Peter Daszak, uno de los miembros de la delegación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que viajó a China este año para investigar el origen del SARS-CoV-2, virus responsable de la COVID-19, considera que «la fuente más probable de la pandemia» fueron las granjas de vida silvestre en el sur de China.

Daszak, quien es un ecologista de enfermedades perteneciente a la Organización No Gubernamental EcoHealth Alliance, dijo a la National Public Radio (NPR) de los Estados Unidos que aunque «China cerró esas granjas de vida silvestre en febrero de 2020», durante el viaje, «el equipo de la OMS encontró nueva evidencia de que estas granjas de vida silvestre estaban suministrando animales a los vendedores en el mercado mayorista de mariscos de Huanan en Wuhan», espacio que fuera identificado por los epidemiólogos chinos como el foco primario de transmisión de la enfermedad.

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El científico fundamentó su apreciación principalmente en la respuesta gubernamental de Beijing. Según apuntó, se habría optado por cerrar las granjas silvestres –que formaban parte de un proyecto gubernamental con más de 20 años de duración– debido a que el gobierno chino «pensaba que esas granjas eran la vía más probable para que un coronavirus en murciélagos en el sur de China llegara a los humanos en Wuhan».

«China cierra ese camino por una razón» (…), la razón fue que, en febrero de 2020, creían que esta era la vía más probable [para que el coronavirus se propagara a Wuhan]», sostuvo Daszak.

En esas granjas, detalló, se criaba en cautiverio a «animales exóticos como civetas, puercoespines, pangolines, perros mapaches y ratas bambú». En ese orden de ideas, refirió que «China promovió la cría de vida silvestre como una forma de sacar a las poblaciones rurales de la pobreza» y efectivamente, datos disponibles muestran que habrían coadyuvado al cierre de la brecha que existe entre las zonas rurales y urbanas del país.

Según cifras de 2016 mencionadas por el ecologista de enfermedades durante su conversación con la NPR, unos 14 millones de personas estaban empleadas en las granjas de vida silvestre y la industria tenía un tamaño equivalente a 70.000 millones de dólares.

En la misma línea de argumentación Dazsak sostuvo que el 24 de febrero de 2020, las autoridades chinas declararon que detendrían la cría de animales silvestres «como alimento» y el proceso se concretó rápidamente, pues se «enviaron instrucciones a los granjeros sobre cómo deshacerse de los animales de manera segura, para enterrarlos, matarlos o quemarlos de manera tal que no se propagaran enfermedades».

A su parecer, la única explicación tras este movimiento es que en China se creía que muy probablemente «estas granjas podrían ser el lugar (…) donde el coronavirus pasó de un murciélago a otro animal y luego a las personas», razón por la cual estimó que muy posiblemente «el SARS-CoV-2 se introdujo por primera vez en la gente del sur de China».

El equipo de virólogos que acudió al país asiático a inicios de 2020 no obvió el hecho de que muchas de estas granjas se ubicaban en la sureña provincia de Yunnan o en sus alrededores, donde se identificó «un virus de murciélago que es genéticamente similar en un 96% al SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la enfermedad COVID-19» y tampoco dejó de lado que allí se criaban «animales que se sabe que son portadores de coronavirus, como gatos de algalia y pangolines», sintetiza NPR.

Además, durante su visita, la misión de la OMS encontró evidencia adicional de que las granjas proveían al mercado de mayoristas de Huanan (Wuhan), fuente del primer brote de COVID-19 en el mundo, enfermedad que entonces era calificada como una especie de neumonía, aunque también ha contemplado la posibilidad de que el murciélago infectado proviniera de la vecina Myanmar.

«Sin duda, hubo una transmisión masiva en ese mercado», aseguró Linfa Wang, virólogo especializado en virus de murciélagos en la Escuela de Medicina de la Duke-NUS en Singapur, que también formó parte del equipo de investigación de la OMS en China, una opinión que es compartida por otros miembros de ese grupo.

En el transcurso de las próximas dos semanas, la OMS presentará un informe con algunas conclusiones a las que arribaron los investigadores, pero el trabajo aún no culmina. Para Daszak, aún es preciso identificar tanto la especie como la granja específica en la se estableció la cadena de transmisión entre el murciélago y los seres humanos.

(LaIguana.TV)

 

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