El filósofo, comunicador y analista político Miguel Ángel Pérez Pirela disertó en torno a las causas tras la «apoteósica» jornada electoral con la cual el pueblo chileno inició el proceso para sancionar una nueva Carta Magna y enterrar definitivamente los vestigios legales de la dictadura de Augusto Pinochet, que desde 1973 ha signado el destino de esa nación sureña.

De acuerdo con el tercer boletín publicado Servicio Electoral de Chile (Servel), el 78,24% de quienes concurrieron a las urnas el domingo, votó a favor de sancionar una nueva constitución que reemplace la promulgada por el entonces dictador, vigente desde hace 40 años.

Genealogía del cambio constitucional: de Allende a la consulta popular

El experto venezolano considera que es imposible comprender el alcance de esta impronta, sin remontarse al año 1970, cuando llega al poder, tras repetidos intentos, el socialista Salvador Allende.

Apenas tres años después, el 11 de septiembre de 1973, Pinochet, entonces Jefe de las Fuerzas Armadas, ejecutó un golpe de Estado que contó con el respaldo del gobierno estadounidense de Richard Nixon, las trasnacionales, empresas locales y miembros de la casta conservadora, cuyos intereses chocaban directamente con los del pueblo chileno. 

Esta cruenta acción, continuó relatando, devino en un brutal dictadura que dejó más de 3.000 desaparecidos y más de 40.000 víctimas directas, entre migrantes forzados, torturados, perseguidos y asesinados en campos de ejecución y centros clandestinos de detención.

Adicionalmente, el pinochetismo creó las condiciones para que a la población le fuera impuesto por primera vez en el mundo, el paquete de medidas neoliberales diseñado por los Chicago Boys, que se tradujo en la implementación de un régimen jurídico que prescindió de todo derecho social y que garantizó la privatización de los servicios públicos y el cobre.

De esta manera, explicó, la Constitución de 1980 fue hecha a la medida del pinochetismo y solamente 39 años después, a consecuencia de un malestar largamente acumulado, se produjeron protestas sociales a gran escala, en las que se reclamó lo que en muchas sociedades es comprendido con derechos fundamentales: educación, salud y régimen de pensiones públicos, así como respeto por el ambiente y por las poblaciones originarias.

Estas manifestaciones, cuyo detonante fue el incremento en el precio del boleto estudiantil en el metro de Santiago, fueron duramente reprimidas por la policía local (carabineros) y dejaron saldo de varias decenas de fallecidos y miles de heridos –muchos con lesiones permanentes– y encarcelados.

Por ello, Pérez Pirela considera que los resultados de este 25 de octubre «no son anodinos ni una concesión del gobierno de Piñera» y a este respecto, advirtió que aunque la jornada dominical indudablemente se puede catalogar como un gran triunfo popular, éste está bajo sospecha, porque miembros de la élite política, empezando por el presidente Sebastián Piñera, intentan capitalizarlo, presentándose como promotores del cambio de Carta Magna, cuando en realidad han sido fieles seguidores de la estructura de Estado que les legara el dictador.

En el evento, que según cifras oficiales contó con la participación de más de 7 millones de votantes –que contrasta con la históricamente baja participación–, no solamente se consultó acerca de la necesidad de redactar una nueva Constitución, sino que se eligió la metodología con la cual se llevará a cabo el proceso, detalló el también director de LaIguana.TV.

Los chilenos y las chilenas optaron por redactar una nueva Constitución «desde cero» y para la tarea será electa «una Convención Constituyente, formada por 155 ciudadanos denominados convencionales», que serán seleccionados por voto popular en abril de 2021 y cuyas sesiones deberán iniciar en el mes de mayo de ese mismo año.

Adicionalmente, la Convención Constituyente estará conformada por idéntico número de hombres y mujeres y se garantizará la participación de los pueblos originarios, aunque, acotó, la cuota todavía no ha sido establecida.

Según lo decidido en los comicios de ayer, el texto sancionado deberá ser refrendado popularmente en un referéndum aprobatorio, previsto, tentativamente, para el segundo semestre de 2022.

Se espera que la discusión constituyente orbite en torno a las reformas de los sistemas educativo, de salud y de pensiones, y sobre los derechos indígenas y ambientales, pues cada vez que se quiso avanzar en discusiones progresistas en alguno de estos ámbitos, los gobiernos de turno se negaron, alegando que se trataba de demandas inconstitucionales.

Adicionalmente, Miguel Ángel Pérez Pirela mencionó que el debate constituyente estará atravesado por una merma significativa –y creciente– de la credibilidad de la clase política entera, independientemente de su alineación en el espectro político.

Los efectos duraderos del pinochetismo

Aunque concluyó formalmente en 1990, los efectos de la dictadura de Augusto Pinochet no han desaparecido de la sociedad chilena. Así, refirió Miguel Ángel Pérez Pirela, se construyó una falsa narrativa que propugnaba el éxito económico del país, mientras el pueblo debe vivir sin protección social que sostenga a los más necesitados.

Además, el marco jurídico y la estructura estatal implementada durante el gobierno dictatorial –en buena medida, todavía intacta– permitieron que el cobre, principal recurso mineral del país, fuera saqueado por trasnacionales, amén de la conformación y consolidación de una clase dominante corrupta, hija legítima de la dictadura, que se enriqueció desmedidamente, gracias a las prebendas que ésta le otorgó.

El pinochetismo también apostó por borrar la historia y propugnar una suerte de «borrón y cuenta nueva» social, cuyo propósito, insistió el analista venezolano, fue silenciar las barbaries cometidas con la promulgación de una especie de «Ley de Olvido», que ya no satisface a toda una generación de chilenos, que sale a la calle a protestar y exige respuestas para sus muertos, desaparecidos y torturados.

El sistema político heredado del pinochetismo, explicó, consiste en una suerte de bipartidismo cerrado, que desde 2006 tiene dos caras visibles: Michelle Bachelet y Sebastian Piñera.

La dupla Bachelet-Piñera no hizo ningún esfuerzo para siquiera modificar –no digamos, derogar– el acuerdo social chileno y cualquier débil reforma intentada por Bachelet, fue rápidamente revertida por Piñera, sin que en un caso o el otro se tocara el cuerpo y el espíritu de una Carta Magna redactada por «notables» afines a Pinochet.

Grupos de manifestantes identifican en la Constitución pinochetista de 1980 el legado más trascendente del dictador y por ello han posicionado la consigna: «borrar tu legado será nuestro legado»-consigna.

El comunicador advirtió que la tarea, nunca fácil, debe lidiar con el fuerte macarthysma presente en la sociedad chilena, en la que es habitual que se tache de «comunista», se proscriba y se persiga a todo individuo, movimiento, colectivo o idea que apuesta por reivindicaciones progresistas.

Sin embargo, el creciente descontento de los chilenos y las chilenas con su gobernante –la Consultora Criteria le otorga apenas 22% de aprobación– y con la clase política en general, ha traído consigo que las elecciones generales previstas para el 22 de noviembre de 2021, se presenten como una especie de plebiscito para quienes ostentan posiciones dentro del poder.   

Pérez Pirela insistió en que fueron las protestas de hace un año, iniciadas el 28 de octubre de 2019, las que le darían el mazazo definitivo al mito del milagro económico de Chile, pues aunque comenzaron por el rechazo al incremento del precio del boleto en el Metro de Santiago y la mayor parte de quienes manifestaban eran estudiantes, rápidamente las demandas crecieron y se incorporaron otros sectores sociales.  

Piñera y su gobierno respondieron a las exigencias populares con una represión feroz, toques de queda, torturas y agresiones variopintas, tanto en forma como en cantidad, contra civiles desarmados, pero en lugar de apaciguarse, la población no se amilanó y en la medida de sus posibilidades, regresó a las calles y apenas la pandemia pudo frenar lo que en apariencia sería un conflicto prolongado.

La multiestatal teleSUR, en un recorrido por la emblemática Plaza de la Dignidad –antigua Plaza Italia– durante de la concentración para celebrar la victoria de este domingo, recopiló multitud de testimonios en los que ciudadanos entrevistados al azar, aseguraron que aunque habián sido víctimas de la violencia policial y haber sido apresados, volvieron a las calles, en cuanto las condiciones físicas lo permitió. 

Pinochet le heredó a Chile no solo más de 47.0000 muertos, sino una Constitución que, a suerte de dogma, favorece los intereses privados por encima de los públicos, indicó, para dar por cerrado este punto.

Reacciones a la victoria popular chilena

El resultado, de gran trascendencia dentro de Chile –y por extensión, en el resto de América Latina–, generó una ola de reacciones entre políticos e intelectuales de la izquierda continental.

Pablo Sepúlveda Allende, nieto del mandatario socialista, aseveró que la primera lectura de un triunfo que valoró como «avasallador», estaba en el plano «simbólico», porque con ello, el pueblo chileno mandó «al estiercolero de la Historia el nefasto legado de Pinochet».

«Derecha chilena sufre una paliza histórica. El pueblo de Chile por primera vez se dará su constitución. Pero si abandona calles y plazas la nueva  Constitución puede nacer muerta. Se impone la vigilancia activa, la unidad y la organización», opinó el intelectual argentino Atilio Borón.

En este punto, Pérez Pirela aseguró que coincide con la alerta de Borón, porque puede ser que entre los constituyentistas se cuele una parte importante del estabilishment, que cuenta con la maquinaria de los partidos políticos tradicionales, lo que podría garantizarles una mayoría en la constituyente y con ello, redactar de nuevo una Constitución hecha a su medida.

La exsenadora colombiana Piedad Córdoba, reflexionó en Twitter acerca de lo que significa que Chile tenga una nueva Constitución: «Entierro de la Constitución de Pinochet, se les cae la estantería neoliberal, la protesta social sí sirve, en las calles se hace la democracia, un durísimo golpe a la derecha continental (incluida la colombiana)», listó la también defensora de los Derechos Humanos.

De su lado, Miguel Ángel Pérez Pirela considera que la derecha continental recibió «dos duros reveses» en una semana y opina que los triunfos en Chile y Bolivia, «son una cachetada» para oligarcas, entreguistas, privatizadores y en su lugar, se aprecia un renacimiento de la política reivindicativa, solidaria y progresista.

El presidente Sebastián Piñera, evidente derrotado de esta disputa, ofreció una declaración cínica, en la que señaló: «los chilenos hemos demostrado que el diálogo es más fecundo que la intolerancia, la colaboración es más poderosa que la confrontación y la esperanza es más inspiradora que el miedo. Este Plebiscito no es el fin. Es el comienzo de un camino, que juntos deberemos recorrer para acordar una Nueva Constitución para Chile».

Para el experto venezolano, el descaro del mandatario es «impresionante» porque se atrevió a arrogarse al menos una parte de la victoria política, tras haber hecho cualquier cosa –incluyendo el despliegue de una feroz represión– para evitar que la consulta de ayer tuviera lugar y trató al pueblo chileno como tonto, porque si bien públicamente dijo que no haría campaña a favor de ninguna de las alternativas y ordenó a su gabinete a hacer lo propio, buena parte de quienes le acompañan en su proyecto político dentro y fuera de su partido, hicieron campaña abierta por el «NO», al tiempo que negaban directamente la posibilidad de cambiar la Carta Magna.  

El ministro que recién se entera que los pobres viven hacinados y la Primera Dama que llama alienígenas a los manifestantes.

Para concluir, Pérez Pirela compartió con la audiencia algunas frases de miembros de la clase política chilena, que dan cuenta de su talante racista, retrógrado y reaccionario.

Así, en noviembre del pasado año, cuando las protestas por el alza en precio del boleto del Metro, el entonces ministro de Economía de Piñera, le recomendó a los trabajadores que se levantaran más temprano, para que se ahorraran el coste extra que representaba para ellos viajar en el subterráneo.

Cecilia Morel, Primera Dama del país, aseguró en unos audios posteriormente divulgados por las redes sociales, que las protestas simulaban algo parecido a «una invasión extranjera» o «una invasión de alienígenas» y, para rematar, confesó en frase que no requiere mayor explicación: «Vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás».

Tanto o más desubicado y clasista es el exministro de Salud Jaime Mañalich, que al al estallar la crisis de la pandemia dijo: «hay un nivel de pobreza y de hacinamiento del cual yo no tenía conciencia».

Libro del día

«La promesa del alba», una novela escrita durante los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial por el francés Romain Gary.

(LaIguana.TV)

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