La visita del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador a Estados Unidos luce, en un primer momento, como un triunfo diplomático, pues el mundo pudo ver a un Donald Trump domesticado, elogiando al mismo pueblo mexicano al que tanto ha agraviado. Sin embargo, en términos pragmáticos, la firma del Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos-Canadá (P-MEC), tiene las características de una nueva cesión de soberanía económica, perjudicial para el país azteca.

El filósofo y comunicador Miguel Ángel Pérez Pirela analizó, en su programa Desde donde sea, la cumbre AMLO-Trump, uno de los grandes hechos internacionales de la semana.

Comenzó diciendo que la decisión de asistir a Washington fue polémica,  porque significó reunirse con un presidente que bien podría estar al final de su mandato, arrastrado, empujado hacia una derrota electoral, moribundo políticamente, pues su adversario, Joe Biden, le saca un promedio de 12 puntos en todas las encuestas. Además, la reunión se da con EEUU como epicentro de una pandemia no experimentada en 100 años; con protestas raciales a lo largo y ancho del país y con un nivel de desempleo que aruña los 50 millones de personas. El cuadro de conflictos de Trump se completa con nuevas sanciones a China y la salida del país de  la Organización Mundial de la Salud en medio de la crisis sanitaria.

«En cambio, a López Obrador no le está yendo tan mal, ha logrado mantener ciertos equilibrios, no necesitaba  en este momento esa reunión. Pese a ello, decidió irse para la Casa  Blanca, corriendo riesgos personales porque lo hizo en vuelo comercial y a sabiendas de que México y EEUU están entre los diez países con más casos de Covid-19».

Ironizando mediante referencias a los tipos de amor de los antiguos griegos (eros, philia y ágape), trató de estimar qué tipo de relación tienen AMLO y Trump, quienes se han declarado mutuamente su amistad. «No creo que sea una amistad erótica, en el sentido  de la antigua Grecia; tampoco parece una amistad del tipo philia, es  decir, de fraternidad, porque Trump es supremacista blanco y López Obrador, un mestizo latinoamericano. Tampoco parece un amor de ágape, que es de las ideas, porque ideológicamente cada uno tiene una visión diferente. López Obrador es de izquierda, progresista, de gobiernos populares. Y Trump es un  nacionalista enfermizo, supremacista y de ultraderecha».

Observó que tampoco en el nivel de ilustración haya mucho en común porque AMLO es un hombre culto, y su señora esposa, doctora en sociología, tiene un alto nivel académico. «No tienen nada que ver con la ignorancia supina y becerra de Donald Trump», expresó.

Una participante opinó que se trata de «amigos estratégicos», y el moderador añadió que, ciertamente, en política, amigo es el ratón del queso y es normal que se aplique aquello de que «el amor y el interés se fueron al campo un día y más pudo el interés que el amor que le tenía».

Especuló acerca del provecho que cada uno puede obtener del encuentro. «Trump quiere limpiarse la cara a como dé lugar en medio de clima crispado por lo racial, que se refiere a los afrodescendientes, pero también es contra esos a los que ellos llaman hispanos, es decir lo suramericanos, latinoamericanos, los del río Grande hasta la Patagonia. No es que haya dejado de ser racista, sino que hay elecciones. Cuando hay elecciones, político no es gente… son capaces de alquilar, regalar o vender a su propia madre, al menos los políticos con p minúscula. Utiliza a López Obrador como pañito para limpiarse la cara porque en EEUU hay 36 millones de mexicanos».

En cuanto a los posibles beneficios de AMLO, dijo que, según la interpretación de mayameros como Jaime Bayly, el mandatario mexicano domesticó a esa bestia salvaje que es Trump. «Lo vimos en la Casa Blanca. Estaba suavecito, parecía una seda –expresó Pérez Pirela-. Hace exactamente una campaña electoral, cuando no era el prepotente presidente de EEUU, sino un provocador y humilde candidato, dijo en la torre Trump que los mexicanos eran unos violadores, matones, delincuentes, todo lo que se quieran imaginar. Busquen un diccionario y ábranlo en cómo mentarle la madre a alguien y allí encontrarán todos los epítetos que usó Trump contra los mexicanos. En ese momento necesitaba los votos blancos racistas de la clase media y la clase popular trabajadora blanca, también muy racista. Antes de las elecciones, eran violadores, ahora en cambio, cuando busca el segundo mandato, son empresarios, trabajadores, gente de familia, negociadores. Por eso insisto: candidato no es gente».

De acuerdo a la interpretación de Pérez Pirela, el objetivo de AMLO es económico. Sabe que el primer aliado comercial de EEUU es México, no es ni la Unión Europea ni China. «López Obrador sabe que a México, por efecto de la pandemia, se le viene encima una debacle económica, como a todos los países.  En su encuentro con Trump buscaba, primero que dijera lo que dijo en la Casa Blanca. Ese fue un triunfo diplomático e identitario. Pero, en segundo lugar, busca un refrescamiento de la economía mexicana a través del tratado de libre comercio que fue a firmar».

Precisó que no se trata de un acuerdo bilateral, sino que incluye a Canadá, es decir, es de los países norteamericanos. «El mandatario canadiense, Justin Trudeau, debía estar en esa reunión, pero de forma elegante y bucólica, le dijo a Trump que no iría, tal vez por el Covid-19 o tal vez porque no quiere nada con Trump, que es un maltratador de presidentes, en especial si son jóvenes como Trudeau o Emmanuel Macron. Ya veremos si con ese tratado se impulsa algo en México o si EEUU terminará comiéndose a México».

Otro gran logro de AMLO, según este punto de vista, fue el silencio de Trump sobre el muro fronterizo. «Una de las grandes promesas de Trump en la campaña anterior era construir el muro con dinero de México. En el encuentro no dijo ni pío sobre esto».

Citó declaraciones de AMLO en las que reivindicó la nueva actitud de Trump:

«Durante mi mandato, en vez de agravios hacia mi persona y, más importante, hacia mi país, hemos recibido de usted comprensión y respeto. Algunos pensaban que nuestras diferencias ideológicas habrían de llevaros al enfrentamiento, afortunadamente ese mal augurio no se cumplió y considero que hacia el futuro no habrá motivos ni necesidad de romper nuestras buenas relaciones políticas».

Advirtió el moderador  que esta historia de amistad se podría acabar en cuatro meses, de perder Trump las elecciones. Por cierto, al comentar la cumbre, Biden le recordó a Trump que había llamado violadores a los mexicanos. «No arremetió contra López Obrador, sino contra su adversario. Dejó abierta una puerta, pero otras figuras del Partido Demócrata, de Obama para abajo, no vieron bien ese encuentro. Lo mismo que varios periódicos estadounidenses que están en contra de Trump. Por ejemplo,  en la portada de The New York Times ni por equivocación, ni por error de tipeo apareció López Obrador ni la palabra México. Escondieron el tema de la visita para no echarle ‘una ayudaíta’ a Trump. Es el primer viaje oficial de López Obrador en casi dos años, es a la Casa Blanca, en medio de una pandemia, y el NYT no lo pone en portada. A eso llaman ellos democracia».

Apuntó que lo mismo pasó en México. La oposición mediática a AMLO, que tiene que ver con el bipartidismo mexicano, también pasó el tema por debajo de la mesa. «Vamos a esperar a su rueda de prensa semanal a ver qué dice López Obrador sobre lo que pasó. Lo último que se supo es que estaba en Miami esperando vuelo comercial para ir a Ciudad de México. Allá dijo que estaba contento y que todo había salido bien».

¿Qué se firmó?

El programa prosiguió con el análisis del documento suscrito por ambos presidentes, cuya versión inicial  había sido aprobada previamente, en 2018, por el antecesor de AMLO, Enrique Peña Nieto, Donald Trump y Justin Trudeau en Buenos Aires durante una cumbre del G-20.

Trump había amenazado con retirarse del acuerdo trilateral vigente, el llamado TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), si no se renegociaban sus términos. El nuevo tratado garantiza mayor acceso a los productos lácteos de Canadá por EEUU e incentivaría un incremento en la producción de automóviles y camiones, además de aumentar regulaciones medioambientales y laborales.

«Claro está que Trudeau no se iba a lanzar en esas aguas turbias en las que se lanzó López Obrador al reunirse con Trump en las actuales circunstancias. Prefiere esperar cuatro meses a ver qué pasa en EEUU».

Presentó un extracto de la declaración conjunta emitida en el acto de suscripción del T-MEC:

“México se convirtió en el mayor socio comercial de los Estados Unidos por primera vez en 2019. Todos los días, mercancías con valor de 1.6 mil millones de dólares cruzan nuestra frontera, apoyando directamente a empresas, empleos y trabajadores mexicanos y estadounidenses. El T-MEC es el instrumento idóneo para proporcionar certeza económica y mayor confianza a nuestros países, lo que será fundamental para la recuperación que ya ha comenzado en nuestras dos naciones. El T-MEC reafirma nuestro entendimiento compartido de que América del Norte es una región que crea prosperidad para todos sus ciudadanos. También es un acuerdo que fortalece nuestra cooperación en la lucha contra la corrupción a través de las más firmes disciplinas contra la corrupción en el comercio internacional de cualquier acuerdo internacional. El T-MEC marca el inicio de una nueva era que beneficiará a los trabajadores, agricultores, ingenieros y empresarios de ambos países, que son la columna vertebral de nuestras economías integradas”.

Pérez Pirela acotó que los tratados de libre comercio, cuando son explicados por sus promotores son la séptima, la octava, la novena o la décima maravilla del mundo, pero detrás de estas palabras bonitas hay duras negociaciones de lado y lado. Para ofrecer una visión crítica, leyó partes de un artículo de Arturo Huerta González, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien señala:

“Los tratados de libre comercio que EEUU impulsa en América Latina imponen reglas de juego a su favor, pues le permiten aumentar su presencia en el área y expandir su mercado. En tanto, los países latinoamericanos tienen poco poder de negociación y terminan aceptando las condiciones que les imponen, tales como la apertura comercial generalizada, bajos aranceles y crecientes concesiones a EEUU con la creencia de que ello le permitirá promover la entrada de capitales y así tener condiciones de inversión y crecimiento en su país”.

El presentador de Desde donde sea hizo una pausa en la lectura para señalar que «si me lo preguntan a mí, digo que es todo lo contrario, que los tratados de libre comercio hacen de nuestros países mercados para productos manufacturados y fuentes de materias primas baratas con las que se hacen esos productos».

Surge entonces con naturalidad la pregunta de por qué AMLO firma un tratado como ese.  El filósofo y comunicador esbozó una respuesta: «Porque su línea se parece a la de Pepe Mujica: simpática, conciliadora, negociadora con EEUU, partiendo de la premisa de que los intereses del país son más importantes que cualquier otra cosa y hay que reunirse hasta con el diablo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en el caso de Uruguay eso no sirvió de nada porque el Frente Amplio terminó perdiendo las elecciones e imponiéndose un gobierno neoliberal con el apoyo de EEUU».

Prosiguió La lectura del artículo de Huerta González:

“En estos tratados comerciales no se introducen medidas compensatorias que enmienden los diferenciales de productividad y competitividad. Tampoco se incorpora el movimiento de mano de obra entre los países firmantes ni las cuestiones laborales y ambientales, que terminan actuando en detrimento de los latinoamericanos. Los gobiernos de América Latina no pueden condicionar la presencia de la inversión extranjera directa. Además, no pueden producir los bienes que el país requiere sino que es decisión de las trasnacionales ubicarse en los sectores de su interés. Los países latinoamericanos no tienen condiciones productivas y financieras para salir exitosos y por eso se desindustrializan, van incrementando el desempleo y la integración con EEUU y, en consecuencia, se profundiza el subdesarrollo y su vulnerabilidad. Los tratados restringen la función de regulación y promoción del Estado en la economía. EEUU impone reglas, leyes, políticas, anulando el poder de los gobiernos latinoamericanos. EEUU no otorga derechos especiales a los países latinoamericanos”.

Luego de estas consideraciones, Pérez Pirela se preguntó si la firma de este tratado puede considerarse una  buena noticia para México. «Para mí, al fin y al cabo, no sé si haya algo más que la imposición malcriada, la imposición de voluntad de potencia, de mandar al gran carajo a sus opositores y a los medios por parte se López Obrador. Tal vez quiso colocar una impronta simbólica a la política exterior de México».

Dijo que en la fastuosa cena en la Casa Blanca se comió róbalo con zanahorias jóvenes, previa entrada de antipasto. «Los más ricos empresarios mexicanos, entre ellos uno de los más ricos del mundo, Carlos Slim, estaban allí, poniendo evidencia como los políticos ceden espacio al poder fáctico y omnisciente de la plata», puntualizó.

Para tener una visión adicional del encuentro, citó lo que dijo el analista Alfredo Jalife antes de que la reunión se llevara a cabo:

“A mi humilde entender lo más relevante de la transcendental visita del presidente @Lopezobrador en su entrevista en unas horas en la Casa Blanca será sopesar los alcances de ‘Rápido y Furioso’. Será un ‘win-win’ para ambos: la cabeza judicial del narcotraficante global @FelipeCalderon y las explosivas revelaciones sobre el Obamagate. Lo demás es puro show y folclore. Ya está más que planchado desde hace mucho… La vara de ‘Rápido y Furioso’ medirá si la visita de AMLO fue un éxito o un fracaso. Mis fuentes invaluables en Washington me comentan que estoy en la hipótesis correcta… Como diría Santo Tomás: ver para creer».

Otros analistas mexicanos plantean que hay que esperar tres o cuatro días. Vamos a seguir el consejo para ver qué dicen en ese lapso los analistas y las encuestas.

Mostró también lo dicho por el periodista Jaime Bayly:

«Amigos no son. Decir que lo son de verdad es malbaratar o envilecer el concepto de amistad. Tampoco son socios. Tampoco es verdad que confían y se respetan mutuamente, pero han encontrado una manera de entenderse, de cohabitar. Eso ya es bastante bueno. Trump antes llamaba matones a los mexicanos… Esta vez, exaltó el trabajo de los inmigrantes. ¡Cómo ha cambiado! Qué morro tiene Trump cuando dice que está salvando vidas en México, de hecho creo que no las está salvando aquí. Es increíble cuando se le sube el ego, se le inflama la vanidad, es como un suflé».

Pérez Pirela destacó que la actitud crítica se Bayly hacia Trump puede considerarse un síntoma de la debacle de este, pues hasta hace poco el periodista de origen peruano era un partidario ferviente del mandatario ultraderechista y ahora parece inclinarse a favor de los demócratas.

Relaciones conflictivas

En el tramo final de su análisis, consignó algunos antecedentes de las relaciones entre EEUU y México, signadas por el despojo y los tratados leoninos.

Señaló que México es un importante reservorio de petróleo y es por ello que EEUU siempre  ha querido balcanizarlo y robarlo por pedazos. La relación binacional ha sido catalogada de alianza, pero no es más que un contrato a traición desde la invasión estadounidense a Veracruz en 1914.

Refirió que  en los años 70, el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU expresaba que no deseaba otro Japón al sur de EEUU. Esto explica por qué la política de las transnacionales ha sido de una nula transferencia de tecnología hacia México. Este rezago en el desarrollo ha facilitado la deriva de la economía mexicana hacia la actividad ilegal del narcotráfico.

Mencionó también las guerras y ataques de EEUU contra México desde 1836, con la independencia de Texas, anexada luego en 1845 por EEUU.

El principal conflicto fue la guerra que se desarrolló entre 1846 y 1848, y que implicó para México la pérdida de 2,4 millones de kilómetros cuadrados.

En 1916 se produjo la llamada Expedición Punitiva contra Pancho Villa, otra incursión militar estadounidense en territorio azteca.

«Tal vez por eso fue que López Obrador utilizó una expresión  fortísima allí en la Casa Blanca, cuando dijo que agradecía a Trump por no haber tratado como colonia a México. Y, por cierto, en ese momento Trump miró a otro lado», comentó.

En cuanto a atropellos cometidos en  tiempos más recientes, recordó que fue el mismo Trump quien dijo, en campaña electoral que «cuando México envía a su gente, no envía lo mejor de sí, son violadores, gente con problemas y algunos supongo, son buenas personas”. Apenas llegó  al poder, Trump ordenó tomar la frontera con 4 mil hombres de la Guardia Nacional, en un nuevo acto de hostilidad.

«Bueno, no es que otros presidentes hayan sido mejores, porque hasta el afrodescendiente Barack Obama había hecho lo mismo», precisó.

Recordó un  fragmento del discurso de AMLO tras ser electo presidente en el que dijo que establecería dos principios con EEUU: salvaguardar el interés nacional y la soberanía de los mexicanos; pero a la vez mantener una visión constructiva de la relación bilateral. «Creo que en este caso  ha tratado de honrar estos dos principios fundamentales. Esta visita no sé si salvaguarda un interés nacional, no sé si protege la soberanía, pero sí ayuda a la dignidad de los mexicanos en México y en EEUU. ¿Se pueden conciliar los dos puntos? Lo veremos».

Antes de finalizar el programa, reportó la situación de salud del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, y del gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, que dieron positivo en pruebas de Covid-19. Expresó sus mejores deseos por la pronta recuperación de ambos y de todas las personas que han contraído esta enfermedad. Reiteró su llamado a todos y todas a extremar los cuidados para prevenir el contagio.

Libro

La recomendación bibliográfica de la noche fue la clásica novela María, del narrador colombiano Jorge Isaacs.

(LaIguana.TV)

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