Domingo 18 de octubre. Como siempre, durante la misa difundida por canales privados, que se supone sirve a la paz espiritual de los creyentes, los obispos hacen política. En medio de los ritos católicos, leen una exhortación pastoral en la que llaman a la protesta de todos de los sectores del país. Una “simple abstención” no basta, dicen, para derrocar al gobierno, que es “el cambio político tan deseado”, y tampoco para “deslegitimar” el proceso electoral que se avecina.

La protección para esta nueva cruzada está encomendada a dos venerados por los millones de católicos venezolanos. La virgen de Coromoto, patrona nacional y cuya imagen fue indignamente utilizada en la sangrienta evangelización de los pueblos originarios. Y José Gregorio Hernández, nuestro santo médico de los pobres.

A la sombra de tal manto religioso, quedó el llamado a la violencia callejera, que los arzobispos y obispos venezolanos están leyendo por todo el país desde la semana pasada. Una “exhortación” cuya justificación está resumida en uno de los nueve párrafos del comunicado de esta dirigencia política de la iglesia.

Allí se pretende imponer como realidades, tres mentiras sobre las elecciones legislativas del próximo seis de diciembre: 1) Los comicios no contribuyen a la “solución democrática” de la crisis y, más bien, tienden a agravarla; 2) es “inmoral” realizarlos porque el pueblo sufre por la pandemia y por falta de condiciones para subsistir; y 3) “no existe transparencia en las reglas ni en los mecanismos de verificación del proceso electoral”;

Veamos algunos de estos señalamientos políticos.

La solución democrática a la crisis

La Mesa de Diálogo Nacional es el primero de muchos esfuerzos, entre el gobierno del Presidente Maduro y distintas tendencias de oposición, que logra y ejecuta acuerdos concretos para la estabilización política del país, especialmente en materia electoral.

Gracias a ella, se abrió una vía para la participación, en las elecciones legislativas, de factores de la oposición que habían quedado al margen de las estrategias de los grupos extremistas. Esto ha representado también la posibilidad de reconstituir las prácticas verdaderamente democráticas, como expectativa real de cambios políticos, en las bases de estos sectores de la sociedad que son, precisamente, a los que los obispos pretenden dirigirse.

Asimismo, la Mesa logró un consenso mínimo de las dirigencias políticas en torno a la defensa del país, como expresión clara de una identidad única nacional frente a las agresiones económicas, militares y políticas, independientemente de las diferencias ideológicas.

La mayoría de los partidos políticos de oposición inscritos en el CNE están compitiendo en estas elecciones con la aspiración de obtener escaños en la Asamblea Nacional que se instalará en enero del 2021 y que debería acabar con maniobras políticas que Venezuela no vivía desde finales del siglo XIX.

Esta es, sin dudas, la posibilidad de construir una realidad distinta a la que hemos vivido hasta hace cinco meses. Solo en el último año, Venezuela sufrió el intento de desestructuración del Estado, con la imposición de instituciones paralelas e ilegales; el sabotaje de su sistema eléctrico, que provocó dos apagones nacionales; un intento de golpe de Estado; una incursión mercenaria fallida, contratada por la oposición extremista para el derrocamiento del gobierno; el robo de activos propiedad de la República; y el bloqueo total de su economía, entre otras.

¿Cómo puede ser entonces que la vía democrática por excelencia, como lo es el voto, desarrollada en las mejores condiciones del último año, agrave nuestra situación política? Solo acciones desesperadas de violencia podrían lograrlo.

¿Elecciones inmorales?

Para los obispos, la realización de las elecciones de diciembre próximo será inmoral porque el pueblo está sufriendo por la pandemia y por no poder subsistir.

La moral católica, en términos de lo que está bien o mal, no explica el argumento con el que esta dirigencia política pretende deslegitimar las elecciones venideras.

Tan solo podría decirse que alrededor de 50 países realizaron procesos electorales en medio de la pandemia, según información de VTV, y que en este último trimestre del año cinco elecciones se están desarrollando en el continente americano, siendo la presidencial de Bolivia de este domingo la primera. A esta seguirá el plebiscito en Chile, este mismo mes de octubre; la presidencial de Estados Unidos y las locales de Brasil, ambas en noviembre; para terminar con las legislativas venezolanas, en diciembre. Estados Unidos ocupa el primer lugar en el mundo en casos registrados y muertes por Covid-19, mientras Brasil está en el segundo lugar en muertes por esta enfermedad y tercero en casos registrados.

Todos estos países están aplicando medidas de bioseguridad para llevar adelante sus procesos, mientras diversos organismos internacionales han difundido distintas guías para la organización de elecciones en pandemia.

El criterio que ha prevalecido mundialmente es la búsqueda del equilibrio entre los derechos a la salud y al sufragio. Esto es especialmente importante en los países antes citados, pues ellos tienen en común que, por la vía electoral, intentan dirimir sus diferencias.

La contradicción de este argumento está en que se supone que la inmoralidad de realizar las elecciones en pandemia está relacionada con la probabilidad de aumentar exponencialmente las infecciones por las aglomeraciones el día del evento, sin embargo se hace un llamado a la protesta callejera. Es decir, una aglomeración descontrolada de personas.

La transparencia del proceso

En el comunicado político de la dirigencia política de la iglesia se asegura que no hay transparencia en las reglas y en los mecanismos de verificación del proceso.

La transparencia de un proceso electoral está relacionada con la seguridad de que todos los elementos y actividades que forman parte de su organización y de la realización efectiva de la elección son conocidas por los ciudadanos.

Las reglas están claras. Las elecciones del próximo seis de diciembre están previstas en la Constitución Nacional. La forma de organizarlas está establecida en la Ley Orgánica de Procesos Electorales que está en vigor desde el año 2009 y las normas especiales sobre el sistema electoral que regirá en estos comicios son públicas desde finales de junio pasado.

El cronograma electoral, en el que se establecen las fechas de todas y cada una de las actividades de organización del evento electoral fue publicado tras la convocatoria del proceso. Incluso los cambios en los lapsos, como consecuencia de solicitudes de los partidos sobre la Jornada del Registro Electoral y las postulaciones, fueron también difundidas para el conocimiento público.

En cuanto a los mecanismos de verificación, Venezuela cuenta con un esquema de auditorías que permiten conocer –hacer transparente- el funcionamiento de cada uno de los componentes del sistema automatizado de votación. Son 13 auditorías en las que participan, además de los técnicos del CNE, los técnicos de los partidos, quienes verifican que éstos funcionan de acuerdo con las leyes. La garantía de máxima transparencia en las auditorías está en que éstas son transmitidas en tiempo real, a través del portal oficial del ente electoral, con lo que cualquier ciudadano, incluidos los obispos, pueden observar su desarrollo.

En Venezuela se realiza también la verificación ciudadana, el ejercicio al cierre del evento electoral, por el que se revisa el comportamiento de 54% de las máquinas de votación. Este es un acto público en el que participan los miembros de mesa, los testigos de los partidos y los electores.

La historia venezolana está llena de ejemplos de cómo la dirigencia política de la iglesia ha mantenido siempre una alianza estrecha con grupos extremistas. Su actuación desde los púlpitos para manipular la realidad y la espiritualidad de los creyentes también. Pero la verdad siempre se impone. Así se lee en La Biblia:

 “Guardaos del fermento de los fariseos, que es la hipocresía. Pues nada hay oculto que no haya de descubrirse, nada secreto que no haya de saberse. Por eso, todo lo que hayáis dicho en las tinieblas, será oído a la luz, y lo que hayáis hablado al oído en las recámaras, será voceado sobre las terrazas” Lucas 12: 1.2.3

(LaIguana.TV / Taynem Hernández)

 

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