El número de casos de COVID-19 comienzan a incrementarse en países de Europa, Canadá, Australia y EEUU donde –aparentemente- la pandemia se estaba ralentizando.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha declarado oficialmente una “segunda ola” de la pandemia de coronavirus, ya comienza a hablarse de que esto podría estar sucediendo, debido al aumento constante de personas infectadas en estas naciones.

Esta situación se produce cuando las medidas sanitarias comienzan a relajarse, especialmente, el confinamiento social. Se ha permitido la realización de eventos deportivos con público, conciertos y reuniones masivas. Así como el reinicio de las actividades escolares presenciales, aeronáuticas y portuarias.

También la OMS ha sugerido que la explicación ante este incremento se debe a que la gente se relajó durante el verano (boreal) y en la población joven es la que mayormente se están contagiando en la actualidad. Contrario a los primeros meses de la pandemia, cuando fueron las personas de la tercera edad fueron las más afectadas.

Esta situación enciende las alarmas sobre lo que podría pasar si aumentan indiscriminadamente –de nuevo- el número de casos. ¿Habría que cerrar todo como al principio? ¿Están preparados los sistemas sanitarios para soportar este incremento? ¿Resistirá la economía mundial un nuevo encierro masivo?

Una nueva ola de COVID-19 remonta a los estudiosos del tema a lo sucedido en el otoño (hemisferio norte) de 1918, cuando la “gripe española”, considerada la “mamá de las pandemias”, tuvo una segunda embestida mucho más mortal que la anterior.

La gripe española afectó el mundo en tres oleadas: la primera en la primavera de 1918, la segunda oleada mortal en el otoño de 1918, y una tercera oleada que afectó aún más a algunas regiones a principios de 1919.

Sin embargo, cientos de investigaciones se han centrado en indagar qué pasó para que esa segunda oleada fuese más mortal. 

Las cifras oficiales de fallecimientos por la gripe española durante la primera ola fueron similares a las de la estación gripal. Pero para el otoño esta influenza arremetió con mayor agresividad, dejando una estela de muertes por todo el mundo. En EEUU –según datos oficiales- entre septiembre y diciembre de 1918- hubo 266.000 fallecimientos a causa de la pandemia.

Un evento histórico que sale a relucir y el cual es justo recordar ante la situación actual que vive la humanidad, fue el sucedido el 28 de septiembre de 1918. Ese día unas 200 mil personas –sin acatar las medidas de distanciamiento social- asistieron al Philadelphia Liberty Loans Parade (Desfile de Préstamos de la Libertad) en la ciudad de Filadelfia (EEUU) para promover la venta de bonos de guerra estadounidenses. Las autoridades de salud de la época desatendieron el llamado de los expertos para que el evento se cancelara. Hoy ese acto es tristemente recordado como el “desfile más mortífero de la historia”.

Caso contrario sucedió en la ciudad de Saint Louis (Misuri), donde fue cancelado dicho evento, al igual que otros que implicaran aglomeraciones. 

“Al mes siguiente, más de 10.000 personas en Filadelfia murieron a causa de la gripe pandémica, mientras que la cuota de fallecimientos en Saint Louis no fue mayor a 700. Este ejemplo mortal muestra los beneficios de cancelar eventos de aglomeración masiva y de aplicar las medidas de distanciamiento social durante las pandemias”, recuerda Jim Harris, historiador de ciencia de la Universidad Estatal de Ohio.

Asimismo, advierte que este hecho hizo reaccionar a muchos políticos que estaban más abocados a la Primera Guerra Mundial.

“De cierta manera, la ola inicial se pasó por alto; la guerra todavía tenía mucha fuerza y los doctores estaban concentrados en mantener a los soldados sanos y en pie en el campo de batalla”, le dijo a France 24 Jim Harris. “Pero fue durante la segunda ola, cuando la enfermedad se volvió mucho más agresiva, cuando algunos políticos se vieron obligados a reaccionar”.

Por otra parte, los estudios realizados por la profesora de microbiología e inmunología de la Universidad de Georgetown, Erin Sorrell, indican que la letalidad en el rebrote se debió también a una tendencia evolutiva de la gripe. “Se asume que el aumento en la letalidad se debe en parte a las mutaciones acumuladas por el virus en su ola inicial, pues los virus de influenza son propensos a presentar mutaciones conocidas como cambio antigénico, lo cual les permite evadir sistemas de inmunidad existentes por infecciones previas”, le dijo Sorrell a France 24.

Si algo debemos aprender de lo sucedido en Filadelfia y Saint Louis es que las regiones donde se implementaron el uso de mascarillas, prohibieron las grandes aglomeraciones y cerraron los colegios, sus ciudadanos estuvieron más protegidos para hacerle frente a la pandemia.

Durante los cuatro años que duró la gripe española se estima un contagio mundial de 500 millones de personas y de 50 millones de muertes, según el estudio Johnson y Mueller (2002). Esto significa que la pandemia mató al 2,7% de la población global, si tomamos en cuenta que para la época había 1.800 millones de habitantes en el mundo.

“Desde Boston a Ciudad del Cabo, desde Londres a Bombay, el virus se esparció como fuego por ciudades y comunidades, grandes o pequeñas (…) la segunda oleada del virus, en el otoño (boreal) de 1918, fue la más mortífera y solo en Londres, en el pico de octubre del mismo año, mataba 4.500 personas por semana”, recuerda un artículo de prensa de la época.

Similitudes y diferencias entre la gripe española y la COVID-19

La pandemia actual es provocada por el virus SARS-CoV-2, denominación científica de la variedad altamente contagiosa de la familia de coronavirus que provoca la enfermedad COVID-19. La gripe española pertenecía a la familia de los virus de “influenza”.

El virus de 1918 atacó –principalmente- a los adultos entre 20 y 40 años de edad, para un mundo que salía de una guerra fue un duro golpe que esta enfermedad atacara a su población económicamente activa. Aunque niños y adultos mayores también se enfermaron.

El nuevo coronavirus ha significado un riesgo –especialmente- para las personas de la tercera edad y personas con enfermedades preexistentes. Sin embargo, el presente rebrote está atacando a poblaciones más jóvenes.

Una persona con COVID-19 contagia en promedio a 2,2 personas. Esto es 22 por ciento más algo que en el caso de la gripe española, que fue de 1,8%. De allí la importancia de aislar también a las personas asintomáticas.

Estimaciones advierten que si no se consigue con prontitud una vacuna, cuando la pandemia acabe 80 por ciento de la humanidad habrá sido contagiada, porque nadie tenía inmunidad contra el nuevo virus. La gripe española infectó a un tercio de la población global, ya que por tratarse de una influenza, gran parte de la población había creado resistencia.

Ambas pandemias tienen una letalidad similar. El nuevo virus mata al 2% de los casos confirmados, similar a lo sucedido con la gripe española.

Los expertos, al igual que la OMS, advierten sobre la importancia de continuar con las medidas de bioseguridad, especialmente la prohibición de reuniones masivas, continuar con el distanciamiento social, cerrar las escuelas y aislar los casos sospechosos y positivos. Si alguna lección debe dejar la gripe española –señalan- es que las ciudades que acataron las medidas tuvieron resultados muchos más favorables para sus habitantes que aquellas que no tomaron medidas a tiempo o no las sostuvieron durante suficiente tiempo.

“La COVID-19 parece listo para regresar con fuerza a cualquier lugar del mundo apenas bajemos la guardia”, aseguró a medios de comunicación Joel Wertheim, profesor adjunto de medicina de la Universidad de California, en San Diego. Aunque también destacó que “es importante distinguir entre las olas causadas por las estaciones y el reflujo del COVID-19 a causa de las medidas de salud pública”. 

Para John Barry, autor del libro «La gran gripe. La historia de la pandemia más mortal de la historia» – la segunda oleada de la gripe española y su agresividad está vinculada a una probable mutación del virus que lo hizo mucho más letal, la llegada a zonas rurales y al retraso en la toma de medidas sanitarias por parte de las autoridades.

No bajar la guardia

Hasta este domingo 28 de septiembre en el país se han contabilizado 72 mil casos positivos y ha habido 606 decesos, desde que llegó la pandemia en marzo de este año.

En comparación con otros países de la región, en Venezuela no se ha desbordado el sistema sanitario y el número de casos es muy inferior a los vecinos como Brasil, Colombia, Perú y Ecuador, donde la pandemia ha atacado ferozmente desde un primer momento.

Sin embargo, a pesar de que la COVID-19 se mantiene muy activa en las naciones cercanas a Venezuela, sus gobernantes han anunciado el fin del confinamiento y la reanudación de vuelos comerciales nacionales e internacionales, como es el caso de Colombia. O en Perú, donde las autoridades han informado que a partir del 5 octubre se reanudan los vuelos internacionales al ciento por ciento de las capacidades de los aviones. 

En cuanto a Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ha sido el primero de desatender todo tipo de medida de bioseguridad. Situación esta que pone en mayor riesgo a Venezuela, por estar rodeada de naciones donde el incumplimiento de las recomendaciones de la OMS es la norma. 

Entretanto, en Venezuela el gobierno del presidente Nicolás Maduro ha reiterado que la prioridad es la salud de los venezolanos, por lo tanto, se continuará acatando el llamado de la OMS es a “no bajar la guardia”, mientras se espera la aprobación de una o varias vacunas para inmunizar a la población.

(LaIguana.TV)

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