La figura de Nicolás Maquiavelo y la presentación de conceptos de la Filosofía Política que éste desarrollara en su célebre libro «El Príncipe», fue el tema sobre el cual disertó Miguel Ángel Pérez Pirela en la edición 115 de su programa Desde Donde Sea, que se transmite de lunes a viernes a las 7 de la noche a través de las redes sociales. 
 
El Renacimiento: dícese del tiempo cuando el Hombre pasó a ser el centro del mundo
 
Para ofrecer contexto, el filósofo inició explicando el contexto sociocultural en el cual Maquiavelo escribió su célebre tratado: el Renacimiento, que en rigor, inició a finales del siglo XV «y floreció» durante todo el siglo XVI. 
 
En este período histórico, comentó, surgieron las disciplinas científicas y se produjeron «las obras de arte más excelsas», pues «se puso entre paréntesis la idea misma de Dios», a contrapelo de la herencia medieval de las Universidades, cuya enseñanza se anclaba en la supremacía divina. 
 
Esta suspensión temporal de la idea de Dios, en su opinión, permitió la emergencia de figuras históricas como Galileo Galilei, Miguel Ángel o Rafael, que «relativizaron todo el conocimiento que estaba disponible», cuestionando el saber aristotélico –algo que se consideraba en aquél tiempo una afrenta–, que sostenía al mundo desde tiempos de los griegos, dos milenios atrás. 
 
Así, explicó, surgió toda una generación de pensadores, creadores y artistas, que se inspiraron en la idea de que en el centro del mundo se encuentra el Hombre y no la omnipotencia de Dios, lo que a su vez implicó considerar que lo que estaba en el centro eran la racionalidad y eso que los griegos llamaban «tekné»; es decir, la capacidad de cambiar el mundo, de modificar la naturaleza a través de la razón.
 
Adicionalmente y atendiendo al punto de vista europeo, durante este tiempo se «descubre» América. 
 
El experto aprovechó la ocasión para desmentir la especie, devenida en creencia muy extendida, según la cual el Medioevo fue un tiempo de oscurantismo, alejado de toda idea de racionalidad. Por lo contrario, subrayó, sin el orden racional medieval, no habría podido tener lugar el Renacimiento. 
 
Nicolás Maquiavelo, el hombre
 
Seguidamente, Pérez Pirela presentó a Maquiavelo como hijo del renacimiento, algo que en primera instancia implicaba pensar al Hombre no en términos del deber ser ideal y «naturalmente» bondadoso, como lo planteaba el «zoon politikón» de Aristóteles, sino a partir de su propia contingencia, considerando al ser humano como esencialmente malo.  
 
En tal sentido, destacó que el impacto que tal afirmación produjo, inauguró el Renacimiento con la definición y análisis de la figura del político, del gobernante y en ese orden de ideas, Maquiavelo aseveró que no era lo mismo un gobernante bueno que un buen gobernante, contradiciendo con ello la noción, hasta entonces vigente, de que el bueno era el que seguía las normas y las leyes impuestas por la moral católica. 
 
Por lo contrario, para Maquiavelo, el buen gobernante «es el que hace cálculos de táctica y estrategia sobre el terreno para mantenerse en el poder», citó. 
 
El autor nació y creció en Florencia, uno de los Estados-Naciones que conformaban lo que desde finales del siglo XIX se conoce como Italia y fue en ese entono de división que «Maquiavelo ve la luz», pues en ese tiempo, multitud de Estados vecinos se defendían entre ellos con ejércitos mercenarios o apoyados en naciones poderosas, como España o Francia. 
 
A partir de esa dependencia del poder bélico extranjero al que recurrían los gobernantes de los distintos Estados para conservar el poder, Maquiavelo comenzó a preguntarse sobre los modos de obtener los mismos fines a través de medios más eficientes. 
 
Para ello, relató, contaba con la experiencia que le dejó su ejercicio como funcionario al servicio de la República de Soderini –contrariamente a lo que se cree, no fue un diplomático con grandes influencias, sino que trabajó como secretario, un cargo de mediana importancia dentro de la burocracia de esa época– que hubo de reemplazar el dominio de los Médici en Florencia durante 14 años. 
 
Luego de que la importante familia de banqueros, de la que se dice que tenía las mayores riquezas en toda Europa, retomara el control del la ciudad, Maquiavelo fue execrado de la vida pública y obligado a vivir en las afueras y en 1512 emprendió la redacción de «El Príncipe», considerada por los expertos como una obra maestra de la Filosofía Política y el primer libro de Sociología del que se tiene noticia. 
 
«El Príncipe», libro de cabecera para comprender la política contemporánea
 
En este punto, Pérez Pirela procedió a enunciar y a comentar algunas de las tesis más importantes expuestas por Maquiavelo en su célebre tratado. 
 
Inició refiriendo que para el autor, en política, lo que parece, no es y justamente allí se asienta la gran diferencia en entre el ser y el apare-ser, lugar éste que Maquiavelo asigna a la política y por tal razón, puede inclusive ser considerado como el primer asesor de «marketing» político de la historia. 
 
Sin embargo, puntualizó, en «El Príncipe», Maquiavelo distinguía claramente entre el asesor que adulaba y aquél que solamente hablaba cuando el príncipe –gobernante– lo solicitaba y lo hacía en nombre del conocimiento. 
 
Asimismo, mencionó que irónicamente, el libro está dedicado a Lorenzo de Médici, un miembro de la familia que lo execró y que no tomó en consideración las recomendaciones y dictámenes que desarrolló en el texto.
 
A continuación, advirtió que el libro comenzaba hablando de los tipos de principados y que no alude a la República, por lo que es necesario hacer abstracciones para aprehender esos conceptos en la vida cotidiana. 
 
Maquiavelo distingue entre los principados heredados y los «nuevos», y asegura que los regímenes hereditarios son demasiado estables, demasiado fáciles, porque se nace y se hereda el poder sin que medien méritos; empero, repara en que en este caso es difícil conservar el poder.
 
En términos más concretos, esto significaría que, para Maquiavelo, el ser hijo de alguien, no se asegura cargo alguno. 
 
En contraste, comentó, todo lo contrario sucede con los principados nuevos, que se crean a partir de la virtud del príncipe que logró llegar al poder, una virtud que está atada a la noción de «fuerza» en la política.
 
De esta manera, para Maquiavelo, en general, se puede entender a los principados a partir de la utilización de la fuerza, lo que da lugar a la aparición de otra categoría: la guerra y tener fuerza suficiente, es imprescindible para tener el poder y para conservarlo. 
 
«La razón primera y última de la política del príncipe, es el accionar de esta fuerza, es decir, la guerra», explicó a partir de la cita del autor, pues solamente el arte de la guerra es propio de aquél que tiene un comando, con lo que se acaba con la idea de virtud y de bien que regía el pensamiento político desde la antigüedad. 
 
Antes bien y como derivación directa de lo anterior, cuando el príncipe piensa más en las delicadezas –en la moral– que a la guerra, está en camino a perder su poder, su estatus. 
 
Otra de las afirmaciones de Maquiavelo que el filósofo comentó es la idea de que la posesión del Estado está atada a la aplicación de las leyes o de las armas, puntualizando que las armas a las que alude van a contrapelo del uso de ejércitos mercenarios, pues considera que si bien pueden hacer ganar una guerra, luego se venden al mejor postor.
 
Así, siguiendo las ideas que desarrollara en su tesis de maestría, puntualizó que en realidad Maquiavelo se refiere a la creación de tropas nacionales, una idea innovadora en su caso, dado el contexto en el que se derivó. 
 
Posteriormente, se explayó en las razones por las cuales Maquiavelo pensaba que el Derecho es una formulación abstracta, alejada de la idea de virtud como sinónimo del bien. 
 
Para ilustrarlo, se valió del concepto de «principado nuevo» expuesta previamente, puesto que si un principado no se hereda, se tiene que ganar a través de la virtud. Así, la característica fundamental de un príncipe virtuoso es que éste haga lo que la necesidad le dicte para conseguir sus objetivos más altos, con lo que la idea de virtud se asocia a la flexibilidad moral. 
 
En ese orden de ideas, Maquiavelo dividirá las acciones humanas entre la suerte –a la que llama fortuna– y la virtud e indica que la suerte debe ser el árbitro de la mitad de las acciones humanas y ha de estar seducida por la virtud, que es el fundamento del objetivo político: mantener el poder. 
 
Para ello, el Hombre puede y debe resistirse a la fortuna y preparar a la suerte con su virtud, puesto que los que llegan a ser príncipes por su virtud personal y por sus armas, encuentran mucha dificultad para instalarse en el poder, pero también mucha facilidad para conservarlo, en contraste con quienes llegaron por herencia. 
 
De esta manera, aludiendo a la afirmación del autor según la cual «todos los profetas armados le ganaron a los desarmados» y que por esa causa, para el ejercicio político es importante tener el control de las armas, explicó que en tiempos contemporáneos, esto significa el control de las Fuerzas Armadas.  
 
El uso de esta fuerza, para Maquiavelo, es polivalente. Por ejmplo, argumenta que la naturaleza de los pueblos varía y es fácil persuadirlos, pero es difícil mantenerlos en la persuasión. Cuando eso falla, hay que hacerlos creer por la fuerza. 
 
Tal aseveración destruyó la idea de moral, tal y como se entendía hasta entonces, pues su interés esencial no es el uso de la crueldad contra el pueblo, sino evaluar si su uso es bueno o malo, para lo que define así dos tipos de crueldad: una justificada y otra que no lo es. 
 
Para Maquiavelo, una crueldad mala es la que no se renueva y se alarga en el tiempo y al alargarse en el tiempo, le vale al político el odio. Para librarse de ese mal, recomienda ejercerla al inicio, cuando se toma el poder, porque de lo contrario se da la ocasión de que los enemigos puedan vengarse. 
 
Desde el punto de vista táctico, Pérez Pirela refirió que en el Capítulo 9 de «El Príncipe», Maquiavelo habla de la astucia afortunada, que es suerte ni virtud, y dice que la astucia afortunada es una feliz destreza, porque algunas veces el príncipe –gobernante– tiene que beneficiar al pueblo y otras, a los poderosos. 
 
Como conclusión, podría decirse que Maquiavelo estima que toda ética no se define en términos absolutos sino que se inscribe en una realidad precisa y asegura que si las personas deciden vivir en función de imperativos ideales en medio de la maldad mundana, rápidamente se transformarían en víctimas y eso es lo que le permite sustentar que el gobernante que quiere mantenerse en el poder, debe acostumbrarse a no ser siempre bueno y ajustar su bondad según las circunstancias. 
 
Esta idea específica inspiró al filósofo contemporáneo liberal David Gautier , quien en su libro «La moral por acuerdo», sostiene que toda moral solo existe en el terreno y es buena o mala en la circunstancia específica en la que emerge. 
 
Maquiavelo posee una idea negativa de la naturaleza humana. En el capítulo 15 de «El Príncipe», define al Hombre como un ser malo, interesado e hipócrita y plantea el concepto de crueldad bendita, única forma de acabar con los asesinatos y las rapiñas, que complotan contra el Estado.
 
Empero, advierte que el príncipe –gobernante– debe escapar del odio, pues todas las fortalezas que pueda tener, le serán inútiles si el pueblo le odia. Y con la amonestación añade «una receta sencilla» para evitar este odio: abstenerse de las propiedades y de las mujeres de sus ciudadanos y de sus súbditos. 
 
Comenta el autor que príncipes que han hecho grandes cosas, terminan violando su palabra e imponiéndose a los hombres y por ello propone, siempre con miras a conservar el poder, privilegiar, antes del ser, el apare-ser, porque el político tiene que ser, al mismo tiempo hombre y bestia, puesto que su humanidad no le basta y para mantener el poder, debe usar la bestia que hay en él. 
 
Esta idea, concluyó Pérez Pirela, fue desarrollada posteriormente desde otro ángulo por el filósofo Thomas Hobbes, quien definiera al Hombre no solo en términos negativos, sino como lobo, depredador de sí mismo. 
 
 
(LaIguana.TV)
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