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viernes, 21 / 06 / 2024

¿Dios creó al ser humano o fue al revés? Pérez Pirela analizó a Feuerbach en jueves de Filosofía

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Las religiones explican, cada una a su modo, que dios hizo al ser humano a su imagen y semejanza. Pero un filósofo alemán del siglo XIX, Ludwig Feuerbach, se encargó de proponer una visión diametralmente opuesta: en realidad fue el ser humano quien creó a dios para hacer frente a sus miedos, incertidumbres y sufrimientos. Dios, afirmó, es el eco de nuestro grito de dolor.

El muy impactante conjunto de ideas de Feuerbach lo han proyectado en la historia como el padre del ateísmo filosófico moderno, y fue sobre él y su obra que versó el Jueves de filosofía de Miguel Ángel Pérez Pirela.

“Tenía mucha ilusión de preparar una clase sobre Feuerbach porque es un filósofo al que no se le ha dado históricamente la importancia que en rigor ha tenido y tiene. Siempre me ha parecido raro que, siendo un filósofo bisagra, no se le haya dado su lugar. Hay poca información en la red. Se inscribe en el siglo XIX alemán y se encuentra entre Hegel (su gran inspirador, aunque luego se le opone) y Marx, a quien influyó y determinó. No es poca cosa: entre el idealismo alemán y el materialismo histórico. Es un pensador parteaguas”, dijo el filósofo y comunicador venezolano.

Dios no existe

Como punto de partida de la conferencia, subrayó que Feuerbach se dedicó, nada menos, que a decir lo contrario que las religiones. El hombre no es una creación del dios, sino dios una creación del hombre. Entonces, dios no existe sin el hombre, pues no es otra cosa que el producto de la creación e iluminación de este, a su imagen y semejanza.

“Cuando afirma que el hombre crea a dios, en esa frase, apuntala su principal tema de investigación: la religión en su totalidad y da lugar a lo que se ha llamado el humanismo ateo –explicó-. Es ateo por negar la existencia de un ser supremo, y es humanista porque sostiene que el hombre debe esperar todo de sí mismo, en unión con los otros hombres, lo que da pie, a la larga, a la ideología de Marx”.

“En 1841 escribe La esencia del cristianismo, un libro fundamental, en el que plantea  que la filosofía es independiente de la religión. En su concepto, la filosofía tiene como tarea criticarla y no fundamentarla. Esto va contra todo el idealismo alemán, cuyo maestro es Hegel. Para Feuerbach, Hegel no hace otra cosa que teología, una filosofía que lleva la teología a su nivel máximo. En respuesta, propone retomar el proyecto de Kant, de crítica filosófica. Dice que el error de los idealistas es querer hacer derivar lo concreto (la realidad, el mundo, lo empírico) de lo abstracto (del pensamiento, de las ideas). Dice que no es así, que esto no puede ser así en ningún sentido y en ningún momento. Por el contrario, es la realidad la que produce el pensamiento”, expuso Pérez Pirela.

“Encontramos aquí la semilla marxista: no existe nada que no sea la realidad, y además, en el caso de Marx, se trata de la realidad histórica. El punto de partida de Feuerbach es que todo pensamiento y abstracción tiene siempre como punto de partida esa realidad. No es dios, no es lo espiritual, no es lo abstracto lo que crea la realidad, sino el hombre, en cuanto consciencia encarnada, quien crea lo abstracto”, añadió.

El miedo como motor

Al cuestionar la existencia de dios, Feuerbach obviamente  pone también en tela de juicio a la religión, a la que concibe como la proyección de los miedos, de los deseos y de las cualidades del hombre en un más allá, en un dios.

“¿Le tengo miedo a la muerte? Entonces, proyecto ese miedo en un ser metafísico, ideal, abstracto, que es dios, quien va a ser capaz de garantizarme la inmortalidad”, señaló.

“¿Recuerdan los trascendentales del Medievo que planteaba que dios es pulchrum, verum, bonum et unum, es decir, limpio, bello, bueno y uno? –preguntó, en referencia a temas tratados en programas anteriores-. Feuerbach decía que todos estos trascendentales que nosotros vemos en dios, son en realidad cualidades nuestras que queremos elevar ad infinitum,  fuera de nosotros, en un ser perfecto. Aquí nace el concepto de alienación que luego es retomado con mucho éxito por Marx. Alienación viene del latín alien, que significa otro. Es cuando me anulo como individuo, proyectándome en otro. Para que en una divinidad coincidan deseo y realización, creamos a dios. La religión es la estructura que sostiene esta divinidad”.

Subrayó que el ser humano siempre ha querido ser inmortal, pero eso no es posible, al menos hasta ahora según la visión científica. Solo es algo realizable a través de la fe. “Feuerbach dice en este punto que por medio de la religión se pretende que deseo y realización (o potencia y acto, bajo la óptica aristotélica) se hagan realidad. Sostiene que, en consecuencia, la religión no es teología, sino antropología y agrega que  el conocimiento de dios debe ser sustituido por el conocimiento del hombre, y la religión ha de ser sustituida por la política”.

“El hombre sitúa fuera de sí aquello que no entiende, que escapa de su conocimiento. Cuando llega a un límite epistemológico, nacen dios y la religión -prosiguió-. Feuerbach pronostica que a medida que la humanidad vaya avanzando en términos científicos, crecerá el conocimiento humano, por lo cual la figura de dios y de la religión será cada vez menor. Habrá cada vez menos espacio para dios y más espacio para la ciencia”.

Un detalle importante es que Feuerbach no achaca la creación de una idea de dios a gobernantes o castas de sacerdotes que quieren oprimir a los pueblos. Para él, la necesidad de divinidad nace del sufrimiento, es el eco de nuestro grito de dolor. Contrariamente a lo que suele pensarse, la religión y dios no son creadas por poderosos. Para Feuerbach, la gente que sufre es la que necesita crear la idea de dios, de un más allá que le pueda dar apoyo. La casta de sacerdotes es la consecuencia de esto, no su causa. “En esto es poco marxista, pudiéramos decir irónicamente, ya que Feuerbach es anterior a Marx, pero recordemos que Marx atribuía la invención de dios a las élites dominantes”, acotó.

El usuario Ulises comentó que esa necesidad de un ente externo luego pasó de dios al Estado. “Completamente y el propio Feuerbach lo dice. Plantea que el Estado viene a tomar el lugar de dios -agregó Pérez Pirela-. El Estado deviene en enemigo de la religión y salvador del hombre, porque este es un ser comunitario. Feuerbach  dice que ‘el hombre para sí es hombre; el hombre con el hombre, la unidad del yo y del tú, es dios’. Será entonces la política la que ordene la vida del hombre, no una ética y una moral derivada de un dios creado por el mismo hombre. Dios no será el salvador, sino el Estado”.

Vencer la alienación

Otro punto fundamental del pensamiento de Feuerbach, analizado en el programa, es el concepto de alienación religiosa, que consiste en una especie de dolor vital, una angustia ante la necesidad de establecer códigos morales fuera del ámbito de la lógica y la razón humana. Tal como lo veía Feuerbach, los hombres proyectan una parte de sí en un dios y después se someten a dicha creación.

“La propuesta de este filósofo germano es salir de ese estado de alienación y reempoderarse de los propios miedos, de las propias cualidades, de los propios deseos, de los propios límites, todo ello con el propósito de ser libres. Por eso puede decirse que de su ateísmo filosófico nace su humanismo –enfatizó-. Plantea que el hombre debe reencontrar su libertad, reempoderarse de sus propios límites. Esa libertad nos da acceso a la dignidad, una palabra crucial en su pensamiento, que queda plasmada en la frase: ‘Mejor es ser libre en la Tierra que ser esclavo en el cielo’”.

Para lograr su libertad y dignidad, es necesario dejar de venerar una parte de sí mismo que el ser humano ha proyectado fuera de sí, bajo la semblanza de un dios. “¿Por qué tratar de buscar el más allá, si podemos crear sociedades más justas cooperando entre los hombres?, se pregunta Feuerbach. Dios, un ser inexistente, creado por el hombre, termina imponiéndonos una moral y un modo de comportamiento antinatural. Dios, que no existe, termina imponiéndonos pautas de comportamiento a través de la religión y atentando contra nuestra libertad”.

Recalcó el expositor que en el contexto del siglo XIX, Feuerbach es un puente entre el idealismo puro hegeliano y el materialismo histórico de Marx. “En medio de una dictadura del idealismo, Feuerbach invita a repensar el proyecto de una filosofía crítica que había planteado Kant. Va más allá porque no solo desmitifica la fe (igual que Kant), sino también desmitifica la razón (lo que no hizo Kant ni quiso hacerlo). Lo hace en favor de una consciencia encarnada que puede permitirse criticar a la filosofía idealista alemana. Feuerbach sostiene que la metafísica idealista hegeliana es una forma encubierta de teología y esta no es más que una consciencia religiosa sistematizada. En pocas palabras, destruye la teología, la destruye”.

Pérez Pirela realizó algunas comparaciones del pensamiento de los dos filósofos:

“Esto nos lanza de cabeza al pensamiento de Karl Marx, quien plantea que todos somos determinados por Feuerbach porque nos hizo caminar de nuevo con los pies sobre la tierra, nos bajó del cielo hegeliano, abstracto, ideal, metafísico. Para Marx, la alienación es un fenómeno por el cual el hombre se siente ajeno a su misma actividad humana, a su mismo trabajo. El producto que ha elaborado el obrero alienado ya no le pertenece pues ha sido explotado por un salario distinto a su vida. Feuerbach creía lo contrario, que la alienación era darle características humanas a un dios todopoderoso para así hacerlo a nuestra imagen y semejanza”.

“Marx critica el materialismo de Feuerbach porque sostiene que es contemplativo.  Si todo está hecho de átomos, si todo es materia, nada puede surgir fuera de la materia. Somos cuerpo, por lo cual no existe absolutamente nada en el mundo que sea espiritual. Marx considera que Feuerbach veía la naturaleza, el mundo y la realidad como un objeto estático, de contemplación, separado de la actividad humana. Marx se opone a esto, dice que no hay nada contemplativo en la observación de la realidad porque simplemente nada  que haga el ser humano está separado de su actividad material e histórica. Propone Marx concebir el mundo como una materia que está sujeta al desarrollo histórico”.

Al cierre de la clase, dijo que es posible compendiar todo lo antes dicho con una frase devastadora de Feuerbach: “La religión tiene por padre la miseria y por madre la imaginación”.

“Feuerbach la consideraba hija de la miseria porque tiene como motivo nuestros miedos, nuestras angustias, y también nuestras cualidades y deseos; y la catalogaba como hija de la imaginación, porque dios era el producto de la capacidad humana para crear imágenes. En su ateísmo humanista, nada puede existir fuera del hombre, que solo existe dentro de una realidad empírica en la que no hay dios ni más allá ni trascendencia ni nada que se le parezca”, resumió.

Transmisión restablecida

Con el programa del jueves 30 de septiembre se restableció la transmisión a través de la cuenta de YouTube  de laiguana.tv,  luego de una semana de suspensión.

(LaIguana.TV)

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