Los vecinos de la isla de La Palma, en el archipiélago Canario, son testigos desde el pasado domingo de cómo la lava desciende desde la zona montañosa de Cumbre Vieja arrasando todo lo que se encuentra a su lento paso, incluyendo unas 200 viviendas. 

Más de 6.000 personas han sido evacuadas de sus casas, y ahora muchas de ellas intentan que se les deje volver para recoger sus enseres antes de que las lenguas de lava cierren todos los caminos. 

«Cuando nos evacuaron yo conseguí sacar una maleta que llevaba días en el coche. Nos llevamos a los perros y a la niña, pero cuando volvimos no nos dejaron entrar. Ahora estamos pendiente de que nos dejen sacar algo más», narra a la agencia Sputnik una pareja de Todoque, una población de 1.300 habitantes donde la lava empezó a penetrar el 21 de septiembre. 

Ella, de nombre Cathaysa, lamenta que solo pudo coger una maleta, por lo que muchos objetos de valor (tanto económico como sentimental) se quedaron atrás. Además, la pareja solo cuenta con un par de mudas mientras se alojan en la casa de su suegra, cuya familia ha sufrido importantes pérdidas a causa del volcán. 

Según cuentan, una de sus tías vivía junto a toda su familia en cinco casas adyacentes que quedaron completamente sepultadas por la lava. 

«Ellos sí que salieron justo con lo puesto y lo perdieron todo», lamenta. 

El camino de la lava 

Las últimas estimaciones en base a las imágenes tomadas por satélite muestran que las lenguas de lava incandescente —que en algunos sitios llegan a 15 metros de altura— ya cubren una extensión de 154 hectáreas. Su avance es constante, pero lento, por lo que en algunas ocasiones las autoridades permiten la vuelta de los vecinos a sus casas por cortos periodos de tiempo. 

Así lo constatan Pedro y Gilberto, dos voluntarios que recorren la zona con una furgoneta para ayudar a los evacuados a recoger sus cosas.  

«Ayudamos a la gente a lo que haga falta: objetos, muebles, neveras; todo lo que se pueda sacar. También animales. Hemos sacado perros, gatos, ovejas, vacas, gallinas…». 

Según cuentan, están realizando estas tareas con el apoyo de la Guardia Civil, que cuando permite a los vecinos de una zona volver a sus casas, solo les otorga diez minutos para recoger el mayor número de cosas posibles. 

«La situación es cada vez más complicada», añaden. 

Incertidumbre sobre el regreso 

Muchos de estos vecinos saben que su casa no se encuentra en el camino que seguirá la lava, pero aun así son conscientes de que la zona quedará devastada, por lo que no saben cuándo tendrán la ocasión de volver. 

Es el caso de Birgitt, una mujer alemana que se dedica a cuidar una casa en la isla. En el momento de la evacuación no era consciente de cuánto tiempo estaría fuera de casa, y ahora le gustaría tener la oportunidad de volver.  

«Sales de la casa y no sabes si va a ser para días o semanas, o si puede ser más. No se sabe nada», cuenta. 

Por el momento, Birgitt se aloja en un terreno privado, donde duerme en el suelo «como si fuera un camping», aunque confiesa que «está bien si no es para mucho tiempo», porque «es muy primitivo». 

La incertidumbre es una constante ahora mismo para los habitantes de la isla. Este miércoles los expertos del Instituto Volcanológico de Islas Canarias (Involcan) ofrecieron su primera estimación de cuánto puede durar la erupción: entre 24 y 84 días, un margen demasiado amplio como para empezar a vislumbrar el fin de la emergencia. 

(Sputnik) 

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