La ola de calor que golpea América del Norte arroja tristes cifras. Las autoridades de EEUU y de Canadá intentan mitigar las consecuencias entre la población, sobre todo entre los mayores y los indigentes.  

Las altas temperaturas están obligando desde finales de junio a instalar puntos en los que la gente se puede refrescar. También distribuyen botellas de agua entre los indigentes. Se calcula que varios cientos de personas fallecieron entre el 25 y el 29 de junio en el noroeste de Estados Unidos y el oeste de Canadá.  

Estados Unidos 

En el estado de Washington la cifra es superior a 20, y creen que seguirá creciendo. En el Estado de Oregón fueron 79 los fallecidos, la mayoría en el condado de Multnomah, según el forense estatal. La víctima más mayor tenía 97 años. 

Para intentar evitar más muertes y refrescar los ánimos, las autoridades del condado convirtieron 9 bibliotecas dotadas de aire acondicionado en centros para que unas 7.600 personas pudiesen permanecer dentro. Otras se refugiaron del calor en tres instalaciones similares, y casi 60 equipos de los servicios sociales se encargaron de entregar agua a los sintecho. Se repartieron en la comunidad ventiladores. 

«Llamamos para pedir a los administradores de los edificios residenciales de personas con bajos ingresos que checaran a sus residentes», explica Jennifer Vines, la directora de salud del condado. En algunas ciudades, como Seattle, los termómetros tocaron los 46 grados. 

Canadá 

En Canadá la situación no es mejor. La directora forense de Columbia Británica, Lisa Lapointe, apunta a que al menos 486 decesos se produjeron de manera «repentina e imprevista» entre el 25 y el 30 de junio. La cifra asusta porque en la provincia de media suelen fallecer cada cinco días unas 165 personas. Los números no son exactos, y las autoridades reconocen que es pronto para afirmar con certeza la cifra de fallecidos por las altas temperaturas. 

La cifra de fallecidos en la zona afectada por la ola de calor durante la última semana de junio se ha disparado un 195%. 

La ciudad de Lytton, también en Columbia Británica, quedó arrasada por un incendio forestal pasados tres días con máximas en los termómetros. Precisamente esta localidad rompió tres veces el récord de temperatura más alta desde que se tienen registros en Canadá. 

«El pueblo ha sufrido daños estructurales y el 90% está en llamas, incluso el centro», lamenta Brad Vis, un parlamentario de Lytton. Así que el alcalde de la ciudad ordenó el 25 evacuar a sus 250 habitantes. «Pasaron como 15 minutos desde la primera señal de humo hasta que, de repente, había fuego por todas partes», expresa a la prensa. 

Las imágenes muestran a los residentes intentando salir de la localidad en sus autos mientras el fuego lo consume todo. Muchos se vieron obligados a abandonar sus pertenencias, incluidas sus mascotas. 

Una ola de calor inusual 

La ola de calor es grave no solo por las cifras de fallecidos, sino también porque en la costa noroeste de Estados Unidos el clima es de por sí moderado. Desde el centro de Predicción Meteorológica del Servicio Meteorológico de Estados Unidos explican que el calor lo provocan dos sistemas de altas presiones. Por una parte, uno de las Islas Aleutianas —en Alaska—, y otro en las bahías de James y de Hudson, en Canadá.  

«El noroeste del Pacífico quedó atrapado en una región donde una serie de efectos de retroalimentación derivó en temperaturas muy calurosas, con muy poca nubosidad y muy altas temperaturas por la noche», resume Richard Bann, meteorólogo del Servicio, a The Guardian. 

Se trata de una cúpula de calor que se da cada 10 o 30 años pero que, debido al cambio climático provocado por el hombre, queda exacerbada. El término se refiere a la idea de que este tipo de calor se extiende a lo alto de la atmósfera, de que no se trata de una capa delgada, y de que puede tener un impacto en los patrones de presión y viento. «Le corta el paso a la corriente marina del Pacífico», añade Bann. 

Como las regiones estadounidenses donde ha golpeado la cúpula están acostumbradas a temperaturas mucho más suaves, no están preparadas para este calor. Así que las consecuencias son más graves. «No hemos aprendido a lidiar de la misma forma como lidian otras partes del país donde sí hace este calor», explica Nick Bond, meteorólogo del estado de Washington, al periódico. «Hubiese estado dispuesto a predecir algo así a mitad o a mediados de siglo», afirma, pero no ahora. 

(Sputnik) 

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