No es que ‘The Hateful Eight’ (Quentin Tarantino, 2015) sea una mala película, pero en la filmografía del director seguramente quedará para siempre en un segundo plano. El mismo puesto que ocupará en la vastísima colección de Ennio Morricone, el genio fallecido este lunes que creó algunas de las mejores bandas sonoras que se recuerdan antes de la caída del Telón de Acero, pero al que Hollywood solo reconoció con un Oscar al año siguiente por ponerle música a esa cinta. Afiliado confeso al Partido Comunista Italiano, su alineamiento político frenó su reconocimiento en la industria del cine, a pesar de ser, junto a John Williams, Hans Zimmer o Philip Glass, uno de los mejores compositores de bandas sonoras de la historia.

Es cierto que, en 2006, Morricone había recibido un Oscar honorífico a toda su carrera, que es la forma diplomática que suele aplicar Hollywood cuando alguno de los miembros más notables del cine amenaza con jubilarse sin un solo premio en su estantería. El problema es que, si bien el compositor italiano siguió componiendo muchos años más -se retiró a principios de 2019-, la mayoría de sus mejores obras datan de antes de los 90, cuando en EEUU ser miembro de algún partido comunista suponía una lacra social -y laboral- importante.

Y eso que, para cuando cayó el Muro de Berlín, todo EEUU conocía perfectamente a Morricone. Tras dar sus primeros pasos en los años 50 como compositor fantasma -una expresión análoga a la de ‘negro’ en la literatura: que crea bandas sonoras atribuidas a compositores más prestigiosos-, comenzó a trabajar en Hollywood en los años 60 en los ‘spaguetti western’ de la época gracias, en parte, a su amistad con gente como Sergio Leone, compañero de pupitre en la escuela. Sus inconfundibles silbidos y las quejas de su trompeta ya son parte de la historia: en esos años, puso música a ‘Por un puñado de dólares’ (1964), ‘El bueno, el feo y el malo’ (1966) o ‘¡Agáchate, maldito!’ (1971).

Los dorados años 80

En los años 80, Morricone alcanzó el olimpo de las bandas sonoras. Había recibido su primera nominación al Oscar en 1978 por ‘Días de gloria’, un drama romántico protagonizado por Richard Gere y Brooke Adams que, sin embargo, solo sirvió para consagrar a Terrence Malick como uno de los mejores directores de cine independiente. En 1984, Hollywood le consideró de nuevo por la banda sonora de ‘Érase una vez en América’, para muchos la mejor música para una película creada en la historia y en la que explora el oboe como el instrumento principal -un sello de sus futuras creaciones-. Paradójicamente, no obtuvo el Oscar porque la Academia descalificó a la película al no ver el nombre de Morricone en los créditos finales de la obra.

Para ‘La Misión’ (1986, Roland Joffé), Morricone volvió a recurrir al oboe para crear una de las bandas sonoras más bellas de todos los tiempos, capaz de acompañar el proceso transformador de su protagonista, un cazador furtivo de indios, el capitán Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), que termina formando parte de una misión católica en el Amazonas. La cinta, muy polémica en su día, ganó solo el premio a la mejor fotografía, dejando a Morricone sin reconocimiento por tercera vez. Tampoco lo consiguió con el frenesí rítmico de ‘Los intocables de Eliott Ness’ (1987) ni con otra de gángsters, ‘Bugsy’ (1991).

Tendría una última oportunidad de conseguir el Oscar en el año 2000, cuando compuso la banda sonora de ‘Malèna’, un drama amoroso ubicado en Italia durante la Segunda Guerra Mundial y protagonizada por Monica Bellucci y Giuseppe Sulfaro. Tampoco hubo suerte -en parte, por la mala acogida de la crítica en Europa de la película- y porque, a lo largo de su carrera, Morricone nunca consiguió convencer a Hollywood con producciones italianas. Ni siquiera con obras inmortales como ‘Cinema Paradiso’, que en 1989 había ganado el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, pero cuya excelsa banda sonora, pasó inadvertida para la Academia.

(La Información)

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