La petrolera venezolana atraviesa una crisis solo comparable al sabotaje de 2002 y 2003. Aunque PDVSA por su estructura organizativa está hecha para satisfacer sus requerimientos científicos, técnicos y tecnológicos a través de contratistas, la petrolera tiene entre sus filiales a Intevep para la investigación y el diseño de tecnología propia.

La tendencia a importar tecnología afecta a la industria petrolera y con mucha más intensidad en un contexto como el bloqueo económico y financiero impuesto por Estados Unidos contra la nación bolivariana.

Es ahora, cuando la creación que concentra PDVSA, a través de los trabajadores, científicos, técnicos, tecnólogos populares, toma protagonismo.

A pesar de que, en muchas ocasiones, sus ideas han sido robadas por transnacionales y patentadas fuera del país, ignoradas o mal entendidas, los trabajadores persisten en su creación e insisten en que en sus manos está todo lo necesario para ser independiente, en materia de creación científica tecnológica, a la industria petrolera.

Tres trabajadores petroleros le relatan a Sputnik cómo las grandes soluciones para la estatal petrolera venezolana se encuentran más cerca de lo que usualmente se piensa.

«Estamos en la capacidad de realizar y asumir cualquier reto»

Alfredo Sotillo, como cientos de trabajadores de PDVSA, creció ligado a los campos petroleros. Sus familiares trabajaron en la industria y él asumió la decisión de continuar su legado. Primero, como trabajador en cementación de pozos hasta alcanzar el rango de supervisor mayor, en la división Ayacucho. Lo comenta con satisfacción: «En el taller de bombas es donde nacen todos los proyectos, inclusive el Arturito«.

Sotillo se refiere a un cabezal de extracción de crudo y agua de acople directo. Con una vida útil de cuatro a cinco años de trabajo continuo, que no necesita detener la producción petrolera para su mantenimiento. Sotillo afirma con orgullo que este equipo solo necesita dos mantenimientos cada dos años y medio, y apenas 2,5 litros para su funcionamiento. «A diferencia de los equipos importados que solo tienen una durabilidad de seis a siete meses», apunta.

Cada cabezal Arturito, le ahorra a PDVSA la cantidad de aproximadamente 100.000 dólares, explica Sotillo.

El trabajador petrolero comenta que desde hace aproximadamente 16 años se han venido realizando mejoras en equipos petroleros en la faja, como cabezales, bombas BCP, bombas reciprocantes. Sin embargo, innovaciones como el cabezal arturito, que se ha convertido en punta de lanza de muchos proyectos, ha sido obstaculizado dentro de la industria.

«No nos hemos rendido, este cabezal se logró instalar en la división Ayacucho y en la división Junín, en el área de Melones, Bare, Junín Sur, dando como resultado un ahorro significativo. Otra ventaja del cabezal rotatorio Arturito es que también extrae agua. Fue colocado en la población de San Diego de Cabrutica y fue un éxito total, logrando llenar un tanque elevado a 35 metros de altura con una capacidad de almacenaje de 35.000 litros, que fue llenado en 12 horas, lo cual lo hace de igual manera electrosumergible, con la ventaja de que el cabezal dura en agua siete años aproximadamente y el electro sumergible máximo un año. Pero lamentablemente, fue saboteado, siendo colocado en otro pozo en la población de la comunidad del manguito del municipio Monagas, donde ya tiene seis años en funcionamiento», relata Sotillo.

Sotillo considera que «los venezolanos estamos en la capacidad de realizar y asumir cualquier reto«. Y todo ello, a pesar de que «le han hecho creer a muchos buenos creadores, científicos e innovadores, que no estamos capacitados para crear nada, porque lo que hacemos para el mundo no sirve, cuando es todo lo contrario. Es la gran mentira de las grandes empresas de tecnologías en el mundo, que ha hecho que muchos renuncien a sus dones creativos», concluye.

«A las transnacionales no les tiembla la mano para sobornar»

Egresado como ingeniero petrolero de la universidad estadounidense Baton Rouge, en el estado de Luisiana, Antolín Rivera se adelanta a las preguntas iniciales. «En 1980, en Venezuela, era más económico estudiar en EEUU que en la Universidad Metropolitana. En esa época no había cupo en las universidades, creo que como parte del plan de dependencia tecnológica», responde con soltura.

 

Le ha dedicado 30 años de su vida a la industria petrolera venezolana, lo que le permite hacer un recuento por grandes hitos de innovación tecnológica dentro de PDVSA, «sobre todo en la industria metalmecánica que logró su auge en 1995. Allí se fabricaron equipos clase mundial como la primera torre de destilación de más de 80 metros de alto en una sola pieza, además de otras cinco torres más pequeñas, para el proyecto de Olefinas en El Tablazo para Pequiven», explica.

El proceso de apertura petrolera iniciado en los 90, por los gobiernos venezolanos que precedieron a Hugo Chávez, a juicio de Rivera, iniciaron un franco proceso de desindustrialización, que ha venido acompañado por el desinterés hacia las iniciativas de innovación. No obstante, no es el único.

Intevep —filial de investigación y desarrollo de PDVSA— posee más de 2.000 patentes en procesos de refinación, pero han sido engavetados. Solo en conversión profunda en El Palito y Puerto La Cruz, se intentaron y se han retrasado tecnologías propias que compiten con los mejoradores de crudo que se basan en tecnologías foráneas y que además, cuadruplican el costo de la planta de Conversión Profunda HDH+».

Desde el punto de vista de Rivera, para que la industria pueda despegar, requiere que comience a empoderarse de los «medios de producción». Dejar de exportar materia prima y productos terminados, serían las principales medidas.

«Contamos con la energía más barata del mundo y solo basta en entender qué componente, en la estructura de costo de un producto terminado especialmente los metalmecánicos, pesa la energía para su transformación o fabricación. Mientras tengamos personas en cargos de decisión que no entiendan que se puede y se ha hecho, seguiremos dependiendo de otras partes. Tenemos un gran parque refinador que refina casi toda la cadena de valor en refinación, pero a quién ponen a tomar decisiones. Es de entender que a las transnacionales no les tiembla el pulso para sobornar, timar y/o engañar», reflexiona.

 

La palanca del cambio es la organización

Ingeniero graduado en la Universidad Simón Bolívar, Jhonny Hidalgo, tuvo la oportunidad de escuchar a Chávez, cuando este fue durante su primera campaña presidencial hasta el auditorio de dicha casa de estudios.

«Un día de 1998, la mayoría de los candidatos presidenciales de entonces se presentaron en la universidad. Recuerdo que Luis Alfaro Ucero suspendió su discurso porque estornudó y se volaron los papeles que tenía, ya no sabía qué decir, pidió disculpas y se fue. Los demás hablaron más de lo mismo. Cuando le tocó hablar al comandante Chávez, la mayoría de los presentes en el auditorio lo recibieron abucheándolo, pero, después de haberlo escuchado, en una universidad a punto de ser privatizada, lo despidieron con una ovación. Me convencí de que era necesario estudiar y llevar a nuestras profesiones al máximo nivel», recuerda.

Hidalgo es un ingeniero atípico, pues constantemente cruza sus reflexiones sobre la industria con la historia y las lógicas administrativas que han gobernado al Estado venezolano. Cree que es en las ideas, es dónde hay que centrarse, pues estas «no determinan la capacidad creadora del venezolano, pero sí determinaron las políticas de Estados que imperaron en el siglo XX».

«El Estado fue diseñado para evitar o limitar el desarrollo de tecnología autóctona. Es por ello que nuestros centros de investigación, más preocupados por el prestigio que por el desarrollo nacional, buscaban alianzas con instituciones extranjeras para desarrollar tecnologías requeridas por otros países y no por el nuestro. Entre tanto, nuestro pueblo se las ingeniaba para resolver sus problemas concretos de salud, transporte, alimentación, vivienda, etc», puntualiza.

Hidalgo cree que entender a fondo las organizaciones y sus procesos, ya es la mitad de la solución: «La capacidad para crear, desarrollar o implementar tecnología depende de la organización. En ese ámbito he encontrado un mundo muy subestimado, pero del cual depende todo. Poco se estudia y poco se comprende».

El ingeniero y trabajador petrolero apela a un ejemplo ilustrativo.

«Intevep, filial de PDVSA, realiza investigaciones científicas, pero no desarrolla tecnología, pues, siendo una filial, no puede dirigir el desarrollo tecnológico de otras filiales de PDVSA. Así por ejemplo, Intevep diseña tecnología diluyente para los crudos de la Faja, pero en la Faja se importa el diluyente. Es un problema estructural», señala.

Dichos problemas estructurales, a juicio de Hidalgo, pueden rastrearse en la desvalorización histórica del potencial creativo nacional.

 

«Hay muchos logros que están a la vista de todos, pero no nos damos cuenta porque nos han educado para valorar la tecnología importada, no la nacional. Siempre ha sido así. Recordemos que cuando Humboldt vino a Venezuela en el siglo XVIII, se encontró a Carlos del Pozo quien estaba construyendo máquinas eléctricas sin conocer las teorías que al respecto existían en Europa. Sin embargo, Carlos del Pozo es un desconocido para la mayoría de la gente», señaló.

Hidalgo toma por ejemplo el insuficiente desarrollo que ha tenido la industria petroquímica en Venezuela para terminar de esclarecer las dificultades que los venezolanos, pero por sobre todo las altas instancias de decisión de políticas públicas, deben superar.

«El mayor obstáculo ha sido creer que somos un país petrolero o un país rentista, por lo que usamos el petróleo como fuente de divisas y no como fuente de energía para desarrollar el potencial nacional. Tenemos un grave problema de percepción sobre lo que somos y sobre lo que queremos. Por otra parte, no cuestionamos la estructura del Estado y por esta razón no podemos incrementar su capacidad. En este sentido, mantener nacionalizada a la industria petrolera ha sido un acierto, pero es necesario incrementar la capacidad del Estado y para esto habría que instrumentar el poder a nivel popular [como lo pretendió Chávez con la propuesta de reforma del 2007] y eliminar la práctica del libre nombramiento y remoción en cargos públicos. Incrementando la capacidad del Estado, conseguiremos un mejor sistema educativo, de salud, de justicia y liberaríamos el potencial de la nación», finaliza.

(Sputniknews)

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