Tras su salida abrupta durante el gobierno de Donald Trump, EEUU regresó al Acuerdo de París, convenio suscrito en 2015 a partir del cual los países responsables de la mayor cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero se comprometieron a adoptar protocolos orientados a frenar el cambio climático y salvar la vida en el planeta. 
 
A este respecto, el actual mandatario estadounidense, Joe Biden, convocó a una cumbre del clima a celebrarse los días 22 y 23 de abril de 2020 a la que fueron invitados 40 líderes mundiales, con el propósito de suscribir acuerdos que «permitan reducir significativamente las emisiones de carbono».
 
Sin dejar de advertir que perfectamente podría tratarse de una nueva pérdida de tiempo, en una cuenta que no admite más dilaciones, a propósito de celebrarse el Día de la Tierra, el filósofo y comunicador venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela abordó en su programa Desde Donde Sea las consecuencias del calentamiento global y el cambio climático, cuya fuente son las emisiones de gases de efecto invernadero. 
 
El desafío cuasi-imposible: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero
 
Según refirió el experto, las medidas que se han tomado hasta el momento, no son suficientes para evadir un futuro sombrío en el planeta: ya comienzan a escasear el agua y la comida, los desastres naturales se suceden con una frecuencia muy superior al que era habitual.
 
Entre las voces que se alzan para recalcar que «el tiempo se está acabando y hay mucho trabajo por delante para luchar contra el cambio climático», por lo que impera tomar medidas concretas orientadas a frenar este flagelo, está la del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que ante la irrebatible evidencia científica disponible, indicó que «para evitar que la crisis climática se convierta en una catástrofe permanente, debemos limitar el calentamiento global a 1,5 grados Centígrados. para ello debemos lograr que a mediados de siglo, las emisiones netas de gases de efecto invernadero sean de valor cero», comentó.
 
Y si bien un grupo de países que representa dos tercios de la economía mundial, ya se ha comprometido a cumplir con esa meta y representa, sin duda, un indicio alentador, no puede sostenerse solamente a partir de declaraciones, sino que requiere que países, empresas e instituciones financieras se unan para ese fin y pongan en marcha planes concretos. 
 
En criterio del también director de LaIguana.TV, no puede dejarse de lado que los fondos destinados a esta causa suelen ser insuficientes, asunto que en el presente es todavía más grave, pues aunque en la actualidad se están movilizando ingentes recursos para superar la pandemia de COVID-19, en desmedro del calentamiento global, aunque ambos fenómenos están imbricados. 
 
Tampoco la falta de resultados concretos se debe a la carencia de marcos que orienten la acción de los distintos gobiernos, sino que más bien ocurre lo opuesto, en tanto que en el  Acuerdo de París que data de 2015, los países se comprometieron a elaborar sus propios planes de acción climática y a reforzarlos cada quinquenio, sin que se hayan producido cambios significativos, pese a que el mundo se encuentra ante el imperativo de tener que actuar inmediatamente, so pena de la destrucción del planeta.
 
Además, aunque es cierto que muchos gobiernos locales y compañías se han comprometido a lograr emisiones netas de valor cero –se absorbe la misma cantidad de dióxido de carbono que el que genera la actividad humana– para el año 2050 y han emprendido importantes revisiones de sus modelos de negocios, aún resulta imposible apreciar los resultados.
 
Con respecto al tema de los recursos, Pérez Pirela señaló que el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a todos los bancos de desarrollo multilaterales y nacionales que antes de la COP26 –pautada para noviembre de 2021– que adopten políticas claras para financiar la recuperación de la COVID y la transición a economías resilientes en los países en desarrollo, teniendo en cuenta los niveles de deuda agobiantes y las enormes presiones a las que están sometidos los países en el trance de la pandemia, cuyos efectos económicos han sido catastróficos.
 
De todo cuanto habría que hacer para garantizar una estabilización en las condiciones climáticas del planeta, la eliminación del carbón empleado en sector eléctrico, se valora como «el paso más importante» para alcanzar el objetivo de reducir la temperatura global en 1,5 grados», no es, sin embargo, un imposible y hay oportunidad de lograrlo. 
 
De acuerdo con estimaciones consultadas por el comunicador, el consumo mundial de carbón para producción de electricidad debe reducirse para 2030 en 80% por debajo de los niveles de 2010, para lo que las llamadas «economías desarrolladas» tendrían que comprometerse a eliminar el carbón para 2030 y los demás países deben hacerlo en 2040. Se espera, asimismo, que la COP26 en noviembre marque el fin del uso del carbón.
 
Por otro lado, a su parecer, es acuciante pasar de las palabras a la acción, puesto que los países que menos han contribuido al cambio climático, son los que sufren sus peores efectos, como es el caso de muchas naciones insulares, cuya existencia está supeditada una intensificación en la respuesta global ante el flagelo.
 
En términos concretos, esto implica que los «países desarrollados» deben honrar el compromiso asumido relativo a la movilización de 100.000 millones de dólares anuales para duplicar los niveles actuales de financiación para el clima, cuyo fin último es poner fin a la financiación internacional del carbón y desviar el subsidio que hoy reciben los combustibles fósiles hacia las energías renovables.
 
Además de la Cumbre sobre el Clima convocada por Biden y la COP26, iniciativa a cargo de la ONU, el también director de LaIguana.TV comentó que hay expectativas sobre la venidera cumbre del G7 –países con las siete mayores economías del mundo– que se celebrará en junio, pues algunos valoran que puede ser una «muy buena oportunidad» para que los países ricos asuman los compromisos financieros necesarios que garanticen el éxito de la COP26, muy dependiente de las acciones específicas que ellos adopten. 
 
A lo anterior ha de sumarse que alcanzar la meta de cero emisiones de gases del efecto invernadero, pasa por la sustitución de energías contaminantes por energías limpias, especialmente la eólica y en ese sentido, destaca China, país que ha asumido la vanguardia en la tecnología asociada con la producción de esta clase de fuentes de energéticas. 
 
Los desastres naturales, efectos tangibles del cambio climático
 
Más allá de abstracciones, cifras, metas y compromisos ante organismos unilaterales, los efectos del cambio climático se han sentido en todo el orbe durante las décadas. Así, relató Miguel Ángel Pérez Pirela, solamente en América Latina, la ocurrencia de desastres relacionados con el clima se ha multiplicado por 2,4 desde 1970. 
 
Tomando como ejemplo a Panamá, refirió que durante los últimos 50 años el país centroamericano ha experimentado un incremento en la cantidad de eventos climáticos extremos como lluvias intensas y prolongadas, tormentas de viento, inundaciones, sequías, incendios forestales, deslizamientos de tierra, ciclones tropicales así como el impacto de la oscilación de los fenómenos El Niño y La Niña. 
 
Solamente en 2020, año además atravesado por la pandemia, más de 300 familias perdieron sus hogares en las provincias de Chiquiriquí, Bocas del Toro y Veraguas debido a los efectos indirectos del huracán Eta.
 
Paradójicamente, Panamá, que padece los efectos del cambio climático, es uno de los países carbono negativos del mundo –junto con Bután y Suriname– y ha comprometido una importante extensión de su territorio y sus recursos a mantener este balance que compensa la emisión de gases de efecto invernadero, a lo que se suma que está sentando las bases para aumentar hasta un 70% la energía renovable para 2050 y reforestar cerca de 50.000 hectáreas en todo el país para el mismo año, aumentando así su capacidad de sumidero en unas 2,6 millones de toneladas. 
 
Atravesado por el Canal de Panamá, también ha desarrollado una estrategia que le permita conservar los recursos hídricos que requiere el paso transoceánico e incentiva entre sus usuarios prácticas ecológicas, como el uso de combustibles más limpios, además de medir las emisiones de dióxido de carbono, lo que ahorró al comercio mundial 13 millones de toneladas en 2020.
 
En escala global, cada año desaparecen 10 millones de hectáreas de bosques –una superficie que equivale a la de Islandia– y un millón de especies de animales y plantas, muchas de las cuales permanecieron largamente en las listas de peligro de extinción, sin que, finalmente, se pueda impedir su desaparición. 
 
En todo caso, reflexionó el experto, el aumento de la temperatura global está desencadenando cambios en el planeta que perjudican a las personas, los animales y las plantas, que se traducen en asuntos plenamente visibles como la subida del nivel del mar que afecta a varias ciudades, el cambio en el patrón migratorio de las especies e incluso la desaparición de cultivos.
 
Las endebles promesas de los países ricos para frenar el cambio climático
 
Luego de haber rubricado el Acuerdo de París en 2015, los países responsables de la emisión de mayor cantidad de gases de efecto invernadero se comprometieron a reducir sus emisiones de carbono en distintas proporciones. Sin embargo, subrayó el filósofo venezolano, las fechas tope y los niveles de referencia son variables e incluso han sido modificados a posteriori. 
 
En el caso de la Unión Europea, mencionó que el ente alcanzó un acuerdo según el cual los 27 países miembros se comprometen a reducir las emisiones en un 55% de cara a 2030, con el objetivo de convertirse en el primer continente con emisiones neutras en el año 2050, pero China, que es el país más contaminante del mundo, en 2015 aseguró que en 2030 sus emisiones se reducirían significativamente, aunque luego postergó el compromiso hasta 2060. 
 
En lo que respecta a EEUU, Donald Trump anunció el retiro de su país del Acuerdo entre 2017 y 2020, alegando una necesidad de priorizar la actividad económica, aunque Biden reasumió el compromiso climático a inicios de su mandato, en enero de 2021. 
 
Empero, el Acuerdo de París tampoco parece ser suficiente para detener el cambio climático y frenar sus consecuencias, puesto que según el último Informe sobre las Brechas de Emisiones realizado por la ONU, si no se toman medidas más allá de lo establecido en el Acuerdo, en lo que resta de siglo, la temperatura global se incrementará más de tres grados, con unas consecuencias que ya se proyectan como catastróficas. 
 
28 años de alertas no han bastado para impeler a los gobiernos a actuar contra el cambio climático
 
Con base en documentación precisa, los científicos tienen 28 años alertando, cada vez más con mayor preocupación, acerca de los cambios en el clima y sobre las consecuencias con las que tendrá que lidiar la humanidad, pero en 2020, el calentamiento global siguió aumentando y con él, todos los desastres naturales que produce, se destaca en el Informe Anual de la ONU sobre el Cambio Climático consultado por Pérez Pirela.
 
Así, lluvias, sequías extremas, incendios, aumentos en el nivel del mar se presentaron reiteradamente en distintos puntos del orbe. En el Caribe, por ejemplo, se vivió una temporada de huracanes que rompió todos los récords y la pandemia exacerbó todavía más al pobreza, el hambre y los desplazamientos derivados del cambio climático.
 
Adicionalmente, en el documento se precisa que los efectos derivados de confluencia entre la COVID-19 y el cambio climático, han alejado cada vez más la posibilidad cumplir con los compromisos fijados en el Acuerdo de París.
 
Las series de datos recopiladas por los expertos durante los últimos 28 años, dan cuenta de aumentos significativos de temperatura en la tierra y los océanos, así como cambios en el nivel del mar, acusan el derretimiento de los polos y los glaciares, y demuestran cambios en los patrones de precipitación. 
 
Con respecto a los gases de efecto invernadero, el analista explicó que la ONU alertó que su concentración siguió aumentando durante los años 2019 y 2020. Específicamente, se indica que las fracciones molares de dióxido de carbono promediadas mundialmente ya superaron las 410 partes por millón y se advierte que si el patrón se mantiene, podría alcanzar o superar la cota de las 414 partes por millón en 2021.
 
Además, puntualizó que a contrapelo de lo que indicaban los entusiasmos iniciales relacionados con el efecto benéfico de la pandemia sobre los ecosistemas y el clima, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reconoció que aunque la desaceleración económica a consecuencia de la pandemia detuvo temporalmente las emisiones de gases de efecto invernadero, esto no influyó significativamente en las concentraciones atmosféricas. 
 
En relación con el papel de los océanos en la mitigación de los efectos del cambio climático, las Naciones Unidas advierten que aunque es verdad que absorben cerca del 32% de las emisiones de dióxido de carbono derivados de la actividad humana y actúan como amortiguadores del cambio climático, este ciclo de absorción provoca la acidificación del agua marina, lo que a la postre reduce su capacidad de absorber dióxido de carbono procedente de la atmósfera, con las subsecuentes afectaciones sobre los ecosistemas e incluso en actividades como la pesca. 
 
Las sequías también son un problema derivado del cambio climático y países como EEUU tuvieron que hacer frente entre fines del verano y el otoño de 2020, a los peores incendios de su historia, amén de registrar las más altas temperaturas de los últimos 80 años en el Valle de la Muerte, donde el 12 de agosto el termómetro subió hasta los 54,4 grados Celsius. 
 
En el Caribe, las olas de calor hicieron estragos en abril y en septiembre. Cuba rompió su récord de temperatura el 12 de abril de 2020 (39,7 grados centígrados) y en septiembre, los se rompieron los registros nacionales de Dominica, Granada y Puerto Rico, naciones amenazadas por su condición insular. 
 
La pandemia y el cambio climático
 
El analista recordó que si bien la pandemia afectó a todas las economías del mundo, también legó efectos positivos para el medio ambiente, aunque no al punto de representar un cambio significativo. 
 
Por eso, aunque la parada de fábricas, el descenso en el consumo de energías y las restricciones a la movilidad, ocasionaron una caída de las emisiones de carbono en torno al 7%, la disminución es muy pequeña y la hace inútil para compensar los niveles actuales de emisión. 
 
No ayudó, en su opinión, que China reanudara por completo su actividad económica en pocos meses e inclusive, la ONU destaca que sus emisiones de gases de efecto invernadero computan niveles superiores a los registrados antes de la pandemia. 
 
El organismo también alertó sobre la necesidad de proteger la biodiversidad como medida de prevención de nuevas pandemias, cuya causa última está en el cambio climático, con el desplazamiento de especies hacia otros lugares y aseguró que la diversidad de especies dificulta la transmisión de nuevos patógenos, al tiempo que alertó que la deforestación, la agricultura y la ganadería intensivas, así como el tráfico de animales, favorecen la transmisión de enfermedades infecciosas. 
 
Las resoluciones adoptadas por los países asistentes a la Cumbre del Clima
 
A través de su presidente, Joe Biden, EEUU, país convocante a la Cumbre del Clima, se comprometió a recortar las emisiones de dióxido de carbono de su país entre 50 y 52% con respecto a las cifras de 2005 y a la mitad para finales de la década, así como también a duplicar en 2024 su ayuda a los países en desarrollo para hacer frente al cambio climático, en comparación con los niveles registrados una década atrás. 
 
Pérez Pirela refirió que existen serias dudas sobre su capacidad de cumplir con el compromiso, dada la dividida naturaleza de la política estadounidense, por lo que estas promesas acusan todavía más debilidad, si se considera que 29% de los gases de efecto invernadero provienen del sector transporte y le siguen la generación de electricidad (25%) y las industrias (23%). 
 
Así las cosas, las acciones del plan climático que ha de ponerse en marcha se deben centrar en estos tres campos, muy influidos por el sector de los combustibles fósiles, esto sin contar con que el cumplimiento de lo ofrecido, implicará un cambio enorme en el estilo de vida estadounidense, un asunto cuya concreción se estima muy poco probable, al menos en el corto plazo. 
 
En la práctica, reflexionó el experto, esto significa que aunque los demócratas gocen de la mayoría en ambas cámaras del Congreso, es improbable que el Senado apruebe resoluciones que vayan en contra de los intereses de la poderosa industria de los combustibles fósiles. 
 
Todavía más débiles resultaron las promesas de Japón y Canadá. El primero, que es la tercera economía del mundo, dijo que apunta a reducir las emisiones en 46% para 2030, significativamente más que lo prometido anteriormente, mientras que la nación norteamericana anunció una baja en sus emisiones entre 40 y 40% en relación con los niveles de 2005, en lugar del 30% antes ofrecido. 
 
En el caso de Brasil, su gobernante, Jair Bolsonaro, ampliamente implicado en proyectos ecocidas en la Amazonia, fijó como objetivo alcanzar la neutralidad de carbono en Brasil para 2050 –lo cual supondrá absorber tanto dióxido de carbono como el que se emite– y a eliminar la deforestación en 2030, declaraciones que fueron muy criticadas en el país, dada su evidente talante demagógico. 
 
De su parte, la cancillera alemana, Angela Merkel, se refirió al llamado de Biden: «estoy encantada de ver que Biden ha vuelto» y el primer ministro británico, Boris Johnson, elogió el compromiso de Biden como «un cambio de reglas del juego». 
 
Dejando de lado sus diferencias en áreas acuciantes como el comercio o los derechos humanos, Beijing y Washington se comprometieron hace unos días a cooperar sobre el clima, tras una vista del emisario estadounidense para el clima, John Kerry, quien consideró «suicida» cualquier falta de colaboración. 
 
Por su parte, el presidente chino, Xi Jiping, reiteró su promesa del año pasado de alcanzar la neutralidad de carbono para 2060. 
 
«China seguirá un camino verde y bajo en carbono hacia el desarrollo (…). Esto se realizará, pero durante las próximas décadas», dijo Xi. El mandatario también aseguró que su país espera trabajar con la comunidad internacional, incluso los EEUU, para alcanzar esta meta. 
 
Prometió que China frenará el uso del carbón, acaso la forma de energía más contaminante, si bien la decisión entraña desafíos internos, dada la cantidad de trabajadores asociados al sector minero. 
 
India, tercer mayor emisor de dióxido de carbono en todo el mundo –aunque en términos per cápita, la cifra es significativamente más baja que las de los países de Occidente–, no se propuso nuevas metas pero prometió una nueva asociación con EEUU para impulsar la inversión verde. 
 
En representación de Rusia, su presidente, Vladimir Putin afirmó que cumple con los compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, exhortó a una mayor cooperación y señaló a Biden que el mundo podría bajar la temperatura global si reduce las emisiones de metano, al que corresponde el 20% de las emisiones antropogénicas. 

 

(LaIguana.TV)

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