Alemania vivirá una Semana Santa en confinamiento tras el avance de la variante británica de covid-19 en ese país. Así lo decidió la administración de Ángela Merkel tras acordar con los 16 estados federados un endurecimiento de las restricciones de la vida pública que se extenderá hasta el 18 de abril, a fin de frenar la tercera ola de contagios que azota a ese país.

“Un tiempo de calma”. Así denominó el gobierno alemán al endurecimiento que regirá desde el 1 al 5 de abril próximos. Durante esos días, la mayoría de los comercios estarán cerrados y los oficios religiosos se anularán o se celebrarán online para frenar «la nueva pandemia» provocada por la variante británica, explicaron.

Esa variación es “claramente más letal, más infecciosa y contagiosa durante más tiempo”, definió la canciller, muy seria, durante una rueda de prensa. “El número de casos aumenta exponencialmente y las camas de cuidados intensivos se vuelven a llenar», advirtió.

Por eso se activará el dispositivo de «freno de emergencia» negociado a principios de marzo durante 12 reuniones con todos los gobiernos locales. El objetivo es bajar la tasa de incidencia a 100 y evitar la saturación en los servicios de reanimación. El lunes, ese indicador alcanzaba los 107,3 casos por 100 mil personas, en constante aumento desde hace unas semanas, con más de 7.700 casos nuevos y 50 muertes registradas.

Por estos números, los festivos habituales del Viernes Santo y el lunes de Pascua se sumarán este año por la pandemia otras dos jornadas extra, la del jueves previo y la del martes siguiente, que contarán a efectos prácticos como festivos, explicó Merkel.

«Vemos la intensidad del crecimiento exponencial y creo que los días extra de Semana Santa serán una contribución a los esfuerzos para controlar la pandemia», afirmó la canciller.

Si bien las restricciones están previstas para la Semana Santa, hay otras medidas que se impondrán hasta el 18 de abril: límites de participantes en reuniones privadas, cierre de comercios no esenciales y de lugares culturales y ocio, como los clubes deportivos.

De momento se descartó la imposición de toques de queda locales y el cierre de los colegios.

Una exhortación por las vacunas

En la lucha contra el coronavirus, el gobierno central y las regiones también apuestan por la campaña de vacunación, que no avanza a la velocidad deseada.

Hasta ahora recibieron las dos dosis de la vacuna tan sólo 3.345.235 personas, un 4 por ciento de la población, y al menos una dosis 7.523.137 alemanes, es decir el 9 por ciento del total de habitantes en todo el país.

«Estamos en una carrera por la vacunación, que debe ser eficaz lo antes posible», advirtió Merkel y alzó la voz contra la anglo-sueca AstraZeneca, que acumula retrasos en las entregas de vacunas. Dijo que apoya la amenaza de la Unión Europea de bloquear sus exportaciones fuera de Europa.

Suspender el turismo

Por su parte, el ministro de la Cancillería alemana, Helge Braun, insistió en el problema que entrañan los viajes al extranjero. «Los viajes por razones turísticas son en estos momentos realmente un problema», dijo.

No se trata de si la incidencia acumulada es mayor o menor en un país u en otro, sino de que «posiblemente en destinos turísticos se junten personas con las más diversas mutaciones del virus», agregó.

El objetivo del gobierno es aplicar más que nunca el principio de «nos quedamos en casa» para tener «un buen verano», es decir, «no gastar ahora recursos que después hubiéramos necesitado con urgencia», señaló.

Según Braun, el gobierno espera de las compañías aéreas que realicen tests a todos los pasajeros antes del regreso a Alemania. «Vivimos en una pandemia global y por lo tanto, el que entre en Alemania debe ser testado», resumió.

Agregó que el deseo es permitir para el verano «la mayor libertad posible», algo que se vería dificultado si se viaja por turismo en Semana Santa.

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