El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo había advertido. En cadena nacional alertó que el responsable de gestionar la agresión multidimensional contra el país suramericano, Elliott Abrams, financiaría «una campaña por todos los medios, radio, televisión, redes sociales, contra Venezuela y la Revolución Bolivariana».

Para avanzar en ese fin, Abrams utilizaría medios como AP (The Associated Press), Bloomberg, Euronews y, además, «un grupo de mercenarios en las redes sociales que tienen portales y cuentas para que estén todo el día con rumores y campañas», puntualizó Maduro. 

Las pruebas de que este ataque no solo se producirían sino que subirían su apuesta, al reclutar a personajes mediáticos de alcance mundial. 

El actor estadounidense Leonardo DiCaprio publicó en su cuenta de Instagram que los venezolanos atravesaban además de una crisis económica, una «crisis del agua». Citó al Observatorio Venezolano de Servicios Públicos y, utilizando fotografías de AP, escribió que el 86% de los venezolanos consideraba que el servicio de agua potable no era confiable.

 

Ya en enero de este año, DiCaprio había hablado de Venezuela. En dicha oportunidad posteó una fotografía de indígenas venezolanos, y posicionaba en la agenda mediática a la ONG Wataniba, quienes se promocionan como una organización socioambiental que, en palabras de DiCaprio, protege el bosque, cartografía y aborda las amenazas como la minería del oro. 

Sin embargo, también son proactivos operadores de la oposición venezolana, tal y como lo refleja la cuenta Twitter del director operativo de la organización, Luis Jesús Bello, quien hace especial énfasis en posicionar la idea del «oro de sangre venezolano» como una nueva estrategia para acusar de crímenes de lesa humanidad a la Administración de Nicolás Maduro.

 

​»Le falta calle para hablar de Venezuela»

No es la primera vez que un personaje de la llamada industria del entretenimiento señala negativamente a Venezuela en el actual contexto político. Sin embargo, esta vez, el acento lo hace una figura que es reconocida por su activismo ambiental. Un manto bastante propicio para enmascarar la dimensión geopolítica que sus «concientizadoras» publicaciones promueven.

Fidel Barbarito, director de la cátedra de culturas populares en la Universidad de las Artes de Venezuela, considera que el modelo civilizatorio de la modernidad se encuentra en decadencia y está siendo severamente juzgado en todo el planeta.

Por tanto, Barbarito opina que «la clase dominante al no tener una clase política eficiente, en momentos de crisis como este, apelan a sujetos como DiCaprio con los cuales refrescar las patrañas con las que esperan prolongar su propia agonía». 

«DiCaprio es el típico socialista burgués —utilizando una categoría de Christopher Caudwell—, que puede estar familiarizado con cierto pensamiento que logra criticar a la sociedad moderna de forma tan gradual, que a pesar de desear ciertos cambios, termina dando manotones en el vacío».

 

El catedrático reflexiona que el comportamiento de DiCaprio no es algo «nuevo» para el quehacer de esta clase de artistas, que se encuentran en una búsqueda desenfadada por «buscar recompensas que le permitan ganar el reconocimiento del mundo de «lo real».

Para DiCaprio, opina Barbarito, lo mismo «da recitar el guión de una película que dar declaraciones sobre los problemas del agua en el mundo o en el tercer mundo o en Venezuela. Ya sabemos que no se puede hablar de una realidad que no se conoce». Añade que a DiCaprio —y a los artistas de su tipo— «les falta calle para hablar de Venezuela, expresan generalidades que tienen más que ver con su deseo y autorrealización que con la lucha del pueblo venezolano. El instinto burgués le falla y su pensamiento aislado —en su libertad privada— lo pone en evidencia».

El problema es el modelo de desarrollo

El papel de DiCaprio es servir de mero resonador de una política mediática que lo trascienden. Si esto no fuese así, concentraría sus energías en hacer una severa revisión no del clima, sino del sistema económico y político que ha llevado al planeta al límite de sus capacidades. Promover, el cambio del modelo civilizatorio, no del clima, tal como el líder político venezolano Hugo Chávez lo dijo en la XV Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático realizada en Copenhagen, Dinamarca, en el año 2009. 

 

Juan José Peña, experto en Gestión Ambiental, se une al diálogo en Sputnik, para dar cuenta de esta crisis del agua en Venezuela posicionada por la agencia AP y Leonardo DiCaprio. 

«Cuando consultamos la forma en cómo las agencias de noticias como New York Times, Al Jazeera, BBC News y otras reseñan la situación del servicio de agua potable en Venezuela, notamos que sus redactores no la enmarcan en el contexto mundial».

Pareciera, dice, que Venezuela es el único país con este tipo de problemas, a pesar de que en el mundo hay más de 785 millones de personas sin acceso al agua potable, de que cada dos minutos un niño muere por enfermedades asociadas al consumo de agua, o de que las fuentes de agua dulce son cada vez más escasas y que las mayores reservas están en Sudamérica.»Nada de esto es noticia, pero pretenden captar la atención del público reseñando a Venezuela», expone Peña. 

El especialista ambiental expone que según los resultados del Censo nacional realizado en 2011, en Venezuela, alrededor del 85% de la población tiene acceso a las redes de distribución de agua potable, lo cual contradice la cifra dada por AP.

«El resto de la población se abastece mediante camiones cisterna, pilas públicas, pozos, manantiales, jagüeyes, ríos, lagos y otras fuentes naturales. Por otra parte, el Estado está obligado a proteger las fuentes de agua y disponerlas para el desarrollo humano, no para el enriquecimiento de empresarios como podría ocurrir en otros países. Por eso, acorde al artículo 304 de la Constitución de la República todas las aguas son bienes de dominio público de la nación«, puntualiza.

A juicio de Peña, el caso del acceso al agua potable en Venezuela se encuentra completamente vinculado al crecimiento de la pobreza a principios del siglo XX, como resultado del inicio de la explotación petrolera en el país. Un fenómeno que impuso sus propias lógicas de discriminación social.»En las áreas urbanas, las personas fueron desplazadas a terrenos verticales sin ningún tipo de planificación. En esos espacios se conformaron los llamados barrios. Allí las mismas personas improvisaron la instalación de todos los servicios públicos y en la medida en que se fueron consolidando, fueron penetrando las instituciones públicas y privadas, encargadas de la prestación de servicios públicos».

Esta situación, a juicio del especialista, provocó que además de la marginación de grandes masas poblacionales, se transformara por completo el ambiente natural de Caracas, donde se comenzó a valorar más «un edificio que un árbol». Nos brinda un dato poco conocido. 

«En Caracas, por ejemplo, fueron secadas varias lagunas cuando en la década de 1930 se pretendió la construcción del proyecto Nueva Caracas. En el proceso de urbanización de Caracas, se ocultaron las fuentes de agua, se embaularon ríos y otros se contaminaron al incorporarlos al sistema de drenajes, se secaron las lagunas Catia, Los Chorros y otras. Al mismo tiempo se instaló una industria que consume ingentes cantidades de agua; por eso, en el sector industrial de Los Ruices, ubicado al lado de la conocida barriada de Petare, coexisten las factorías de Coca Cola, Refrescos Hit y Cervecerías Polar», detalla Peña. 

Desde la perspectiva de Peña, declaraciones como las de AP y DiCaprio son medias verdades que buscan capitalizar un fenómeno que es real, pero que sin embargo se encuentra mal enfocado.»Entre la marginación de la población, la urbanización e industrialización impuestas por el mundo capitalista, se hace muy difícil garantizar el suministro de agua potable. Ningún país del mundo escapa de esta situación. No se puede ocultar que existen problemas de suministro de agua potable en las barriadas de las zonas urbanas de Venezuela, y que esto hace sufrir a mucha gente. Pero no se hallarán soluciones si solo se esgrimen deficiencias de gestión y se oculta la esencia del problema: el estilo de desarrollo», destaca. 

Aun cuando resalta que el Gobierno venezolano debe por todos los medios y sin excusas burocráticas «incrementar su capacidad para administrar y garantizar los servicios públicos», Peña señala que no es menos cierto que el pueblo venezolano «no desea que sus servicios, los más baratos del mundo, por cierto, sean privatizados. Esta forma de ser del venezolano y sus deseos contrastan con la forma que tienen las agencias internacionales de reseñar su realidad». 

(Sputniknews)

Comentarios Facebook