China y Rusia extienden la aplicación de sus vacunas y forjan nuevos lazos con algunos de los aliados más cercanos de Washington en Oriente Medio, escribe Foreign Policy.

En los últimos años, Egipto ha gastado más dinero en equipos de defensa rusos que desde principios de los 70. El Cairo también ha forjado una relación económica sustancial con Pekín. En 2017, Turquía compró el sistema de defensa aérea S-400 de Rusia y ha ampliado sus relaciones comerciales y diplomáticas con China. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) también buscan acuerdos con Vladímir Putin y Xi Jinping. 

Más recientemente, sin embargo, apareció un nuevo instrumento de influencia: las vacunas contra el coronavirus.

De esta manera surgió la así llamada diplomacia de las vacunas por analogía con la diplomacia de las máscaras que promovió China mediante el suministro de equipo de protección personal, asegura el medio Foreign Policy.

El editorial sugiere que existe una conexión entre la receptividad a la vacuna rusa y china y los cambios más amplios que se producen en el orden regional. Además enumera los logros de la diplomacia de la vacuna en los países de Oriente Medio. 

A finales de diciembre, Egipto comenzó a vacunar a los trabajadores de la salud con la vacuna Sinopharm. El medio explica la elección de este fármaco por la magnitud de la inversión de Pekín en el país árabe y el deseo de los dirigentes de mantener fuertes vínculos con China. 

«La rápida aceptación de la vacuna Sinopharm por parte de Egipto es también parte del impulso de El Cairo para convertirse en un centro regional de producción y distribución de vacunas, incluyendo Sputnik V de Rusia», asegura el autor Steven Cook.

El Cairo también recibirá unos 50 millones de dosis de las vacunas de Pfizer y AstraZeneca, lo que, según el medio, refleja la forma en que los egipcios ven sus relaciones generales con China, Rusia, EEUU y Europa.

«No quieren que se les pida que escojan un equipo porque ya no ven la necesidad de elegir un bando», señaló.

Del mismo modo, Turquía también ha comenzado a inocular a sus ciudadanos una vacuna hecha en China. Asimismo anunció que produciría Sputnik V a nivel nacional. El país persa se ve distanciado de sus socios tradicionales en Europa y EEUU y aunque recibe un modesto lote de la vacuna de Pfizer, el Gobierno de Ankara parece más dispuesto a trabajar con Rusia y China, indica Foreign Policy. 

El editorial admite que Turquía y Rusia se encuentran en extremos opuestos de diversos conflictos regionales, pero han logrado contener y compartimentar esas diferencias al servicio de sus objetivos más amplios, ya que la producción conjunta de la vacuna promueve los objetivos estratégicos.

En lo que respecta a China, los funcionarios turcos quieren beneficiarse de los lazos comerciales y de un posible contrapeso a EEUU, aunque ello signifique transigir con sus principios respecto a los uigures, opina Cook.

Por su parte, los países del golfo Pérsico usan todas las vacunas disponibles. Arabia Saudí, Omán y Kuwait han obtenido la vacuna de Pfizer, Catar usa tanto la vacuna de Pfizer como la de Moderna. Baréin y los EAU utilizan el desarrollo de Sinopharm. El gobernante de Dubái, el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktum, fue fotografiado recibiendo la vacuna de Sinopharm.

El avance rápido de Sinopharm entre los países del golfo Pérsico que pueden permitirse los productos más caros de Pfizer y Moderna refleja la situación en general en la región, indica el medio. 

«Los países se protegen contra la retirada de EEUU y la polarización de la política estadounidense que hace de Washington un socio diplomático, militar y económico menos eficaz, dejando a China y Rusia como alternativas plausibles», escribió Cook.

El editorial constata la ausencia de EEUU en la lucha contra el coronavirus en una variedad de lugares importantes, incluyendo Oriente Medio. «Nunca antes nadie había querido realmente productos rusos o chinos, pero parece que ya no es así, al menos con estas vacunas», finalizó.

 
(Sputnik)
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