Uruguay y Brasil ya confirmaron casos del letal hongo negro en pacientes con COVID-19, mientras otros países de la región se preparan. Al mismo tiempo, las autoridades buscan tranquilizar a la población, recordando cómo se contagia, cómo se previene y qué tan conocido era por los latinoamericanos.

Cuando la pandemia de COVID-19 parecía ya no poder dar nuevas malas noticias a los países de América Latina, la aparición en la región de los primeros casos de mucormicosis u hongo negro asociados al coronavirus vuelve a estremecer a científicos y pacientes.

Se trata de una infección considerada letal porque presenta una mortalidad del 50%, que comenzó a presentarse en pacientes diagnosticados con COVID-19. Hasta junio de 2021, el país asiático había reportado más de 9.000 casos de hongo negro vinculados con el coronavirus, una cifra de infectados mucho mayor a la habitual en una infección solía considerada rara.

Hasta ahora, el hongo negro era un mal del que debían cuidarse fundamentalmente los pacientes con una diabetes descontrolada, SIDA o inmunodeprimidos en general, ya que el hongo aprovecha la baja en las defensas de las personas para atacarlas. En los casos más severos, el hongo provoca la muerte de los tejidos, que deben ser amputados como único tratamiento, o incluso ceguera.

El impacto que el COVID-19 genera en los pacientes más graves los deja en una situación ideal para que los hongos que causan la mucormicosis ingresen al organismo.

Y si bien el mapa pone a la India lejos de los países latinoamericano, sobre los últimos días de mayo se reportaron los primeros casos de hongo negro en pacientes con COVID-19 en Uruguay, uno de los países con mayor cantidad de nuevos casos por millón de habitantes.

El primer caso latinoamericano de hongo negro fue reportado el 25 de mayo en Montevideo. Según el diario El País de Uruguay, la infección se presentó en un paciente diabético menor de 50 años, que se había recuperado de COVID-19 unos diez días atrás. La mucormicosis fue detectada por la necrosis —es decir, muerte de tejidos— que el hombre mostró en mucosas.

Al 30 de mayo, Uruguay ya había sumado otros dos casos, totalizando tres personas que, habiendo transitado el COVID-19, presentaron síntomas de mucormicosis.

La noticia encendió la alarma en toda la región a pesar de que, en realidad, no se trata de una afección contagiosa. «No, la mucormicosis no se puede diseminar entre personas o entre personas y animales», remarca el Centro para la prevención y control de enfermedades de EEUU (CDC por sus siglas en inglés).

El riesgo es, sin embargo, que los hongos que pueden provocar la infección —los de la familia de los mucorales— pueden encontrarse comúnmente en el suelo o superficie de las plantas, ya que se encargan de la putrefacción de plantas y animales. La infección puede adquirirse al inhalar las esporas del hongo o si tiene contactos con zonas de la piel con heridas o irritaciones.

De hecho, en Uruguay ya se habían reportado personas afectadas por el hongo negro en el pasado pero la infección de personas con COVID-19 constituyó una novedad para los infectólogos uruguayos.

Los temores se acrecentaron cuando, el 2 de junio, el Hospital de Clínicas de Sao Paulo reportó el primer caso de mucormicosis en un paciente con COVID-19. Fue la primera confirmación después de varios casos sospechosos analizados en Santa Catarina y Manaos.

Mientras tanto, el resto de los países latinoamericanos se mantienen alertas a este nuevo desafío. El Ministerio de Salud de Paraguay, por ejemplo, emitió un comunicado intentando tranquilizar a la población: «La mucormicosis es una enfermedad conocida ya desde hace varios años y documentada en Paraguay».

En efecto, la cartera paraguaya recordó que el país ya reportó cuatro casos en 2009 y que 2017 se presentó un completo informe sobre la dolencia en el país. En ese sentido, el comunicado recordó que la mucormicosis no se contagia de persona a persona y que la mejor forma de prevenirlo es mantener un buen control glicémico en las personas diabéticas y usar corticoides solamente bajo supervisión médica, ya que son potentes inmunosupresores.

Más enfático en tranquilizar a la población había sido a finales de mayo el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de México, Ricardo López-Gatell, al afirmar que la aparición de casos de hongo negro «no tiene la menor importancia».

«Es muy desafortunado, muy triste que alguna persona lo padezca pero no debe quedarse con la impresión de que es algo que va a empezar a aumentar y aumentar y que podría afectarle a usted o a un familiar», sostuvo durante una conferencia de prensa frente a medios mexicanos.

En línea con las recomendaciones de otros países, el jerarca mexicano sostuvo que para evitar este tipo de infecciones es que se recomienda no abusar de los corticoides en pacientes con COVID-19.

(Sputnik)

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