La contundente victoria obtenida por Xiomara Castro de Zelaya, la esposa del expresidente Manuel Zelaya, en las elecciones presidenciales de Honduras fue una buena oportunidad para que la periodista venezolana Madelein García compartiera su relato del golpe de Estado de 2009 en el país centroamericano, uno de los antecedentes más importantes de este resultado electoral. 

García fue enviada especial de teleSUR a Tegucigalpa cuando ocurrieron los hechos que desembocaron en el derrocamiento de Zelaya, un clásico golpe de Estado perpetrado bajo la conducción de Estados Unidos. 

“Fue un golpe de Estado que se quiso disfrazar de renuncia, con el mismo guion que se había usado contra Hugo Chávez en 2002”, explicó la reportera en un diálogo con Miguel Ángel Pérez Pirela en su programa Desde Donde Sea.  

Recordó que el asalto al poder por parte de militares de derecha se produce cuando el país se disponía a ir a un plebiscito para determinar si el pueblo quería que en un sucesivo proceso electoral se le consultara sobre la posibilidad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Señaló que los altos voceros de las fuerzas armadas asumieron el discurso de que ellos, como garantes de la democracia y custodios de la ley, no podían permitir que esa consulta se realizara. 

El protagonismo en esa postura militar lo tuvo el general Romeo Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor. “Nosotros logramos entrevistarlo en ese momento y él dijo que no se trataba de un desconocimiento al presidente, sino que ellos no podían violar la ley. Yo le pregunté por qué tenía esa actitud, si Zelaya (que era su compadre y amigo) le había explicado muy bien de qué iba esa consulta y le había aclarado que, además, no era vinculante. El general casi llora, se muestra conmocionado, y contesta que ellos estaban defendiendo la Constitución”. 

A propósito de esa escena, el comandante Hugo Chávez comentó que estábamos en presencia de un golpe de Estado a cargo de un grupo de militares gorilas, de los que lloran como los cocodrilos cuando se están comiendo su presa. “Eso desató la furia y el malestar en los altos cargos de la fuerza armada hondureña. Me llamó un ayudante del general para invitarme a almorzar. Yo consulté a la dirección de teleSUR y me autorizaron a ir con el equipo y el general me dijo que yo lo había llevado a una trampa, lo había forzado a declarar lo que declaró. Dijo que luego de que Chávez lo había ofendido y humillado ya no podía ocultar lo que estaba pasando en la fuerza armada. Yo le hice varias preguntas, tratando de que fuera más específico. Por supuesto todo fue off the record, fuera de cámara. Negó que hubiese un golpe en desarrollo, pero insistió en que ya él no podía contener lo que iba a suceder”. 

García entrevistó entonces a la canciller de Zelaya, Patricia Rodas, y en la conversación le comentó lo que le había dicho el general Vásquez Velásquez. Ella no le dio tanta importancia, recordando que el oficial y Zelaya eran amigos y que Honduras era una especie de pueblo grande, donde todos se conocen. La ministra mantenía una posición muy ingenua. 

“Hubo un encuentro del gobierno con el cuerpo diplomático y, a mitad de la reunión, se salió el embajador de Estados Unidos. En paralelo ocurrió algo extraño: los observadores electorales de la OEA se retiraron lo que tenía la lectura de que no iban a validar la consulta. Entrevisté al jefe de la misión y él respondió que la orden que tenían era retirarse”, narró la corresponsal. 

En la madrugada, recibió una llamada de la secretaria privada de Zelaya, avisándole del ataque a tiros a la casa del presidente. Hizo los contactos necesarios para ir y estar en capacidad de transmitir lo hechos, aunque luego se supo que a uno de los técnicos lo habían secuestrado. “Justo cuando llegamos, vemos al presidente Zelaya montado en un camión militar, por lo que ya estaba claro que era un golpe de Estado. Luego supimos que lo habían trasladado a Costa Rica y lo habían dejado abandonado en un aeropuerto”. 

La reportera visitó también la casa presidencial (que era la residencia particular de Zelaya) y pudo constatar la gran cantidad de disparos que hicieron y la destrucción que causaron. No se explica cómo es que no asesinaron al mandatario. Fue algo insólito que ella pudiera llegar hasta el mismo dormitorio del presidente. Cuando volvió a Caracas, le preguntó Patricia Villegas (actual directora de teleSUR) “¿por dónde entraste?” y ella le respondió: “por la puerta”. Según lo ha interpretado luego, dejaron el lugar sin custodia porque querían aparentar que Zelaya había renunciado, que no había un golpe de Estado. 

Mientras, tanto, la corresponsal en Tegucigalpa, Adriana Sivori, transmitía en vivo desde el palacio presidencial. Lo hacía con grandes dificultades porque se cayó Internet en el país y porque las fuerzas golpistas comenzaron a detener a los periodistas y técnicos. Pese a ello, la denuncia de lo que estaba ocurriendo salió a la luz principalmente por teleSUR.  

“El hondureño es un pueblo muy sufrido, humilde, hermoso. Surgió un movimiento de abogados llamado los Necios que se empeñaron en demostrar siempre que todo había nacido de un golpe de Estado. Tan impresionante es el triunfo de Xiomara que fue en primera vuelta. Allá se ha impuesto la misma narrativa de todos nuestros países: la élite empresarial, la sociedad civil y todo depende de Estados Unidos. No es una retórica, no es un discurso trillado, es una realidad incluso escrita en libros y doctrinas”, dijo. 

El movimiento de resistencia fue poderoso y muy reprimido. “No los dejaban marchar ni una cuadra antes de caerle a golpes, sin importar que fueran de tercera edad, jóvenes, mujeres –prosiguió la comunicadora-. A nosotros nos persiguieron, aprendí mucho sobre persecución. Fue una experiencia de crecimiento profesional. teleSUR ha sido el medio alternativo para contar la verdad de este país”. 

El Equipo de Producción puso al aire el reportaje de García en el que el presidente Porfirio Lobo (que sucedió al dictador Roberto Micheletti, tras una cuestionada elección) se arroga el éxito de la consulta popular, la misma por la que se justificó el derrocamiento de Zelaya. También aparecen escenas de la feroz represión a quienes protestaban contra el golpe de Estado. Pérez Pirela le preguntó que siente al ver esas imágenes. 

“Recuerdo la violencia de esos días, la forma como las fuerzas de seguridad macaneaban, como dicen allá, a la gente. A veces se venían contra los periodistas y a mí se me salía el maracucho, les decía: “¡vení y pegame bien fuerte para que no quede viva!”.  

Aseguró que hoy actuaría de la misma manera pues es parte de la vocación periodística y señaló que a los reporteros que cubren ese tipo de acontecimientos siempre les sobreviene el impulso de intervenir para detener la injusticia que están presenciando, pero surge la compleja barrera entre la noticia misma y la labor que le corresponde al periodista, que es la de transmitirla. 

Sobre este aspecto del trabajo reporteril, hizo un paréntesis en torno a Haití, otro país donde ha pasado intensos días cubriendo eventos que para muchos otros serían demasiado duros. En una oportunidad presenció el linchamiento de un antiguo tonton macoute (la policía política del dictador Francois Duvalier), a cargo de una turba que lo molió a golpes y ya se disponían a aplastar su cabeza con una piedra. García intervino y, sin hablar el idioma, les hizo ver que ya el hombre, que era un anciano, estaba muerto. Ella pensó que tal vez algunos de los reporteros gráficos y camarógrafos hubieran preferido que la dantesca escena concluyera, pues era de gran impacto. 

Volvió con Honduras y contó varios episodios de la violencia represiva contra manifestantes y contra personas que estaban grabando estos desmanes, incluyendo periodistas profesionales y camarógrafos de medios de comunicación. La corresponsal de teleSUR, Adiana Sivori, estuvo detenida, junto con periodistas de diversos medios y agencias. “Tuve la oportunidad de grabar un ensayo que estaban haciendo las fuerzas de seguridad para detener de nuevo a Zelaya cuando iba a ingresar desde Nicaragua. En ese momento, un oficial me acusó de no ser periodista, sino agente de inteligencia”. 

Los periodistas hondureños, los que no estaban a favor del golpe, en vista de que no podían transmitir las noticias que conseguían, se las pasaban a los corresponsales y enviados especiales, como fórmula para que se conocieran mundialmente. Muchos de ellos terminaron uniéndose a la resistencia. Hubo gran cantidad de desaparecidos, asesinados, torturados. Cuando Zelaya intentó reingresar por el aeropuerto de Toncontín, pusieron obstáculos en la pista y abrieron fuego contra la gente que lo estaba esperando. “No eran manifestantes violentos como los de las guarimbas venezolanas apoyadas por EE.UU. Eran gente sin armas, solo con piedras”. 

En una oportunidad, dentro de los seis meses que García pasó en Honduras, a ella y a su equipo los sacaron encapuchados del hotel bajo la acusación de estar ilegales en el país. Enfrentó un dilema cuando le dijeron que la iban a dejar libre a ella, pero se llevarían a los demás. Tuvo que decidir entre negarse y seguir con ellos o quedar libre para poder solicitar ayuda. Ocurrió lo segundo y se sintió mal, como si hubiese actuado cobardemente. Pero era importante contar lo que estaba pasando. Le advirtieron que, si armaba una alharaca, matarían a sus compañeros. 

Luego de tanta tragedia, García es optimista. No cree que sea posible ejecutar un nuevo fraude y lo que viene es trabajar en la reconstrucción del país, que ha quedado en ruinas tras los infaustos gobiernos de Micheletti, Lobo y Juan Orlando Hernández. Para hacerlo, la nueva presidenta tendrá que ser muy cuidadosa en la formación de alianzas con un empresariado que depende mucho de EE.UU. y con una fuerza armada que tiene mucho poder y también está muy influida por la potencia imperial con su ideología de la Escuela de las Américas. “En una de mis conversaciones con el general Vásquez Velásquez, me dijo: si yo hubiese querido, habría sido el presidente de este país”, reveló. 

Continuando con sus relatos de horror, contó cómo fue su visita a una de las casas de tortura que se habían instalado en las afueras de Tegucigalpa. “Fui con una de las torturadas y una defensora de derechos humanos. Era una joven, hija de un militar. La detuvieron porque pertenecía a un movimiento considerado subversivo. Señaló todo lo que le hicieron en cada uno de los cuartos de la casa. Y relató cómo vio a otras personas torturadas, al borde de la muerte. Todas las paredes estaban manchadas de sangre. 

Pérez Pirela le pidió que explicara por qué, tras la victoria de Castro, ella dijo: “Ahora podré entrar de nuevo a Honduras”.  

Respondió que después de toda su actividad en 2009 se hizo cada vez más difícil el acceso al país, no solo para ella, sino para cualquier corresponsal o enviado especial de teleSUR. De hecho, se impidió la entrada de Sivori y, en los días previos a las elecciones, la de Carlos Montero (aunque luego rectificaron y le permitieron ingresar y cubrir el proceso). Para negarles la entrada se basaron en la falta de un papel que daban al entrar y que era obligatorio portar durante toda la estadía, pero que los policías y guardias militares solían retirar del pasaporte cuando los detenían en las calles. 

“Una vez estuvimos en la Mosquitia, una zona de luchas campesinas contra uno de los mayores terratenientes del país, que tiene amplio apoyo de paramilitares. Para salir del lugar tienen que dejar constancia escrita de adónde van y de la ropa y calzado que llevan, para que, si les pasa algo luego, puedan identificarlos. Al regresar nos detuvieron en una alcabala y el agente llamó por teléfono y dijo: ‘Tenemos el paquete’. Yo pensé que nos iban a sembrar droga o quién sabe qué. Le pregunté al guardia de qué paquete hablaba, lo amenacé con hablar con ‘el ministro’. Hasta simulé que estaba llamando y que le contaba a al supuesto ministro lo que nos estaban haciendo. Tuve que pelear para que me devolvieran mi pasaporte…En fin, todo era muy complicado, pero siempre tenemos un angelito que nos salva”. 

Sobre el fenómeno de la migración que ha adquirido creciente fuerza en estos años de narcodictadura en Honduras, expresó que lo más triste e irónico es que esas caravanas de pobres, sobre todo jóvenes, tienen como meta EE.UU., que es precisamente el país que les arrebató la esperanza de un desarrollo propio, el que causó la inestabilidad que ha derivado en una miseria total, falta de trabajo y de oportunidades. Señaló que el tratamiento de estos migrantes, tanto por los organismos internacionales como por los grandes medios de comunicación es muy diferente al dado a los venezolanos que se han desplazado a otros países. “Sobre los venezolanos dicen que están huyendo de una dictadura y, lamentablemente, ACNUR se ha prestado a esas maniobras, haciéndolos firmar documentos para presentarlos como refugiados, cuando en realidad son migrantes económicos. Lo hacen porque cada firma en uno de esos expedientes significa dinero para algunas ONG, un negocio redondo”. 

Sobre el comportamiento de los medios de comunicación durante el golpe de 2009, uno de los aspectos que más impresionó a la reportera fue que su actuación fue casi un calco de lo ocurrido en Venezuela en 2002, en especial en lo que respecta al silencio informativo aplicado a las protestas que el derrocamiento generó. “Pasaron todo el día comiquitas mientras la gente estaba en la calle. Los medios de comunicación se cartelizaron, se encadenaron con la misma información, hablando de una carta de renuncia que nunca existió. Encubrieron a EE.UU. que estaba tratando de ‘hacerse el paisa’. En esos años, EE.UU. todavía se empeñaba en cuidar la forma, aunque todo el mundo sabía que ese país era el jefe del golpe. En los tiempos actuales ya a no les importa actuar abiertamente contra Nicolás Maduro, por ejemplo, y en Haití lo hicieron a través de mercenarios colombianos que, meses antes, habían estado en Bolivia planificando el asesinato del presidente Arce. Esta eso han llegado y la comunidad internacional no dice nada”. 

Al cierre de la conversación subrayó un detalle de carácter humano: debido al rol que cumplió teleSUR en esa coyuntura, mucha gente del pueblo, como agradecimiento, bautizaron a sus niñas con los nombres de las reporteras y anclas del canal multiestatal: Adriana, Madelein, Marayira (Chirinos) y Marcela (Heredia). “Es un enorme honor demostrativo de esa gran conexión con el pueblo hondureño”. 

“Lo lograron gracias a su resistencia”, dijo como mensaje al pueblo hondureño en torno a la victoria electoral de Xiomara Castro de Zelaya. 

(LaIguana.TV) 

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