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En las manifestaciones violentas perpetradas recientemente por la derecha nicaragüense se recurre al empleo de jóvenes incautos —como ocurrió en Venezuela durante las guarimbas de 2017— para posicionarlos ante la comunidad internacional como supuestos “héroes”, cuando en realidad se trata de víctimas de las ambiciones de poder de un pequeño grupo.

 

En las redes sociales y medios de comunicación del país centroamericano se ha posicionado la muerte del joven Álvaro Conrado, de 15 años, quien falleció tras recibir un impacto de bala en el cuello en marco de las protestas, como un referente de dichas acciones sin importar el sufrimiento de su familia.

 

Incluso se ha creado todo tipo de material gráfico, como afiches y caricaturas, para vender la idea de que el menor “murió ayudando” y así eximir de culpa a los dirigentes que han convocado a grupos armados a llenar de violencia las calles de ese país.

 

Este caso, vale destacar, se asemeja considerablemente a la muerte del venezolano Neomar Lander, el joven de 17 años que manipulaba un artefacto explosivo casero durante una manifestación violenta de la oposición, el cual estalló destrozándole el pecho.

 

A Lander, así como lo han hecho con Conrado, lo usó la dirigencia opositora como un referente de las protestas y empleó su caso para aupar aún más la escalada de violencia que enlutó a tantas familias venezolanas. Al punto de convocar protestas en su nombre y promocionar “homenajes” que desembocaron en sucesos lamentables.

 

De esta manera, se evidencia que lo que ocurre en Nicaragua es parte del mismo guion empleado en Venezuela. Son los mismos códigos de violencia en el que opera la misma estructura inhumana para auspiciar una intervención extranjera y así obtener objetivos políticos específicos.

 

(LaIguana.TV)

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