En Agosto Israel volvió a bombardear la Franja de Gaza, pero eso no escandalizó a muchos ni a muchas como lo hizo el ascenso del régimen talibán en Afganistán y eso evidencia que en esta nueva normalidad, aunque todo parezca haber cambiado, se mantiene el mismo plan. La periodista e investigadora Naile Manjarrés nos habla sobre esto en Entre Líneas.

El boom: Afganistán 

Luego de ver cómo EE.UU terminaba de soltar la correa a los perros de guerra que creó para controlar Afganistán, y de ver a estos explotar en frenesí por actuar al margen de sus hermanos  extremistas (Daesh en Irak y Siria, y Boko Haram en Yemen) no podemos obviar el rol protagónico desde la oscuridad que ha tenido el Secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken.

Después de todo un espectáculo con talibanes extasiados y soldados estadounidenses cargando niños afganos luego de contribuir al asesinato o a la inestabilidad de sus padres, resulta que Blinken asegura que EEUU está dispuesto a dialogar con los talibanes si pudieran llegar a acuerdos que satisfagan sus intereses. Esto no es sorprendente, lo llamativo es que lo diga tan abiertamente aunque por un lado se esfuerce en limpiarse el rostro ofreciendo aviones para rescatar a ciudadanos (en precarias condiciones) del extremismo talibán.

Los intereses

La agenda estaría signada por una entrecomillada lucha con el terrorismo que sirve para ofrecer ayuda humanitaria al pueblo afgano y proteger a mujeres y niñas (prepararon el terreno para esta tarea a través de toda la plataforma comunicacional del establishment estadounidense y hashtags en redes sociales.) Durante 2 semanas el feminismo demócrata desplegó todo su aparataje para hacer calar el mensaje de lo urgente de la presencia de una u otra manera de EEUU en Afganistán para poder “controlar” al régimen talibán. Lo alarmante de esta indignación es que con la misma que se encendió, se apagó, como es tan habitual en las estrategias de campaña que apuestan por un cambio de forma, para evitar cualquier cambio de fondo.

¿Qué dicen los republicanos?

A lo interno de EEUU toda la estrategia de Biden-Blinken de cara a Afganistán ha generado estupor: los republicanos culpan a Biden de permitir que los talibanes dirigieran la política exterior de Washington. Aseguran que Biden – contrario a lo que desea hacer – arruina la reputación de EEUUU en la escena mundial.

El plan global

Afganistán es sólo es un síntoma de la enfermedad real. Aunque la administración Biden parece haber dejado en paz a Latinoamérica (no tiene la fuerza moral para atender dos frentes a la vez), el plan para esta región persiste, sí tiene que ver con lo que ocurre en Oriente Medio y para ello se vale de toda la plataforma oficial y no oficial sionista.

Si creíamos que EEUU se estaba marchando pues el sionismo, un movimiento de exterminio que lamentablemente tiene menos detractores que el régimen talibán ya ha dispuesto que la OTAN aumente su presencia en Oriente Medio. ¿El pretexto? que el Daesh resurja de sus cenizas en Irak. La razón: tratar de difuminar la influencia política de Irán.

Sobre Oriente Medio nada ha cambiado y Blinken se encarga de ello. En cuanto a Palestina, Biden había prometido durante su campaña presidencial abrir un consulado en la ciudad de Jerusalén este para ofrecer ayuda a la comunidad palestina. Seguimos esperando.

De cara a Turquía, sigue presente el hecho de que Joe Biden, cuando fue vicepresidente de Barack Obama, favoreció la conformación de grupos terroristas que facilitaran el derrocamiento del presidente Recep Tayip Erdogan. Los cancilleres de ambos países tienen mucho que dialogar y conversar.

Sobre el humor de EE.UU., diversos analistas aseguran que siempre llega tarde a los acontecimientos y sin entender la región a la que suele proponer y pretende imponer políticas. En cuanto al desconocimiento del terreno, EE.UU no ha evolucionado desde 2002 cuando Donald Rumsfeld, exsecretario de Defensa, utilizó la expresión “certezas desconocidas” cuando se le preguntó si había nexos entre los grupos terroristas y el gobierno que EE.UU había puesto en Irak.

La relación entre el desorden de Afganistán, Oriente Medio y Venezuela

La expansión sionista y terrorista con aval estadounidense en Oriente Medio hace más de dos décadas está desplegada en territorio latinoamericano. Según el exembajador de Venezuela en algunos países árabes, Afif Tajeldine, para Israel, el Departamento de Estado de EE.UU ni para el Mossad Israelí es indiferente cada vez que un buque petrolero iraní desfila por su frente para llegar hasta Venezuela. El derrocamiento del gobierno venezolano históricamente solidario con Palestina y renuente a cederles terreno para la minería, es objetivo medular de cada movida sionista en la región: no por nada ofrecieron seguridad a Pedro Carmona Estanga durante el golpe de Estado de 2002; no por nada asesoraron la campaña presidencial de Enrique Capriles Radonski, no por nada sostienen en territorio brasilero un comando de fuerzas para monitorear a Venezuela y no en balde entrenan a militares y paramilitares colombianos dispuestos a generar cualquier escenario de guerra en la frontera con Venezuela. No por nada el exdiputado Juan Guaidó anunció el año pasado que trasladaría la embajada fantasma de su falso interinato en Tel Aviv a Jerusalén cuando el expresidente Donald Trump le regaló esta capital a Israel.

En respuesta, siguen llegando buques iraníes cargados de petróleo, repuestos y gasolina a Venezuela.

Desde 2009, el diario mexicano La Jornada ha denunciado “cómo el sofisticado mecanismo de difamación mediática del sionismo (Hasbará) accionó sus engranajes en todo el mundo. CNN, FOX News, Univisión, los medios de la SIP, e incluso Wikipedia empezaron a reescribir la historia y a recitar interminablemente que oficiales de la fuerza Quds (Unidad de la Guardia Revolucionaria de Irán) dictaban clases en la Academia Militar de Venezuela; que en una ciudad del estado Zulia, Hezbolá entrenaba a guerrilleros de Hamas, las FARC y ETA o que la Yihad islámica trabajaba en los barrios más peligrosos de Venezuela”.

La comunidad sionista y sus fans en Estados Unidos y en Venezuela, tienen la costumbre de llamar antisemita a quien refute estos planteamientos o condene cada genocidio que comete Israel con el beneplácito de EEUU en Oriente Medio, pero tomando en cuenta que EEUU está dispuesto a sentarse a tomar café con los talibanes y que en lo que va de año, el estado sionista de Israel ya asesinó a 260 palestinos, entre ellos 66 niños. Nos queda claro quién ejerce y expande el antisemitismo, entendemos que por más lejos que nos encontremos geográficamente, somos parte de sus proyectos, con el único aliento de que no nos relacionan con ellos, ni de lejos.

(LaIguana.TV)

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