El 26 de septiembre de 2016, el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) alcanzaron la primera versión del acuerdo de paz que marcó la terminación de un conflicto armado de más de 50 años. En 2020, Colombia se enfrenta a  una nueva espiral de violencia.

A cuatro años del histórico acuerdo, las regiones donde antiguamente las FARC tenían un poderío dominante registraron una nueva oleada de masacres. Según datos de la ONU, desde principios de 2020 en Colombia se cometieron 61 crímenes de este tipo, en comparación con los 35 de 2019 y los 12 de 2017, un año después de la firma del tratado.

La brutalidad policial en el país es otro problema: tras el asesinato del abogado Javier Ordóñez a raíz de una detención violenta, miles de personas salieron a las calles de las ciudades colombianas. Las manifestaciones pacíficas pronto derivaron en enfrentamientos entre los protestantes y los agentes de seguridad. 

Cabe señalar que la guerrilla colombiana Ejército de Liberación Nacional (ELN) —una de las denominadas disidencias de las FARC que se negaron a desmovilizarse tras la firma del acuerdo en 2016— se sumó a las protestas y hasta reconoció que fueron sus milicias urbanas quienes habían atacado varias estaciones policiales de Bogotá. 

Afirmaron también que apoyan «la indignación creciente, el repudio a la opresión y la necesidad de justicia y de sacudirse del yugo».

No obstante, los paramilitares pertenecientes a distintas facciones disidentes de la antigua guerrilla no solo cometen masacres, asaltos y asesinatos, sino que también son los principales responsables del narcotráfico, la minería ilegal y el tráfico de armas, destaca The New York Times.  

A diferencia de las FARC, que tenían el Estado Mayor y el Secretariado centralizado, estas agrupaciones se pueden comparar con una federación que tiene varios comandantes, cada uno de los cuales persigue sus propios intereses. De acuerdo con un informe de la inteligencia militar del Ministerio de Defensa de Colombia emitido en junio, hay un total de 32 disidencias en 120 municipios del país. Una tendencia más que preocupante es el hecho de que duplicaron sus miembros armados en 2020: según el reporte, ya hay alrededor de 4.600 guerrilleros armados, en comparación con los 2.500 en 2018 y los 3.400 en 2019. 

El grupo disidente más influyente e importante, la Segunda Marquetalia —encabezado por los antiguos altos mandos de las FARC Iván Márquez, Jesús Santrich, el Paisa y Romaña—, busca el resurgimiento de la lucha armada y quiere reestructurar una línea de mando similar a la de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Sin embargo, los expertos coinciden en que es prácticamente imposible que los guerrilleros sean capaces de crear las segundas FARC y reclutar a nuevos miembros de manera regular.

El presidente actual de Colombia, Iván Duque, culpa en parte de la crisis actual a su predecesor, Juan Manuel Santos.

«Muchas personas han dicho: ‘volvieron las masacres, volvieron las masacres’, primero hablemos del nombre preciso: homicidios colectivos, y tristemente hay que aceptarlo como país, no es que volvieron, es que no se han ido», declaró en agosto ante los medios.

Ese mismo mes, compartió en su Twitter un diagrama en el que se puede observar que entre 2010 y 2018 el país vivió 189 masacres.

​»Seguiremos combatiendo a disidencias FARC, ELN, Clan del Golfo, carteles y otros», expresó.

(Sputnik)

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