En la edición 119 del programa Desde Donde Sea, que se transmite a través de las redes sociales, el filósofo y experto en comunicación política, Miguel Ángel Pérez Pirela, disertó algunos aspectos del libro “La Democracia en América” (1835), texto clásico del pensador, político, jurista e historiador francés Alexis de Tocqueville sobre la democracia en los Estados Unidos (EEUU), en el que el autor analiza los puntos fuertes y débiles de la nación norteamericana del siglo XIX.

En ese sentido, Pérez Pirela ahondó sobre el contexto en que transcurre la obra, específicamente en el momento en el que la aristocracia cae en Europa (a partir de 1789) y cuando en EEUU no existía un verdadero concepto de democracia. Es decir, se centra entre la aristocracia europea y nacimiento de la democracia en territorio estadounidense.

En la edición 119 del programa Desde Donde Sea, que se transmite a través de las redes sociales, el filósofo y experto en comunicación política, Miguel Ángel Pérez Pirela, disertó algunos aspectos del libro “La Democracia en América” (1835), texto clásico del pensador, político, jurista e historiador francés Alexis de Tocqueville sobre la democracia en los Estados Unidos (EEUU), en el que el autor analiza los puntos fuertes y débiles de la nación norteamericana del siglo XIX.

En ese sentido, Pérez Pirela ahondó sobre el contexto en que transcurre la obra, específicamente en el momento en el que la aristocracia cae en Europa (a partir de 1789) y cuando en EEUU no existía un verdadero concepto de democracia. Es decir, se centra entre la aristocracia europea y nacimiento de la democracia en territorio estadounidense.

Así las cosas, Pérez Pírela sostuvo que el autor en un primer momento estudió las instituciones de EEUU y cómo estas podían o no salvaguardar la libertad de los individuos. El segundo momento, recalcó, se centra en el estudio del espíritu de los estadounidenses, del hombre moderno y en la búsqueda de igualdad por parte de los individuos.

“Él expresa que para el siglo XIX ya se da una especie de revolución, como una cierta especie de revolución democrática que está recorriendo todo el mundo buscando, precisamente, más que la igualdad, la libertad”, subrayó Pérez Pirela, al tiempo que Tocqueville planteó que las sociedades aristocráticas están muertas, ya que están fundamentadas en un concepto de desigualdad, jerarquía, que oponía el poder absoluto la libertad de un individuo.

“Comienza entonces a morir el poder de uno o algunos para comenzar a nacer en una especie de revolución universal el poder todo”, recalcó el analista político sobre el texto.  Es decir, lo que aparecía como natural (el poder) ahora comienza a relativizarse y se habla de un poder colectivo y fundamentado en la democracia, que es el exacto término que Tocqueville le coloca al sistema en el que todos “nos igualamos”.

Apelando al conocido teórico, es entonces cuando comienzan a nacer los derechos de los individuos. Incluso plantea que quizás en un sistema aristocrático todo brilla más y es más lujoso, sin embargo, eso no determina que el sistema sea mejor o peor. “Seguramente en la democracia hay menos esplendor que en la aristocracia, pero también hay menos menos miseria. Quizás hay menos altura en el conomimiento en la democracia que en la aristocracia, pero hay menos ignorancia”, destacó el autor francés en su libro.

Tocqueville también plantea que la realidad de la democracia puede darse cuando las personas se dejan llevar por los instintos salvajes, es decir, una especie de sistema en el cual los individuos crecen como niños sin padres. Al respecto, Pérez Pirela destacó: “La democracia es más peligrosa que la aristocracia. El gobierno en el cual todos decidimos es un gobierno más peligroso que un gobierno en el que uno solo decide”.

Asimismo, puntualizó sobre el peligro de la igualdad de todos los individuos (democracia contrapelo a la aristocracia): “Que los individuos en la democracia prefieren ser iguales entre ellos aunque esta igualdad para abajo. Es decir, el individuo en la democracia prefiere ser igual, a ser libre. Y paradójicamente la igualdad democrática que se opone a la pirámide aristocrática, termina lentamente ahogando a la libertad”, acotó.

Es así como Pérez Pirela trae a colación la contraposición que Tocqueville plantea de la igualdad sobre la libertad, ya que asegura que la libertad es el veneno de la extrema igualdad. “Si nosotros llegamos a ser absolutamente iguales, al mismo tiempo llegamos a ser menos libres”, apuntó el también el director de LaIguana.TV sobre esta premisa del historiador francés.

Incluso Tocqueville esboza en “La Democracia en América”, que los males más recurrentes de la igualdad terminan matando la independencia del individuo. “La libertad era para el autor esencialmente libre arbitrio (…) La libertad es la escogencia de la persona humana, en su poder moral, en su propio destino. La libertad para el individuo es su deber y su derecho de cuidarse así mismo directamente, sin dejarle a nadie, sobre todo al Estado, la posibilidad de proteger, crear o de fundamentar la sacrosanta libertad”, narró.

Referenciando la postura de Tocqueville, de que la igualdad trae consecuencias naturales negativas, y que esta es una pasión poderosa, aun más que la libertad, Pérez Pirela expuso el peligro que representa para el autor “la tiranía de la mayoría”, es decir, una acepción basada en el siglo XIX y de las primeras formas de Estado democrático.

“De allí nace lo que él plantea como individualismo. Él dice que en los siglos igualitarios cada hombre busca sus propias ideas, opiniones, creencias, no en Dios, en la iglesia, sino en sí mismo. Pero si todos los hombres iguales en una democracia buscan la verdad en sí mismo, entonces se trata de un sistema individualista. La paradoja que plantea Tocqueville es que nosotros podríamos decir que el individualismo nace en sociedades no iguales. No, él dice todo lo contrario, si imponemos la igualdad estamos imponiendo también el germen del individualismo”, asestó.

Asimismo, el autor francés habla en su libro del “despotismo suave”, una especie de dominación intelectual que va a atacar directamente el alma de las personas, pues sostiene que en el futuro a los hombres ya no se les iba a torturar físicamente en una plaza pública sino en los “pequeños placeres”.

“Todos vamos a ser iguales en la democracia, pero en esta democracia como todos somos iguales las instituciones te van a decir: enciérrate en tus placeres que nosotros pensamos por ti”, reflexionó, al tiempo que se cuestionó si verdaderamente existe el poder en manos de todos.

De la igualdad, entonces, nace una enfermedad que Tocqueville dice que será la enfermedad de los países democráticos en el futuro: la anarquía. “Cuando los hombres se aíslan, se encierran en sus pequeños y vulgares placeres, los individuos se vuelven entonces incapaces de influenciarse los unos a los otros y son secuestrados por el poder. Si por casualidad el poder falta, en vez de unirse a sus similares, terminan separándose y nace el desorden y la anarquía. La igualdad da paso a la anarquía y la anarquía da paso a la servitud”, leyó el analista político.  

En ese sentido, Pérez Pirela reflexionó sobre estos planteamientos del autor, en específico sobre los métodos de tortura del futuro en nombre de la democracia. “Te van a encerrar en tu pantalla, en tu restaurante, en tu familia, en tus pequeños ocios, y te van a torturar ya no físicamente, sino espiritualmente. Una plácida tortura, te van decir que la única forma de que tú seas algo es que tengas ‘me gusta’ en  Facebook o en Instagram. Te van a decir que la única forma de que tú existas es que puedas entregarte a tus placeres”, sentenció.

El despotismo que vendrá mañana (ahora), según el autor, será más suave, más dulce y degradará a los hombres sin atormentarlos. En ese sentido, Pérez Pirela hizo una traducción textual de esa parte del libro: “Veo una masa de muchos hombres símiles e iguales que incesantemente se esconden sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres de los cuales llenar sus almas. Cada uno de ellos en la democracia se hace extraño al destino de todos los otros y sus hijos y sus amigos personales forman para ello toda la raza humana. Por encima de ellos se eleva un poder inmenso y tutelar que por sí solo se encarga de asegurarles a ellos placeres y de cuidarles su suerte. Y terminan diciendo que las democracias donde todos somos iguales, terminamos dándole el poder central al Estado que nos garantiza nuestros pequeños y vulgares placeres y que, al fin y al cabo, nos termina quitando la fatiga y la pena de vivir”.

En consecuencia, Tocqueville insiste en que la única manera de luchar contra esa absoluta “igualdad” es precisamente la libertad política. “El autor dice que la única forma es la creación de instituciones libres, participativas, que logren ir más allá del encerramiento del individualismo. Habla de que el seguro de vida para las democracias futuras es el empoderamiento del territorio a través de pequeñas asociaciones  por todas partes. Él dice: es lo que estoy viendo en EEUU en 1835, que por todas partes se lucha contra un poder central contra organizaciones locales. Un territorio empoderado que se opone a un poder central”, concluyó.  

(LaIguana.TV)

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