

 

Casi al cierre, señaló que los cambios en los modos de vida de las personas dependerán, en su parecer, de la duración de la pandemia, de si logra sintetizarse alguna vacuna –o varias, como ocurrió con durante la epidemia de poliomielitis que azotó a América Latina a mediados de la década de 1950– y si ese fármaco estará disponible para la mayoría. 

 

Dependiendo de cómo se conjuguen esos factores, entonces, poco a poco –y no sin recelos– la humanidad irá retomando las formas de sociabilidad que el confinamiento quebrantó. 

 

Finalmente, destacó que la respuesta del pueblo venezolano ante la pandemia y frente a la invasión mercenaria, daban cuenta de su heroísmo y conciencia política, algo que valoró como la mejor herencia que nos legara el presidente Hugo Chávez. 

 

(LaIguana.TV)

 

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