China califica de un «paso positivo» la decisión del actual presidente de EEUU, Joe Biden, de levantar la prohibición impuesta por su predecesor Donald Trump a las aplicaciones chinas TikTok y WeChat, declaró el portavoz del Ministerio del Comercio de China, Gao Feng. 

La nueva orden ejecutiva también deroga la iniciativa de Trump sobre otras aplicaciones y software que fueron desarrollados en China o controlados por ese país. 

«EEUU anunció la cancelación de los decretos relativos a WeChat y otras aplicaciones, es un paso positivo en la dirección correcta», dijo Gao ante la prensa. 

Al mismo tiempo, indicó que las autoridades estadounidenses también solicitaron revisar los riesgos de seguridad de las aplicaciones extranjeras, y el Comité de Inversiones Extranjeras de ese país sigue investigando a TikTok. 

En este contexto, el portavoz expresó la esperanza de que Washington trate a las empresas chinas «de manera imparcial y justa, y evite politizar las cuestiones comerciales y económicas». 

La prohibición contra TikTok y WeChat fue parte de una guerra diplomática y comercial de larga duración que Trump libró con China durante la mayor parte de sus cuatro años en el cargo. 

Si bien Biden ha deshecho la mayoría de las órdenes ejecutivas de Trump sobre inmigración, clima y otros temas, ha dejado intactos los aranceles de su predecesor contra China, lo que indica que podría usarlos para presionar a Pekín para que haga concesiones sobre comercio y otros asuntos. 

A principios de esta semana, Biden prohibió a 59 empresas militares y de vigilancia de China adquirir inversiones estadounidenses, ampliando una lista original de 44 empresas del país asiático objetivo de Trump en una orden ejecutiva de noviembre. 

El 8 de junio la Casa Blanca dijo que luchará contra cualquier «competencia extranjera desleal» que perjudique las cadenas de suministro estadounidenses, y mencionó a China como uno de los riesgos a los que debía estar atento. 

También el 8 de junio el Senado votó a favor de aprobar un proyecto de ley de 200.000 millones de dólares destinado a impulsar a las empresas tecnológicas estadounidenses a competir contra China, lo que provocó una respuesta indignada de Pekín por ser catalogado como un enemigo «imaginario». 

(Sputnik) 

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