Análisis previos de Miguel Ángel Pérez Pirela apuntaban a que el mandatario estadounidense, Joe Biden, estaría apuntalando una estrategia de política internacional sustentada en una reedición contemporánea de la Guerra Fría, conflicto que protagonizaran los EEUU y la extinta Unión Soviética durante poco más de cuatro décadas, pero ahora centrada en Rusia y China como enemigos de su hegemonía en el marco de la construcción de un mundo unipolar. 
 
Los hechos le han concedido razón, apuntó al inicio de su programa Desde Donde Sea, pues está claro que Biden se ha demostrado un presidente belicista –hecho gravísimo, por mérito propio– y muchas de las acciones concretas que ha emprendido en esa dirección, parecen calcadas de la administración de su predecesor. 
 
Ante esto, refirió que la respuesta integral a esta escalada de agresiones se produjo este 21 de abril, cuando el presidente de Rusia, Vladimir Putin dijo ante su discurso anual ante la Duma –Parlamento– que «los autores de provocaciones que amenacen intereses de la seguridad de Rusia, se arrepentirán como no se han arrepentido desde hace mucho tiempo». 
 
Con estas duras declaraciones, Putin replicó a una batería de amenazas, sanciones y ataques directos, incluso sobre su persona, puesto que aparentemente, la conversación que sostuvieron los mandatarios en días pasados, no tuvo los resultados deseados. 
 
Rusia se harta de poner la otra mejilla y advierte que no tolerará más ataques
 
En su mensaje anual ante la Duma, el presidente ruso destacó que las acciones hostiles contra su país, no cesan, una afirmación que Pérez Pirela calificó como irrefutablemente cierta, en tanto hasta países como Colombia, fiel aliado de Washington en América Latina,  denunció una supuesta violación de su espacio aéreo por aviones rusos.
 
A su parecer, esta situación guarda similitudes con la escalada de provocaciones que desde Bogotá, alentada por EEUU, se hacen contra Venezuela, con el propósito de desatar una guerra entre las dos naciones, situación para que el gobierno de Iván Duque y la oligarquía colombiana se han prestado a toda regla.  
 
En todo caso, el mandatario ruso empezó a elevar el tono y durante su intervención indicó que «el querer culpar a Rusia por cualquier motivo y, más a menudo, sin ningún motivo en absoluto, se convirtió en un tipo de deporte para algunos países», razón por la cual Moscú establecerá en cada caso concreto «una línea roja» en sus relaciones con los países agresores.
 
«Nos comportamos a este respecto con moderación. Lo diré directamente, sin ironía. Se puede decir, modestamente: a menudo no respondemos no solo a las acciones hostiles sino a la grosería franca», dijo al respecto.
 
El mandatario también mencionó que Rusia construye sus relaciones con la «gran mayoría de los Estados, incluyendo los países europeos, basándose en el respeto mutuo». «Rusia quiere tener buenas relaciones con todos los miembros de la comunidad internacional», agregó.
 
De otro lado, para frenar cualquier tentativa de acusación relacionada con incitaciones belicistas, advirtió: «No queremos quemar puentes, pero si alguien percibe nuestras buenas intenciones como indiferencia o debilidad y tiene la intención de hacer explotar estos puentes, debe saber que la respuesta de Rusia será asimétrica, rápida y dura».
 
Al otro lado del tablero, se pronuncia el Comando Estratégico de EEUU
 
Charles Richard, jefe del Comando Estratégico de los EEUU, se pronunció en términos belicistas, al aludir a las crecientes tensiones con Rusia y China. 
 
«Por primera vez avanzamos hacia una confrontación con dos adversarios con capacidades nucleares», dijo, y no descartó que los conflictos actuales en la palestra internacional puedan degenerar rápidamente en una confrontación nuclear, pues a su parecer, «China y Rusia desafían la fuerza de EEUU a través de una amplia gama de actividades que requiere una respuesta concertada e integrada del gobierno».
 
Por otra parte, aunque reconoció que su país avanzaba hacia la confrontación con dos naciones con poderío nuclear, señaló que debía disuadírseles «de manera diferente». Para Pérez Pirela, la aplicación de sanciones –particularmente sobre China, quien posee gran parte de la deuda estadounidense– es completamente ineficaz para frenar su avance. 
 
Asimismo, en su opinión, EEUU parece dejar fuera de la ecuación que es altamente dependiente de la importación de mercancías desde el país asiático y su liderazgo biotecnológico quedó en entredicho, luego de su pobre respuesta a la emergencia sanitaria, incluyendo la producción de vacunas, una carrera que Rusia ganó con amplia ventaja, pues sus científicos sintetizaron tres inmunizadores distintos contra la COVID-19 y uno de ellos, la Sputnik V, ha exhibido altos niveles de eficacia y seguridad, así como facilidad de transporte, razón por la cual decenas de países la demandan y hasta se aventuran a producirla. 
 
A pesar de lo antes dicho, sintetizó el también director de LaIguana.TV, el gobierno de Joe Biden insiste en responder con sanciones y acusaciones infundadas contra Moscú relativas a una supuesta intervención en los resultados de los comicios de noviembre pasado en favor de Donald Trump, mandatario que aplicó sucesivas rondas de sanciones sobre Rusia.
 
Richard considera como «un signo preocupante»  la cooperación estratégica entre los dos países, citando como ejemplo unos recientes los ejercicios conjuntos y tampoco pierde de vista que China continúa avanzando en la modernización nuclear, con miras a alcanzar los objetivos de largo alcance para frenar la proyección de largo alcance de EEUU en el Indopacífico y suplantar a la nación norteamericana como el socio de seguridad preferido de los países de esa región.
 
En cuanto a Rusia, reconoció que las armas nucleares siguen siendo un elemento fundamental de la estrategia de seguridad de ese país, que está finalizando su campaña de modernización de la tríada estratégica y los sistemas de doble uso.
 
«¿Qué pretende EEUU? ¿Que Rusia y China frenen su desarrollo militar y tecnológico?», se preguntó retóricamente Pérez Pirela, pues ese país atraviesa acaso por la peor crisis de su historia y ese evento ha traído como consecuencia la aceleración de la caída del mundo unipolar y el nacimiento de un mundo multipolar –en términos militares, financieros, comerciales, de alianzas estratégicas–, cuya emergencia no podrá detenerse con sanciones ni acusaciones infundadas. 
 
En el mismo orden de una eventual contienda nuclear, el Comando Estratégico de EEUU mencionó que también Corea del Norte representa un desafío para la seguridad de ese país, ya que, según Richard, Pyongyang «continúa realizando actividades que amenazan la estabilidad regional y desafían las normas internacionales», ello pese a que su nación suele dejar de lado todo lo establecido en la legislación internacional, si obstaculiza sus intereses, completó el analista venezolano.
 
El jefe militar tampoco desaprovechó la ocasión para referirse a Irán, asegurando que ese país posee del mayor arsenal de misiles balísticos de todo el Medio Oriente y «seguirá siendo una fuerza desestabilizadora en la región». 
 
En resumen, Richard aseguró que «la particularidad del conflicto actual consiste en que no es lineal ni predecible y alienta a la posibilidad de que este conflicto cree unas condiciones que podrían llevar muy rápidamente a un adversario a considerar el uso de armas nucleares como la opción menos mala». 
 
Con esta narrativa, puntualizó Pérez Pirela, el militar estadounidense desempolva una retórica de la que ya echara mano el gobierno de George Bush hijo a inicios del siglo: la guerra preventiva, doctrina según la cual EEUU se arroga el derecho acusar a países por acciones que presuntamente harían –pero que no han hecho–, para luego proceder a bombardearlos.
 
En el mismo orden, catalogó como un acto sarcástico y cínico el que EEUU acuse a otras naciones de pretender desatar un conflicto nuclear, cuando es la única que ha hecho uso de armamento nuclear –dos veces, en Hiroshima y Nagasaki–, sendos actos criminales que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial. 
 
Antes de Putin, ya la diplomacia rusa había advertido que estaba cerca del límite
 
El comunicador recordó que antes de las indudablemente subidas de tono declaraciones del presidente ruso, la diplomacia rusa había venido respondiendo paulatinamente a las agresiones sucesivas procedentes de Washington y de un puñado de países que se sumaron a su reedición de la Guerra Fría.
 
Así, relató que a principios de abril, el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, declaró que Washington se comporta como «un gamberro de patio». Según Lavrov, citó, «ahora se ha puesto de moda describir lo que pasa con ejemplos tomados de la vida. Todos jugamos en el patio en la infancia y siempre había dos o tres gamberros –bravucones– principales que controlaban a todos y les quitaban el dinero, pero pasaron dos, tres, cuatro años y estos pequeños niños crecieron y fueron capaces de responder. Ni siquiera necesitamos crecer. No buscamos ningún enfrentamiento». 
 
Pérez Pirela también aludió a lo ulteriormente señalado por el portavoz del Kremlin, Dimitri Peshkov, quien secundó a Lavrov diciendo: «nunca hemos representado ni representamos una amenaza para nadie, pero, por supuesto, nunca permitiremos que nadie, incluso Estados Unidos, nos amenace, nos dicta algo e infrinja nuestros intereses».
 
Lo anterior es reflejo de la refriega que ambos países mantienen en las arenas diplomáticas, comentó, pues el en presente, las relaciones están en uno de sus peores momentos, comparable al fin de la Guerra Fría en 1991, incluso a pesar de la reciente conversación entre Putin y Biden.
 
Entre las medidas tomadas por Rusia se destacan la la expulsión de 10 empleados de la embajada de Washington en Moscú, quienes tienen hasta el próximo 22 de mayo para  abandonar el país. 
 
Este es el más reciente ‘impasse’ dentro de una zaga de disputas y acusaciones diplomáticas entre ambos países, pues el embajador ruso en Washington, Anatoli Antónov, fue llamado a consultan luego que Biden dijera que el presidente ruso es un asesino y amenazara con hacerle pagar por una presunta interferencia en las elecciones del 3 de noviembre de 2020.
 
EEUU apuesta por copiarse las sanciones de Obama y Trump contra Moscú
 
Del otro lado del tablero, el pasado 15 de abril, EEUU impulsó nuevas medidas coercitivas unilaterales contra varios ciudadanos y entidades rusas por esas supuestas interferencias, así como por el ciberataque a la firma estadounidense Solar Winds. Pese a la gravedad de las acusaciones, la administración Biden prescindió de presentar prueba alguna.
 
Aunque parezca contradictorio, desde el gobierno de EEUU, diversos funcionarios han reiterado en varias ocasiones que su país busca una relación «estable» y «predecible» con Moscú, aunque sus declaraciones y las órdenes ejecutivas apunten en dirección opuesta.
 
Sin embargo, el experto criollo precisó que dicha contradicción no es exclusiva de la relación con Rusia, sino que es transversal a todo el gobierno de Biden, pues, en general,  vocerías de distinto cuño acostumbran a declarar en unos términos que no se corresponden con las acciones efectivas que se implementan.
 
En todo caso, estos movimientos en Washington parecen indicar que EEUU pretende frenar el avance de Rusia y China a través de «bobas sanciones», que además son casi una copia exacta en motivos, cantidad y calidad a las que aplicaran en su día Donald Trump y Barack Hussein Obama. 
 
Concretamente, en esta ocasión la Casa Blanca acusa sin respaldo a la inteligencia rusa de haber ejecutado un ataque masivo a través de la empresa Solar Winds, resaltando que entre las empresas sancionadas se encuentra una privada, Positive Tecnology, que estaba a punto de incursionar en el mercado bursátil, una jugada que para Pérez Pirela es muy similar a la que aplicara Trump contra las tecnológicas chinas Huawei y TikTok para evitar su expansión. 
 
A esto se suma que este paquete nuevo contiene una medida de coacción para que Rusia ceda o cambie su postura en relación con el gasoducto Nord Stream2, que llevaría gas ruso a la los países de la Unión Europea y boicotearía la influencia de EEUU en el bloque comunitario. 
 
Desde el punto de vista de Pérez Pirela, las tensiones diplomáticas ya empiezan a mostrar sus efectos en las arenas geopolíticas y para ilustrar su punto, refirió que el pasado 19 de abril, el departamento de Estado calificó como «escalada sin provocación» la decisión rusa de limitar la navegación de embarcaciones militares y oficiales extranjeras en tres zonas del Mar Negro, decisión que podría tener impacto en el acceso a los puertos ucranianos.
 
Un portavoz acusó a Moscú de adoptar esta decisión con el propósito de «socavar y desestabilizar Ucrania», país en el que se ha registrado una intensificación de los combates entre el ejército ucraniano y separatistas prorrusos en la frontera este (Donbass). 
 
La era Biden cambió la retórica de las dos potencias
 
Con base en lo expuesto en un trabajo periodístico publicado por France24, el filósofo venezolano presentó algunas evidencias de lo que ya los expertos no dudan en calificar como un cambio sustantivo en la retórica de dos potencias, hoy plenamente transparente gracias a la imposición de un nuevo paquete de sanciones con base en una acusación sobre presunta injerencia electoral, «una rivalidad personal imposible de ignorar y una competencia geopolítica activa». 
 
A ese respecto, el portal refiere que el periodista Bill Oreiri le dijo una vez a Donald Trump que Putin «era un asesino», a lo que Trump respondió: «tenemos muchos asesinos. Y bueno, ¿crees que nuestro país es inocente?», una respuesta que dista abismalmente a la que ofreciera el actual gobernante, que lejos de hacerse eco de un comentario proferido por un tercero, le acusó directamente. 
 
Desde el punto de vista de Obama, recuerda France24, Rusia era un país irrelevante y una potencia en declive, pero pocos años después, EEUU y Reino Unido señalan a Rusia como una «gran amenaza» y de su lado, Rusia prefiere ser malinterpretada a no ser tenida en cuenta en absoluto. Por eso, explican que en su primera reacción tras haber sido tildado de «asesino» por un homólogo, el presidente ruso deseó buena salud a Biden y dijo: «Cuando se da una valoración a otras personas o a otros Estados, es como que si uno se mirase al espejo». 
 
En el criterio del sitio informativo francés, el compromiso de Biden con el excepcionalismo estadounidense siempre fue más claro que el de Trump y el Kremlin lo considera peligroso y en ese orden de ideas, destacaron que precisamente, este mes The Washington Post reveló, haciendo referencia a un informe secreto elaborado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), que Putin podría encontrarse detrás de una campaña del 2020 que tuvo como objetivo desacreditar al entonces candidato demócrata a la presidencia de EEUU. 
 
De parte de la Casa Blanca se acusa a Putin de haber apoyado a Trump y de haber hackeado el sistema electoral estadounidense, a pesar de que en su gestión el expresidente dictó varias órdenes ejecutivas contentivas de sanciones contra Rusia. 
 
No obstante, The Washington Post sostiene que se trataba de acciones orientadas a moldear actitudes públicas y, posiblemente, para influir en el comportamiento de los votantes a través de una campaña de relaciones públicas negativas contra uno de los candidatos y una campaña positiva del otro. En una frase: una campaña de información, esta  vez, sin robo de datos.
 
En opinión de Miguel Ángel Pérez Pirela, estas metodologías utilizadas recuerdan mucho a la Guerra Fría y no es anodino que las relaciones diplomáticas entre los dos países estén tan mal como a inicios de la década de 1990, justamente en los estertores del prolongado conflicto.
 
Vladimir Frolov, analista político y columnista de Moscow Times, asegura, por su parte, antes que los norteamericanos, son los rusos «los que creen que EEUU intervienen de manera similar en las elecciones rusas y que esto es simplemente parte de la competencia geoestratégica».
 
Biden cree tener razones para considerar la rivalidad con Putin como algo personal. Considera, asimismo, que el Kremlin está detrás de grabaciones manipuladas de conversaciones entre el entonces vicepresidente Biden y el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, que intentaron manchar su campaña y en este momento, todavía se esperan todavía más sanciones contra los líderes rusos, aunque esas personas ya sean objeto de bloqueos por parte de las agencias estadounidenses. 
 
Pese a estos duros intercambios, Washington y Moscú no han cerrado sus canales de comunicación. «Creo que podemos trabajar con Rusia en temas clave, incluida la cuestión nuclear, donde solo en las últimas semanas hemos extendido el acuerdo Novo Stark por cinco años», dijo un asesor de seguridad el pasado lunes y Antony Blinken, secretario de Estado de EEUU, invitó a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, a asistir a una conferencia sobre Afganistán en el mes de abril. 
 
Empero, pese a que no todos los hilos se han cortado, es claro que Moscú gira hacia Oriente, pues mientras Blinken lo invitaba a la conferencia, Lavrov viajaba a Beijing en una visita oficial de dos días, en lo que parece ser el preámbulo de un giro compartido para hacer frente al desafío estadounidense. 
 
Esta alianza se expresa en términos militares, estratégicos y económicos y ante los medios, el ministro de Exteriores ruso declaró que «Rusia y China fortalecerán la cooperación estratégica para encarar la hegemonía, el acoso y la arbitrariedad de países como Estados Unidos». 
 
Medios rusos aseguran que todavía están por verse los resultados del traslado de la lucha contra la hegemonía estadounidense del terreno de la ideología al ámbito de la economía y las finanzas. De momento, Moscú vira la cabeza hacia Beijing. 

 

(LaIguana.TV)

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