Una joven de 16 años quien huyó de Honduras tras haber denunciado a su padre por abusar de ella sexualmente, viajó a la frontera entre México y Estados Unidos, y finalmente fue deportada a su país en medio de la pandemia mundial del coronavirus.

La menor ingresó en un refugio administrado por el gobierno y creyó que tendría posibilidades de pedir asilo y de ser liberada para reunirse con un familiar cercano que vive en EEUU, pero sucedió lo contrario.

La joven forma parte de un grupo creciente de migrantes menores de edad que cruzaron solos la frontera y han sido deportados o expulsados de EEUU de forma expedita, algo cuya legalidad es cuestionada por organizaciones locales e internacionales y por algunos partidos políticos.

Al menos 915 menores de edad fueron expulsados de la frontera sur de EEUU, entre marzo y abril, y al menos 60 fueron deportados desde el interior del país en el mismo periodo, de acuerdo con cifras oficiales.

Asimismo, se han programado deportaciones en plena madrugada y sin que los guardianes legales de los niños fuesen notificados.

Otros cientos de menores de edad han sido expulsados en cuestión de horas o días de la frontera de EEUU, sin posibilidad de solicitar la protección de asilo ni de pedir ayuda legal.

El gobierno de Donald Trump justifica las medidas en el marco de la emergencia del coronavirus.

“Esta enfermedad no conoce edad”, declaró el mes pasado el funcionario Mark Morgan, de la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés).

“Cuando menores de edad cruzan la frontera, representan un absoluto y concreto riesgo de salud para este país y para todo aquel con quien entren en contacto”, agregó.

¿Qué es lo inusual?

Históricamente, los menores de edad que cruzan la frontera sin un acompañante adulto gozan de protecciones especiales amparadas en una ley aprobada en 2008 para víctimas de trata.

Bajo la ley, no pueden ser deportados inmediatamente y deben tener acceso a asistencia legal, cuidado médico, educación y refugio.

También se les permite vivir con patrocinadores o familiares cercanos en EEUU, mientras sus casos se resuelven en las cortes de inmigración, un proceso por lo general largo.

Lo inusual es una nueva orden emitida el pasado 20 de marzo a raíz de la pandemia por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), que suspende el ingreso de “ciertas personas de países donde existe un brote de una enfermedad transmisible”.

Estas expulsiones exprés han causado preocupación a organizaciones internacionales como Oxfam y Amnistía Internacional que en un documento conjunto firmado con otras cinco agrupaciones advierten que las políticas de “expulsiones automáticas violan las obligaciones jurídicas de EEUU».

(YVKE Mindial)

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