En el año 2014 se puso en marcha una nueva fase de agresión contra Venezuela. Apenas a unos meses de que Nicolás Maduro fuese electo Presidente, la derecha venezolana respaldada por la Casa Blanca activó “La Salida”, y con ella se inicia la construcción de una épica protagonizada por el opositor Leopoldo López. Wikileaks daría cuenta de ello en los cables filtrados.

Un guión construido desde laboratorios, le vendía al mundo la figura heroificada de un líder joven, profesional, preso y torturado, a manos de una narcodictadura; con una esposa afligida que recorría el mundo clamando justicia. La realidad es que detrás de la puesta en escena realmente lo hubo fue el llamado a la insurrección y a la violencia, marchas, acciones terroristas, más de 47 familias venezolanas enlutadas por la muerte de sus familiares a causa de las llamadas Guarimbas, sin contar las pérdidas materiales millonarias  debido al destrozo de los espacios públicos. Al mismo tiempo, y en nombre de la libertad y del afligido pueblo venezolano, Lilian Tintori articulaba en torno a sí y a la figura de su esposo detenido, una compleja red de recaudación de fondos y financiamiento internacional, cuyos recursos fueron destinados a negocios familiares y a sostener la agenda de conspiración y desestabilización en contra de Venezuela.

La narrativa protagonizada por los López-Tintori, logró volcar los ojos del mundo hacia Venezuela, y construir el marco propicio para que Estados Unidos estrenara su nueva arma de guerra: las medidas coercitivas unilaterales o sanciones, cuya primera expresión se encuentra en La Ley De Defensa De Los Derechos Humanos Y Sociedad Civil De Venezuela promulgada por Barack Obama ese mismo año.

 

(LaIguana.TV)

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