I

I

La agresión mercenaria y terrorista contra nuestra Patria de inicios del presente mes, derrotada por el Pueblo venezolano en unión cívico-militar; nos convoca a seguir profundizando en este aspecto fundamental del legado del Comandante Hugo Chávez, líder histórico de la Revolución Bolivariana, dando continuidad a las reflexiones que en artículos anteriores hemos venido realizando, las cuales nos han llevado al nacimiento en 1982 del Ejército Bolivariano Revolucionario (EBR), que más tarde comenzó a llamarse Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200).

 

Unos años después, en 1985, el entonces Capitán Chávez es transferido al Escuadrón de Caballería Motorizada “Francisco Farfán”, en la población apureña de Elorza; siendo considerada esta una responsabilidad importante, dada la ubicación estratégica de esta unidad militar: la frontera con Colombia.

 

Hugo Rafael llega a ese Pueblo llanero, sintiendo que el parto histórico que se venía gestando no podría ser detenido por nada ni nadie. El MBR-200 estaba vivo y era ya la expresión más pura de los sueños libertarios de quienes militábamos en el Movimiento. De allí que, le confiese a Ramonet que en Elorza vivió una de las épocas más felices de su vida, de grandes realizaciones, “en lo militar, en lo social y en lo político. Elorza se convirtió en una especie de laboratorio sociológico donde empecé a experimentar en vivo nuestras tesis con respecto a la relación Fuerza Armada-Pueblo, lo que nunca antes había hecho”.

 

En aquel Pueblo fronterizo, abandonado por los gobiernos puntofijistas, como la mayoría de los territorios del interior del país, Chávez se convirtió, además del líder militar de la zona, en un dirigente social, manteniendo contacto directo y permanente con estudiantes, indígenas, deportistas, cultoras y cultores, profesoras y profesores. Además, logró integrar a sus soldados al quehacer comunitario, organizando equipos deportivos, a las pescadoras y los pescadores para que aprendieran a defender sus derechos, y a las campesinas y los campesinos para hacer frente al terrible latifundio que existía en el lugar. También, se metió a fondo a trabajar con las comunidades indígenas, respetando y apreciando sus costumbres y cultura, viviendo con ellos su realidad, su drama. Todo ello, al tiempo que indagaba sobre Maisanta, cuyo recuerdo y ejemplo seguían vivos en la memoria de la sabana.

 

Fue tanta su compenetración con la gente de ese Pueblo, que durante dos años consecutivos, 1986 y 1987, Hugo fue designado presidente de las fiestas de Elorza; fiestas que, como se sabe, constituyen un referente de la cultura nacional, y cuyo realce, justo es reconocerlo, tienen mucho que ver con la gestión de Chávez y su empeño por hacer de las fiestas un escenario para la organización y participación popular.

 

Recuerdo que en esos años un pequeño grupo de bolivarianas y bolivarianos que laborábamos en la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales “Ezequiel Zamora” (Unellez), en Barinas, logramos que las autoridades universitarias del momento nos apoyaran para llevar a esas fiestas, como parte de la nueva programación organizada por Chávez, las manifestaciones culturales que hacían vida en esa casa de estudio: danzas, teatro, títeres y un grupo de música llanera. También, ya es conocida nuestra pasión por la pelota, viajó a Elorza el equipo de sofbol de los profesores de la Unellez. Chávez limpió un terreno baldío y construyó un “estadio sabanero”, donde jugamos contra la novena que él organizó, integrada por soldados y algunos habitantes de Elorza y San Fernando; que tenía como mánager para esos intercambios, nada más y nada menos, que al gran pelotero venezolano Pompeyo Davalillo, quien había sido entrenador de Hugo en la Academia Militar. Realmente aquel Pueblo, con sus fiestas, se integró como nunca, organizándose como nadie había siquiera pensado antes. Elorza cambió para siempre desde aquellos años de la estancia de Chávez en esas queridas tierras; y podemos asegurar, que la mayoría de sus hijas e hijos se mantienen hoy fieles al legado del Comandante Eterno.

 

II

 

Antes del traslado de Chávez a Elorza, entre los años 1983 y 1984, el Movimiento Bolivariano había venido expandiéndose y fortaleciéndose, gracias a la incorporación de nuevos oficiales jóvenes y al desarrollo de intensas jornadas de estudio y formación política; tareas dirigidas personalmente por el Capitán Chávez Frías, lo que permitió que su liderazgo se consolidara rápidamente. Una de sus insistencias permanentes en esa época, como lo fue siempre, era la importancia de terminar de definir nuestra plataforma ideológica. Como él mismo lo dijo a Ramonet, “…yo siempre insistí en la importancia del tema ideológico, …en el tema ideológico del bolivarianismo. Y sobre esa base, …decidí crear el Movimiento que nace en 1982, en el Samán de Güere…”.

 

Esta ideología se resume, contrario a lo que algunos todavía plantean, en el Árbol de las Tres Raíces -a las que hoy se suma la raíz integradora del pensamiento del líder histórico de la Revolución Bolivariana-; constructo que surge del estudio profundo del pensamiento bolivariano. “Leímos…varios libros fundamentales: Introducción a Simón Bolívar, de Miguel Acosta Saignes; Bolívar, de Indalecio Liévano Aguirre; Bolívar de Carne y Hueso, de Francisco Herrera Luque; Bolívar, Pensamiento Precursor del Antiimperialismo, de Francisco Pividal; y El Culto a Bolívar, de Germán Carrera Damas; entre otros. Se nos apareció, con toda claridad, el estadista, el visionario de la integración latinoamericana…Tratamos de definir y precisar una ideología bolivariana porque, para nosotros, en aquella situación, constituía la herramienta teórica perfecta: ningún militar la podía rechazar, tenía sustento histórico y contenía todos los elementos revolucionarios que necesitábamos para movilizar a los oficiales descontentos”; señaló nuestro Comandante Eterno.

 

Igualmente, profundizamos mucho acerca del pensamiento de Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, sobre lo cual debatíamos cada vez que podíamos reunirnos. Como lo explicó Chávez en su momento, el propósito fue “ensamblar las principales ideas de cada uno de ellos -Bolívar, Rodríguez y Zamora- para constituir un cuerpo de doctrina original, un pensamiento político revolucionario y, a la vez, profundamente venezolano;…de este modo conformamos el Árbol de las Tres Raíces como concepto ideológico fundamental, uno de los principales nutrientes de nuestro proyecto político”.

 

III

 

Cuando Chávez fue presidente de las fiestas de Elorza por segunda vez, ya ostentaba el grado de Mayor del Ejército venezolano, pues había ascendido en julio de 1986. En mayo de ese año, se realizó en San Cristóbal, estado Táchira, el 3er Congreso Nacional del MBR-200, de manera clandestina, por supuesto; donde conocí personalmente a varios oficiales que integraban el Movimiento, entre ellos al Comandante Arias Cárdenas. Además de los oficiales que fungían como miembros del Directorio de dicho Movimiento, fuimos invitados dos civiles de manera especial: Manuel, un profesor y viejo militante del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), quien se había quedado con nosotros; y yo.

 

 

En esa reunión, debatimos acerca de la línea ideológica de las tres raíces y la estrategia para seguir sumando militares y civiles al Movimiento, incluyendo la incorporación y participación de organizaciones populares; entre otros aspectos. De allí salimos sintiendo que teníamos una organización lista para terminar de preparar la insurrección cívico-militar orientada a liberar a la Patria de la ignominia de la IV República.

 

(LaIguana.TV / Adán Chávez)

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