Samuel Moncada, embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la ONU, denunció este miércoles 19 de agosto que el Centro para Estudios Estratégicos Internacionales organizó en 2019 una reunión secreta para discutir un ataque militar EEUU-Colombia a Venezuela con participación de miembros de la oposición al Gobierno venezolano.

El contexto de la agresión estaría enmarcado en el caos que ocasionaría la pandemia en el país, de manera que «por razones humanitarias» habría que invadir a la nación bolivariana antes de las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos y con el apoyo de Colombia, Guyana y Brasil.

La crisis económica interna, el debilitado poder adquisitivo de la población trabajadora ante la especulación en el comercio de bienes y servicios, las dificultades que existen para el acceso a los alimentos y medicamentos en el interior del país, en especial en las zonas fronterizas, lucen como una debilidad que podría ser aprovechada por Washington. La resiliencia, en cambio, es el punto de apoyo del pueblo, que pese a cualquier conspiración crea y recrea su vida.

SEÑALES DE UNA AGRESIÓN

Señal uno: acorralar a Rusia

A través del mismo formato utilizado en Venezuela, el Pentágono y su brazo europeo armado, la OTAN, desarrollan una estrategia de desestabilización en Bielorrusia, utilizando el contexto de las recientes elecciones presidenciales. El objetivo es mantener a Rusia enfocado en ese lado del mapa planetario, sin que pueda desarrollar apoyo operativo en apoyo del país suramericano, ante una posible agresión. Los recientes hechos acaecidos en el Líbano, las permanentes provocaciones en Siria y el que Israel mantenga caliente la zona de Oriente Medio, empujan la estrategia a esa dirección. Un enfoque de manos atadas.

Señal dos: blackout informativo

Desde hace años se ha venido intensificando el cerco mediático contra Venezuela. Por un lado, los carteles corporativos de difusión a través de las operaciones psicológicas vía noticias falsas han atizado el malestar social en el país caribeño, pero también han mantenido el tema ‘Venezuela’, en la agenda de los países occidentales.

Sin embargo, ahora, se pretende evitar que se conozca la realidad del país y que todo lo que ocurra en los próximos días solo pueda ser visibilizado a través de las plataformas y canales que ellos elijan. Solo así se entiende el ataque exacerbado contra Telesur; el hecho de que Directv, principal plataforma de televisión satelital dejara de operar en el país y que recientemente retomara la operación en el país de la mano de otra compañía, eso sí, sin RT, ni HispanTV en su parrilla de programación.

También hay que agregarle el que Twitter haya bloqueado cuentas de seguidores del chavismo así como de altos representantes del Gobierno. Incluso Youtube se suma al bloqueo y cierra tres cuentas del Estado venezolano en su plataforma.

Señal 3: la oposición radical vuelve a activarse

Si algo sirve como potente cohesionador de los factores políticos que adversan al Gobierno bolivariano, es la proximidad de una agresión militar. El 19 de Agosto, Juan Guaidó reapareció ante la opinión pública para exponer lo que llama la ruta unitaria que busca:

1) «Denunciar, rechazar y desconocer el fraude parlamentario.

2) Convocar al país a expresar su verdadera voluntad a través de un mecanismo nacional e internacional de participación masiva ciudadana.

3) Activar una agenda de acción y movilización nacional e internacional para lograr la actuación necesaria de la fuerza armada, de la comunidad internacional y de cada uno de nuestros aliados».

Esto se traduce en: entorpecer la realización de las elecciones parlamentarias, organizar un plebiscito para avanzar en la conformación de un Gobierno de transición, y por supuesto, provocar disturbios violentos para que la comunidad internacional tenga su maidán caribeño y puedan activar sus ejércitos de ocupación.

Señal 4: el casus belli de Iván Duque

Colombia, ese país que ha sido denunciado por organismos internacionales como el principal productor y exportador de cocaína del mundo, y donde el Observatorio de Memoria y Conflicto registró que a la fecha han muerto más de 262.197 personas en su guerra interna, en boca de su presidente, Iván Duque, acaba de anunciar lo siguiente: «Tenemos información de inteligencia de que la Guardia Venezolana está triangulando armamento a estructuras irregulares en la frontera», además dice que hay «información de organismos de inteligencia internacionales que aseguran que Nicolás Maduro quiere comprar misiles de mediano y largo alcance a través de Irán».

El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, ha salido al frente de estas declaraciones, expresando que no se trata más que de otro «falso positivo» para desviar la atención de las masacres diarias de líderes campesinos que tienen lugar en ese país y servirle la cama a una guerra en la región.

Señal 5: la desaparición de Carlos Lanz

Un exguerrillero que se ha convertido en uno de los teóricos más importantes sobre la guerra no convencional y de la estrategia de proxy war o guerra subsidiaria contra Venezuela desapareció de la puerta de su casa hace más de diez días. Autoridades venezolanas, así como el movimiento popular han levantado sus voces para denunciar lo que empieza a denominar «un secuestro forzoso» que debe ser investigado. Carlos Lanz ha denunciado de manera vehemente que la hipótesis de agresión más probable contra la nación bolivariana vendrá de Colombia y tendrá en lo que llama grupos sin membresía o mercenarios sus principales brazos ejecutores.

«Poca atención se le presta al eje Cúcuta-Catatumbo, excepto en la caracterización tradicional de actividades delictivas que allí tiene lugar. No obstante, el empleo de ese corredor estratégico será vital para el desarrollo de la guerra subsidiaria contra Venezuela», expresó Lanz en entrevista concedida a Sputnik.

 

Señal 6: usar el COVID-19 como aliado

En abril de este año, María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, denunciaba que Washington y «ciertos grupos políticos de algunos países», iban a utilizar la situación epidemiológica de Venezuela para asestar un golpe de Estado definitivo contra el Gobierno venezolano.

En estos momentos, con un aparato de Estado abocado casi en exclusiva a luchar contra la pandemia y con un sistema hospitalario con recursos y capacidades disminuidas debido al bloqueo financiero y económico impuesto contra el país, Venezuela se encuentra en una situación comprometida que querrá ser utilizada por los enemigos internos y externos. La prioridad en este caso, para quienes diseñan la agresión, es avanzar en el quiebre definitivo antes que la vacuna Sputnik V, llegue al país suramericano e incline la balanza a favor del pueblo venezolano.

Señal 7: incentivar el malestar social

El 14 de agosto, Estados Unidos confiscó más de 1.118 millones de barriles de combustible a bordo de cuatro petroleros de bandera extranjera (Bella, Bering, Pandi y Luna), que el país persa habría vendido a Venezuela para suplir las necesidades internas de gasolina.

La noticia fue confirmada por el ministro del Petróleo iraní, Biyán Zangané. Estas operaciones buscan que el cerco y la asfixia hacia el país suramericano se haga mucho más fuerte con el transcurrir de los días. La exacerbación de las tensiones internas, tal y como ha sido apuntado con anterioridad, son parte integral de la ruta unitaria planteada por Juan Guaidó. 

Señal 8: el terrorismo y «la sorpresa de octubre»

En 2018, el exjefe de gabinete de Barack Obama y para aquel entonces alcalde de Chicago, Rahm Emmanuel declaraba que Donald Trump, al verse políticamente asediado podría «ordenar una acción militar en Venezuela para obtener beneficios políticos». En la jerga política de esa nación, se llama «sorpresa de octubre» a un evento imprevisto que puede cambiar las tendencias electorales de cara a las elecciones. En este momento, dos años después, Trump se juega no la mayoría legislativa, sino su propio futuro al frente de la Casa Blanca.

No ha sido casualidad que nombrara a Elliot Abrams para atender los casos de Venezuela e Irán, la estrategia para potabilizar ante la opinión pública norteamericana una acción militar será, tal y como se está configurando, la excusa de «lucha contra el terrorismo». Ese enemigo invisible que tantos beneficios ha dado a las transnacionales petroleras y de armamento. Por tanto, siempre hay que temer cuando un político estadounidense no está bien en las encuestas. Al votante promedio le gusta sentir que está salvando el mundo, claro está, si la muerte y el dolor ocurren muy lejos de sus jardines y centros comerciales.

​No es un panorama sencillo para la nación bolivariana. Sin embargo, aun cuando existan sobrados indicios para preocuparse, en la política y mucho más en la guerra, 2 + 2 no siempre dan 4. Existen imponderables que están moviéndose minuto a minuto que pueden cambiar las previsiones. Incluso, hay que recordar que en un tablero no hay una sola mano que mueve las piezas. Venezuela ha venido preparando un sistema de disuasión que evaluado por expertos militares plantea serias dificultades para cualquier aventura militar.

Además, Estados Unidos está en una carrera por no perder su hegemonía mundial y aunque Venezuela puede resultarle apetecible para tener una plataforma de recursos energéticos que le permita nuevos aires para retomar su control planetario, una derrota en el ‘Vietnam caribeño’, sería la muerte definitiva para el imperio que más sufrimiento ha traído a la historia reciente de la humanidad.

(Sputnik)

 

 
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