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Un aporreado Mariano Rajoy, luego de ser expulsado del palacio de La Moncloa, lamentó ante los miembros del derechista y profranquista Partido Popular que el cambio de Gobierno se haya dado sin el voto de la ciudadanía. “Las elecciones son la clave de la legitimidad de un Gobierno”, dijo el compungido expresidente.

 

Rajoy fue destituido mediante un voto de censura aprobado la semana pasada. Su puesto es ocupado ahora por Pedro Sánchez, ex candidato del Partido Socialista Obrero Español que perdió con Rajoy en las últimas elecciones. Ascendió al cargo por ser el promotor de la moción.

 

Se trata de un cambio de Gobierno resuelto mediante una fórmula contemplada en las normas constitucionales de un régimen político que presume de ser una democracia parlamentaria moderna y es, a la vez, una monarquía que hace pensar en la Edad Media.

 

En sus lastimeras declaraciones, Rajoy deja ver las contradicciones de una clase política que  habitualmente pretende dar clases de democracia a otras naciones, especialmente a las latinoamericanas, pues al parecer las sigue viendo como las colonias que alguna vez fueron.

 

En abril pasado, el medio de comunicación ibérico HispanTV titulaba una de sus notas: “Rajoy liderará en Europa campaña contra elecciones de Venezuela”. En el texto hacía referencia a que el mandatario y dirigente del Partido Popular encabezaría las acciones contra el proceso electoral en el Viejo Continente.

 

Por esas paradojas de la política, luego del nocaut fulminante que recibió, Rajoy se ha convertido en una voz que clama por convocar al pueblo a las urnas electorales.

 

Un día después de las elecciones venezolanas, Rajoy volvió a cargar contra el proceso comicial, advirtiendo que su país estudiará «medidas oportunas» en el marco de la Unión Europea tras unas elecciones en Venezuela que no respetaron «los mínimos estándares democráticos».

 

Ahora va quedando claro qué significa eso de los estándares internacionales, pues un arreglo entre cúpulas en el seno de un Parlamento, luego ungido por un rey, obviamente sí cumple con tales parámetros, pues nadie en Europa ha denunciado que esa suerte de derrocamiento haya sido ilegítimo. En tanto, unas elecciones en las que participaron 9 millones de votantes, no cumple los referidos estándares.

 

El ahora fenecido Gobierno de Rajoy también rechazó consultas electorales dentro de su país, como fue el caso del referendo de Cataluña, reprimido con una violencia que no logró ocultar ni siquiera la prensa española, que en ese tema es sumamente complaciente.

 

Perdedores que gobiernan

 

Otra de las frases de Rajoy ante sus copartidarios entra en contradicción con su postura no ante Venezuela, sino frente a algunos de quienes fueron sus mejores amigos en el escenario global. Dijo Rajoy que su sucesor, Pedro Sánchez, es un perdedor de elecciones que ahora está en el Gobierno.

 

“Se ha sentado un precedente grave en la historia de la democracia española porque gobierna alguien rechazado sistemáticamente por los españoles cuando se les ha pedido su opinión a través de las urnas. Alguien que no ha ganado unas elecciones nunca”, expresó, muy despechado.

 

En su delicado estado de ánimo es posible que Rajoy no haya tenido en cuenta que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es ni más ni menos que otro Pedro Sánchez, pues llegó al cargo luego de haber perdido en la votación directa de los electores norteamericanos, en su confrontación ante la candidata demócrata Hillary Clinton. Claro, es necesario aclarar que esa elección “sí cumplió con los estándares internacionales”, pues la hizo EEUU y no hay nada qué discutir.

 

Rajoy tuvo una melosa reunión con el perdedor electoral Trump en Washington en 2017, y ha sido uno de los mandatarios europeos más obsecuentes hasta con las medidas abiertamente belicistas del mandatario ultraderechista, como el bombardeo a Siria, al que Rajoy calificó como “legítimo y proporcionado”.

 

Otro gran amigo de Rajoy, Michel Temer, tampoco es de los que llegó por sus propios votos a la presidencia. Lo hizo como parte de la fórmula de Dilma Rousseff, pero tan pronto tomó el mando, deshizo todas las políticas públicas de su exjefa y metió a Brasil por la senda neoliberal. Es decir, que está gobernando en sentido diametralmente opuesto al mandato otorgado por el pueblo con sus votos. ¿Cómo quedarán allí los estándares?

 

En un encuentro en Brasilia, los dos mandatarios se felicitaron mutuamente por aplicar a cabalidad las recetas recomendadas por la corporatocracia mundial, aunque generen protestas populares.  El diario El País lo reseñó así: “El presidente español, visiblemente complacido, felicitó a su anfitrión por las medidas económicas que está poniendo en marcha y le aconsejó perseverar en la búsqueda de la seguridad jurídica, la previsibilidad y la sostenibilidad presupuestaria porque, a medio plazo, la seriedad en la gestión de los asuntos públicos siempre es recompensada”. Por ahí, al parecer, es que pueden encontrarse las pistas de los célebres estándares internacionales.

 

Por cierto, en ese encuentro, celebrado en abril de 2017, el presidente del Gobierno español y el presidente no electo brasileño expresaron su preocupación por Venezuela, y coincidieron en que la solución a la crisis política debía pasar “ineludiblemente” por la celebración adelantada de elecciones presidenciales. Un año más tarde, tanto Rajoy como Temer habían cambiado de opinión y decían que la solución pasaba ineludiblemente por suspender las elecciones.

 

(LaIguana.TV)

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