De acuerdo con las cifras oficiales reportadas este miércoles 27 de mayo por el ministro de Información y Comunicación, Jorge Rodríguez, Venezuela registra desde el pasado 13 de marzo, cuando se informó de los primeros dos casos, 1.245 pacientes diagnosticados con Covid-19 y apenas 11 fallecidos.

 

A casi dos meses y medio de la llegada del virus, el SARS-CoV-2 parece estar a raya, muy especialmente si esta situación se compara con los datos provenientes de otros países suramericanos, como Brasil, Perú, Chile, Ecuador o Colombia, donde la infección hace estragos evidentes.

 

A modo de comparación y siguiendo las cifras compiladas en el portal especializado Worldometers, Brasil es, tras los Estados Unidos, el país con mayor número de personas afectadas por la Covid-19 en el planeta, contabilizando 396.166 al día de hoy y 24.746 decesos. Perú, que ocupa la décimo primera casilla en cuanto al número de infectados a nivel mundial, reporta 129.751 casos y 3.788 fallecimientos. Venezuela está en la casilla 101 de entre 215 naciones.

 

Empero, los especialistas sugieren evitar las comparaciones directas entre países cuya diferencia en términos de tamaño poblacional es considerable, y por ello indican que es más apropiado utilizar indicadores que se refieran al número de infecciones y decesos por millón de habitantes.

 

Así las cosas, Brasil tendría 1.865 casos/millón de habitantes y Venezuela, 43; mientras que los decesos relativos serían en cada caso, 116 y 0,4, respectivamente. 

 

Estos datos deberían ser suficientemente elocuentes para reconocer que, pese a las limitaciones que imponen las sanciones estadounidenses sobre el Gobierno y las duras condiciones socioeconómicas con las que debe lidiar  la población, el país ha controlado eficientemente la expansión de la pandemia y exhibe grandes números, no solo en América del Sur, sino a nivel mundial.

 

Sin embargo, ello no sucede y en su lugar, proliferan noticias falsas y los cuestionamientos a la gestión de la crisis que ha hecho el Gobierno del presidente Nicolás Maduro que son difundidas en las redes sociales. Algunas, incluso, refieren la opinión de presuntos «expertos» sanitarios, que no ofrecen ningún respaldo a sus pareceres, más allá de su palabra, pero que de igual modo son presentadas como «la verdad», frente a «las mentiras» gubernamentales.

 

«Sin la más mínima intención de darle sustento a sus afirmaciones, los medios de la prensa antivenezolana y los influencers que replican esas mismas líneas editoriales, han difundido fake news tan descaradamente exageradas como la de ubicar en 30 mil el número de muertes por coronavirus, lo que es una cantidad 272.727% superior a la cifra oficial de decesos en el país, que apenas llegó a 11 personas el martes 26 de mayo», precisa el periodista Clodovaldo Hernández en un trabajo publicado en LaIguana.TV.

 

Añade: «Si esa fuese la cifra de personas fallecidas, tendría que haber en el país alrededor de 500 mil contagiados, según la proporción que se registra como promedio en el mundo».

 

Al respecto, Gerardo Cosío, jefe de la oficina de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud en Venezuela le declaró a Associated Press (AP) que «si las cosas estuviesen peor de lo que están ahora, lo habríamos visto en redes sociales: gente quejándose del incremento de los casos, hospitales saturados», así que no se trata exclusivamente de percepciones periodísticas, sino de una opinión cualificada por un funcionario no ligado al Gobierno venezolano.

 

En opinión del constituyente y analista mediático Alberto Aranguibel, consultado por Hernández en su investigación, «el ataque a Venezuela, una vez más con base en infundios y descalificaciones descabelladas y absurdas, es expresión de esa necesidad de la derecha y de sus medios de comunicación para tratar de salvar (o al menos empatar el juego) lo que la pandemia le está costando al capitalismo, y en particular a la lógica imperialista del nuevo orden hegemónico unipolar, dejándolo desnudo en su incompetencia para resolver los problemas de la humanidad».

 

Aranguibel apunta hacia algo esencial: en donde ha privado la defensa de los intereses del capital, los estragos han sido mayores. Basta consultar los datos de Worldometers, la Organización Mundial de la Salud o la John Hopkins University –tres instituciones lo ligadas entre sí ni a gobierno alguno– para comprobar la veracidad de sus palabras.

 

De allí que, aunque medios, influencers y «expertos» ligados a la derecha nacional e internacional apuesten por cuestionar sin bases la gestión gubernamental de la crisis de la Covid-19, es perfectamente posible explicar por qué, pese a que habían pronosticado una crisis sanitaria sin precedentes en el país, eso no ha sucedido y todo parece indicar que no sucederá, aún a pesar de ellos.

 

En primer término, el presidente Nicolás Maduro decretó medidas de confinamiento en todo el territorio desde el pasado 16 de marzo, cuando el número de casos era aún muy bajo. Las medidas incluyen cuarentena social y suspensión de actividades en todos los sectores no esenciales de la economía, obligatoriedad en el uso de mascarillas para transitar por las calles, prohibición de actos públicos y festejos privados que conllevaran la congregación de personas, presentación de salvoconductos para usar el metro en la capital, desinfección de calles, avenidas y mercados, preservación de la distancia social en los comercios, circulación restringida entre estados, suspensión del tráfico aéreo comercial y circulación restringida de personas en las zonas en las que se han detectado brotes.

 

Adicionalmente, se implementó un sistema de encuesta en línea a través del sistema Patria en el cual se registra semanalmente información relativa a factores de riesgo y estado de salud de las personas, con énfasis en la sintomatología de la Covid-19.

 

A partir de estos datos, se procedió a desplegar un amplio sistema de visitas casa por casa de equipos médicos, lo que a la postre redundó en la posibilidad de detectar tempranamente a los enfermos, aislarlos en centros de salud y prevenir contagios comunitarios.

 

Incluso, la agencia de noticias AP, en un trabajo publicado este miércoles, reconoció que todo lo dicho hasta ahora puede constatarse, tanto a partir de expertos como de la propia voz del pueblo venezolano.

 

«El dirigente (Nicolás Maduro) ordenó una de las primeras cuarentenas en la región. Los trabajadores sanitarios van casa por casa evaluando a los residentes en los barrios pobres de las colinas, rastreando los casos para frenar su propagación, según expertos y población», refieren.

 

Dada la inexistencia de una vacuna o de un tratamiento específico que conduzca a la cura, la OMS ha insistido que, hasta el momento, las únicas estrategias eficaces para frenar los contagios y prevenir los decesos por Covid-19, son las medidas de confinamiento y la aplicación de pruebas de detección masivas.

 

En este último punto, Venezuela también ha seguido escrupulosamente las recomendaciones del máximo ente de salud en el mundo y ha aplicado 30.424 pruebas por cada millón de habitantes, el más alto número en la región, como puede constatarse consultando el portal Worldometers.

 

Sobre esto, los críticos, como a los que alude AP, indican que  «la mayoría son test rápidos, que son menos fiables, lo que aumenta la posibilidad de que la gente sea considerada erróneamente sana cuando están infectados y pueden propagar el virus».

 

Lo que obvia precisar la agencia es que si bien es cierto que las pruebas rápidas no son específicas para la infección por SARS-CoV-2, son capaces de detectar infecciones víricas, en general, –entre ellas, la causada por este coronavirus– y que un resultado positivo en esta prueba, se asume como caso sospechoso y conduce a la aplicación de la prueba específica de PCR.

 

Por otro lado, diversos estudios han reportado que un porcentaje importante de los infectados con el SARS-CoV-2 son asintomáticos, así que no se trata de un riesgo exclusivo asociado a la política sanitaria implementada en Venezuela, por lo que si a estas personas sin síntomas se les aplicara la prueba rápida, esta sería positiva y no fallida, como intenta alegar el reportaje de la mencionada agencia de noticias.

 

En Venezuela esto puede constatarse revisando los partes diarios, en los que, por regla general, se ofrecen detalles de los nuevos casos.

 

Adicionalmente, vale la pena acotar que todos los casos de Covid-19 reciben atención médica en centros de salud, así no presenten síntomas y ello se implementó para disminuir el riesgo de contagios intrafamiliares, por lo que tampoco sería cierto que personas sospechosas de estar infectadas, pueden circular libremente  y contagiar masivamente a otros, porque, además de las pruebas y visitas casa por casa, la cuarentena social y las medidas de higiene para reducir el riesgo de contagio, han sido acatadas disciplinadamente por la mayor parte de la población.

 

Un último aspecto a precisar está relacionado con el incremento de casos durante el último par de semanas.

 

Desde la llegada del virus, el reporte diario de cifras ofrecido por las autoridades no dio cuenta, salvo excepciones, de grandes volúmenes de nuevos casos diarios. Incluso, hasta mediados de mayo, lo reportado no solía sobrepasar la decena. Sin embargo, desde entonces, eso cambió.

 

La razón del repunte de casos está directamente relacionada con la repatriación de venezolanos provenientes de Colombia, Brasil, Perú y Chile, países en los que la pandemia está sin control.

 

Si bien es cierto que desde el principio, el país decidió reforzar las amplias fronteras comunes con Colombia y Brasil para evitar el ingreso de personas a través de caminos irregulares, pronto se hizo evidente que decenas de miles de connacionales solicitaban la repatriación. Las cuarentenas en sus países de acogida se tradujeron, para muchos de ellos, en la pérdida de todos sus ingresos debido a la imposibilidad de laborar en el mercado informal, en ser víctimas de xenofobia y discriminación, en ser arrojados a la calle sin miramientos.

 

Ante esto, la cancillería venezolana coordinó esfuerzos para repatriar venezolanos desde Estados Unidos, Perú y Chile a través de vuelos humanitarios. Sin embargo, la demanda es inmensa y todavía,miles de compatriotas están a la espera de un vuelo que les permita regresar.

 

En los casos de Colombia y Brasil, no fue posible. Los gobiernos de Iván Duque y Jair Bolsonaro, no lo admitieron y ello ha obligado a casi 50.000 personas a emprender el camino de regreso a pie, huyendo de las penurias y las precariedades, pero también muy expuestas al SARS-CoV-2.

 

Frente a esta emergencia, el Gobierno del presidente Nicolás Maduro dispuso las condiciones necesarias para acoger con seguridad a los connacionales que regresan al país, pautando estrictos protocolos sanitarios en los puntos de control, así como la obligatoriedad de guardar cuarentena en espacios dispuestos para tales fines, antes de se les autorice volver a sus hogares.

 

No obstante, como cabía esperar, dada la procedencia de los viajeros, en pocos días, las cifras de nuevos afectados por la Covid-19 se dispararon. Hoy, según el ministro Jorge Rodríguez, la mayor parte de los pacientes provienen del extranjero y representan el el 78% de todos los casos.

 

¿Se trata de un crecimiento importante? Sin dudas. Empero, es necesario reiterar que estas personas no están circulando libremente, por lo que la posibilidad de que se transformen en agentes de contagio masivo es inexistente. Además, al recibir atención médica temprana y oportuna, se reducen sustancialmente el riesgo de complicaciones e incluso, el riesgo de muerte.

 

De todo lo antes expuesto, no existe razón alguna para que se enciendan las alarmas entre la población, porque no existe evidencia de que el Gobierno esté escondiendo o falseando información sobre la pandemia, mucho menos si de contabilizar muertes por miles se trata.

 

Por otra parte, las acciones implementadas para gestionar la crisis, han mostrado eficacia y ello ha sido reconocido por entes no gubernamentales y de vocería autorizada, como la Organización Panamericana de la Salud.

 

Impera, entonces, desoír a las voces agoreras, que pretenden presentar la situación actual como el preámbulo de una crisis sanitaria. Nada parece indicar que ello ocurrirá.

 

(LaIguana.TV)

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