Para iniciar la tercera temporada de Desde Donde Sea, el filósofo, comunicador y analista político Miguel Ángel Pérez Pirela eligió como tema las consecuencias políticas del bloqueo de las cuentas en las redes sociales que le fuera impuesto al presidente estadounidense, Donald Trump, bajo el alegato que podría usar esas plataformas para difundir mensajes de incitación a la violencia. 
 
Estas acciones se sucedieron al asalto al Capitolio que protagonizaran partidarios del mandatario el pasado miércoles 6 de enero; hecho inédito que ha sido calificado por muchos como un intento de golpe de Estado y un atentado contra las instituciones estadounidenses que fue alentado por el propio Trump. 
 
La situación, relató el experto, sorprendió a propios y a extraños, toda vez que si bien desde ese país se han propiciado, promovido y ejecutado decenas de intervenciones y golpes de Estado en países de América Latina, Estados Unidos se presenta a sí mismo como el baluarte y el fundamento de la democracia en el mundo.
 
Las consecuencias políticas para el gobernante no se hicieron esperar y rápidamente, sus adversarios exigieron su dimisión o su destitución. 
 
A ese respecto, indicó que hoy, legisladores demócratas publicaron la resolución para destituirlo, alegando que puso en peligro las instituciones del país, comprometió la democracia, traicionó la confianza que tenían en él como presidente y agravió al pueblo con su conducta. 
 
Se espera que la resolución sea sometida a votación en el transcurso de esta semana, salvo que el vicepresidente, Mike Pence, invoque la enmienda 25, que contempla la destitución del presidente si la mayoría del gabinete determina que no está en condiciones para gobernar y de concretarse la iniciativa de los demócratas, Donald Trump sería el primer presidente de los Estados Unidos en ser sometido a juicio político en dos oportunidades.
 
Lo antes dicho se ve agravado porque distintas redes sociales bloquearon definitiva o indefinidamente las cuentas de Trump, alegando que podría usarlas para divulgar mensajes que incitaran a la violencia. 
 
Un bloqueo que obedece a razones políticas
 
En opinión de Pérez Pirela, lo sucedido con las cuentas de Trump es una señal de alarma que da cuenta del enorme poder que ostentan empresas como Twitter o Facebook, que se arrogan el derecho de censurar, con pobres excusas, al presidente de un país y, por ello, insistió en que tal cosa no debía celebrarse, independientemente del rechazo o animadversión que pueda causar un personaje como Donald Trump.
 
A su parecer, para comprender los alcances reales de esta situación, es indispensable aislar del hecho el nombre de Trump y considerarla estructuralmente. 
 
Este exhorto resulta todavía más destacable, si se toma en cuenta que los venezolanos hemos padecido los bloqueos y sanciones de Estados Unidos en toda su extensión, no solamente en lo tocante a bloqueos económicos, pues ello también se ha expresado en bloqueos digitales y tecnológicos. 
 
A este respecto, recordó que estas trasnacionales que hoy bloquean a Trump, antes han bloqueado o suspendido temporalmente numerosas cuentas de instituciones, funcionarios y personalidades venezolanas, incluyendo la de la presidencia de la República, sin que haya mediado explicación alguna. 
 
«¿Bajo qué criterios un dueño de empresa decide bloquear las cuentas de presidentes del mundo, de poderes públicos o de ciudadanos comunes?», se preguntó retóricamente el también director de LaIguana.TV.
 
En su parecer, si algún Estado bloquea una cuenta, por más odiosa que resulte la decisión, lo está haciendo un Estado, mas eso no es equivalente a que empresas decidan bloquear a personas y se erijan censores universales, habilitados por obra y gracia del capital, en quienes dictaminan qué se puede o no decir o quién puede o no decirlo. 
 
De otro lado, aunque es cierto que Trump «podría» usar esas plataformas para hacer incitaciones al odio y a la violencia, lo que no es verdad es que se trate de una conducta inédita, pues en su campaña de 2016 profirió multitud de mensajes con abierto contenido racista y xenófobo, particularmente en Twitter y la labor de Facebook, en mancuerna con una empresa de datos británica, fue decisiva para su victoria en los comicios de ese año. 
 
Así las cosas, inquirió, si se tratara de un incumplimiento de las normativas de estas compañías, ¿por qué decidieron aplicarlas solo ahora, cuando antes se habían hecho de la vista gorda?
 
Miguel Ángel Pérez Pirela considera que la razón real no es jurídica sino política, razón por la cual, aplaudir el bloqueo de las cuentas del todavía presidente estadounidense, equivale a celebrar que Mark Zuckerberg y otros empresarios similares decidan qué se puede decir y pensar. 
 
Adicionalmente, recordó, las redes sociales han sido utilizadas en otras oportunidades para alentar al odio y a la desestabilización, como ocurrió durante las llamadas «Primaveras Árabes». Entonces, se difundieron multitud de mensajes en plataformas como Twitter o Facebook orientados a soliviantar a las masas contra lo que, se sostenía, eran regímenes autoritarios. 
 
La resulta de todo esta proceso, comentó, fue la caída de numerosos gobiernos y el inicio de una ola de inestabilidad política e intervenciones directas o indirectas de los Estados Unidos y la OTAN en esos países y no la supuesta democracia. 
 
Por su parte, Twitter, con diferencia la red social preferida del mandatario, se excusó diciendo que en su «marco de interés público», no debía usarse la plataforma «para incitar a la violencia», pero a juzgar por sus inconsistentes actuaciones, bien cabría preguntarse cuáles son los criterios que usa esa compañía para definir qué es la incitación a la violencia. 
 
El mejor ejemplo de esto es la bloqueada cuenta de Trump, que para el momento de su suspensión definitiva, contaba con 88 millones de seguidores y fue usada reiteradamente para difundir mensajes racistas y xenófobos e inclusive, para lanzar acusaciones de fraude electoral.  
 
Tras el incidente, el aún presidente anunció que no asistirá a la toma de posesión de Joe Biden, prevista para el próximo 20 de enero, al tiempo que alentó a sus seguidores a mantenerse unidos. También dijo que podría lanzar una red social propia. 
 
La ‘cybercracia’: la dictadura actúa desde Silicon Valley y cuyo poder sobrepasa al del presidente de EEUU
 
En opinión de Pérez Pirela, en la actualidad, el poder en manos de quienes controlan el tráfico en internet, es decir, en Silicon Valley (California), quienes han articulado una suerte de ‘cybercracia’ o de dictadura global desde las redes. 
 
Las críticas y advertencias sobre esta pretensión de gobernanza global a través de la red, no proviene solamente de sectores de la izquierda política, pues incluso algunos republicanos, como Ted Cruz o Rudolf Giuliani, han cuestionado por qué un puñado de millonarios de Silicon Valley tiene el monopolio del discurso político y se han preguntado quién será el próximo en ser silenciado. 
 
Para el filósofo venezolano, lo ocurrido la semana pasada en el Capitolio estadounidense, será el precedente que se invoque para iniciar una era de mayor control a través de las redes sociales, en la que Silicon Valley y sus jóvenes nerds, se erigen como una suerte de censores universales.
 
Empero, tras la polémica, los mercados bursátiles sancionaron a estas compañías, resultando especialmente afectada Twitter, pues al inicio de la jornada de este lunes en Wall Street, sus acciones cayeron 12% y perdió casi 5.000 millones de dólares, aunque esto se corrigió y al cierre, la pérdida se calculaba en casi un 4%.
 
Tampoco salió indemne Facebook, si bien sus pérdidas fueron mucho menores, computándose por debajo del 2%.
 
Pese a lo antes dicho, el comunicador invitó a la audiencia a recordar que la pandemia había alterado significativamente las maneras de comunicarnos y relacionarnos y en las nuevas formas de comunicación y relación, las redes sociales constituyeron un ecosistema necesario y privilegiado para la numerosa –y creciente– cantidad de usuarios que se vieron forzados a permanecer encerrados durante semanas o meses. 
 
Gracias a la ‘Big Data’, explicó, estas empresas recopilan datos de los usuarios proporcionados por ellos mismos  que les permiten, por un lado, optimizar sus algoritmos para anticiparse a sus deseos y por otro, venderle esa información terceros, que se encargan de vender más eficazmente sus mercancías, tanto materiales como simbólicas.  
 
Así las cosas, si estas empresas fueron capaces de bloquear la cuenta del presidente de los Estados Unidos, quien simbólicamente es presentado como el hombre más poderoso del mundo, ello demuestra que, efectivamente, son más poderosas que él y, además, manejan otro tipo de información que él, ni queriéndolo, podría manejar: qué quieren los usuarios. 
 
Estimaciones del G-20 –grupo de países con las 20 mayores economías del mundo– consultadas por el analista para el programa, indican que unas 4.700 millones de personas están conectadas a internet y casi dos tercios posee un teléfono inteligente, y durante 2020, pese a la contracción económica que generó la pandemia, estas empresas «tecnológicas» incrementaron sus ganancias en 42%. 
 
La socióloga mexicana Sayak Valencia denomina a esta gubernamentalidad ‘glotaritarismo’, una forma de ejercicio del poder que se soporta en tiranías locales basadas en un gobierno descentralizado de los países guiado a través de internet y el hecho de que ya no sea un Estado el que bloquee a un usuario o a otro país, sino que lo haga un poder que está por encima de los Estados, es suficientemente elocuente al respecto. 
 
Para Valencia, esta psicopolítica –control de los pensamientos, de la mente humana–, se vale del ‘livestream’, las ‘fake news’ y las llamadas burbujas de ocio, para esclavizar a las poblaciones, ejerciendo un control prácticamente total sobre la vida cotidiana de las personas, particularmente la de niños y jóvenes. 
 
¿Tenemos seis dueños? Las empresas que nos controlan
 
En la misma tónica de lo expuesto por Sayak Valencia, Pérez Pirela presentó datos que muestran que, en lugar de ser controlados por Estados, lo estamos siendo cada vez más por seis compañías «de tecnología» cuyo enorme alcance y capital las perfila como las verdaderas dueñas del mundo, personas incluidas. 
 
La lista la encabeza Microsoft, que desde 1990 produce ganancias anuales superiores a los 1,5 trillones de dólares. Le sigue Apple, caracterizada por su sistema cerrado y la fabricación de ‘hardware’ y ‘software’, cuyos beneficios se estiman en unos dos trillones de dólares al año, al punto de que, si fuera un país, tendría la novena economía del mundo. 
 
La tercera posición es ocupada por Amazon, cuyas ganancias anuales superaron los 100.000 millones de dólares en 2015 y actualmente computa 1,2 trillones y en cuarto lugar está Alphabet, la casa matriz de Google, con 1,1 trillones de dólares en dividendos anuales. 
 
La quinta casilla la ocupa Facebook, que aunque es cuestionada por no resguardar la privacidad de sus usuarios, ha conseguido que estos permanezcan leales. La empresa de Zuckerberg acumula anualmente unos 765.000 millones de dólares. 
 
La lista la cierran la surcoreana Samsung, que ha experimentado un crecimiento significativo en la última década y es el mayor oponente de Apple, y SpaceX, propiedad del millonario Elon Musk, quien está enfocado en el llamado «turismo espacial». 
 
Además de acumular ganancias, estas trasnacionales intentaron limpiar su imagen durante la pandemia, donando millones de dólares para «proteger a los trabajadores sanitarios», pero en realidad consiguieron hacerse del control de una gran cantidad de datos sanitarios correspondientes a millones de personas en todo el mundo, en una expresión categórica de lo que el filósofo francés Michel Foucault llamó el biopoder. 
 
Lo antes expuesto, permite concluir que estas empresas tienen más poder económico que muchos Estados, tienen más poder que el presidente de los Estados Unidos y se hicieron más «indispensables» en el contexto de la pandemia, pues son la fuente de comunicación e información entre los individuos. 
 
WhatsApp, el macho maltratador: o aceptas mis políticas o te vas a otra red social
 
Para finalizar, el experto hizo referencia a las condiciones abusivas que el servicio de mensajería WhatsApp –propiedad de Facebook– intenta imponer a sus usuarios bajo odioso chantaje: o las aceptan o deben migrar a otra plataforma.
 
La nueva política empezará a regir a partir del 8 de febrero y los cambios se refieren a los datos recopilados y a su tratamiento, así como a la forma que los negocios pueden usar sus servicios y gestionar sus conversaciones con los usuarios. 
 
En pocas palabras, puntualizó Pérez Pirela, Facebook y WhatsApp están forzando a sus usuarios a firmar un contrato social para que cedan sus datos y ellos puedan vendérselos a empresas que, a su vez, venden mercancías, incluso simbólicas, como procesos electorales. 
 
Entre los datos de los cuales podrá disponer la empresa sin que tenga que mediar para ello una autorización del usuario, están: el número de teléfono que usamos para crear la cuenta, la ubicación del dispositivo, los mensajes, el perfil, la agenda de contactos, los estados compartidos y los datos de pago. 
 
Adicionalmente, la aplicación recopilará información sobre la interacción del usuario, sobre el modelo de dispositivo que usa, acerca de su conexión, del nivel de carga de la batería, la dirección IP y la versión del sistema operativo. 
 
Ante esto, se prevé una migración masiva de usuarios desde esta plataforma hacia Telegram, conocida por sus políticas de privacidad hacia los usuarios. 
 
De otro lado, enfatizó que estas medidas no serán aplicadas universalmente, pues en la Unión Europea y en Gran Bretaña existe una ley que impide que estas empresas accedan a la información de los usuarios, tal y como lo está planteando WhatsApp. Se trata del único bloque –salvo China– que puede detener esta oleada abusiva contra los ciudadanos de parte de estas empresas tecnológicas.

 

(LaIguana.TV)

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