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domingo, 23 / 06 / 2024

¿Existe una filosofía afrocaribeña?: Conversaciones entre Pérez Pirela y Roberto Almanza

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Una discusión filosófica sobre el el racismo epistémico que persiste sobre el radicalismo negro afrocaribe y su desconocimiento en la tradición del pensamiento crítico latinoamericano ofrecieron la noche de este jueves el filósofo venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela y el profesor-investigador del Programa de Antropología de la Universidad del Magdalena, Colombia, Roberto Almanza Hernández, en la más reciente edición del jueves de filosofía en Desde Donde Sea.

Almanza es Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus intereses intelectuales han discurrido en el marco de la corriente descolonial, los estudios críticos del pensamiento latinoamericano y la filosofía del Caribe.

Orígenes y fundamentos de la filosofía afrocaribeña

Al ser inquirido por Pérez Pirela acerca de los orígenes y fundamentos de la filosofía afrocaribeña, el especialista puntualizó que su condición de posibilidad radicó en la esclavitud a la que fueron sometidos los africanos y sus descendientes en el Caribe, pues fue capaz de constituirse a partir del marco normativo que impuso la cultura colonial que denostó de lo negro a través de la racialización.

Por ello, apuntó, existe una filosofía negra a pesar de las dificultades y los ‘impasses’ de un mundo problemático para su despliegue y desarrollo. De ahí que haya que pensarla como meditación y reflexión, pero también como praxis, en el sentido de que pensar en términos de libertad implicaba la puesta en acto de lo reflexionado.

Con respecto a su devenir, indicó que puede trazarse a partir del ‘middle-past’ o el pasaje de hombres y mujeres africanos esclavizados a través del Atlántico, en el que surgió la pregunta existencial: ¿qué hago aquí, en este barco y en estas condiciones?

De otra parte, recordó que hubo un tiempo en el que se concibió a la filosofía caribeña sin escritura, es decir, irrigada en otros registros históricos que se encargaron de llenar estos vacíos, particularmente la literatura, pero también la música, las artes escénicas, los discursos e inclusive, los tratados antropológicos y sociológicos, porque no tuvo la oportunidad de pensarse como filosofía y hubo de desplazarse hacia otros campos no-filosóficos.

En otra precisión destacó que los especialistas han definido varios momentos dentro de la filosofía afrocaribeña. El primero de ellos tuvo lugar en 1630, cuando según registros historiográficos se formalizó la plantación, en la que trabajaban hombres y mujeres jóvenes, muchos de ellos casi niños, a quienes les tocó recrear su africanidad en un espacio ajeno y hostil. En este tiempo no hay escritura, pero sí una africanía espiritual.

Entre una vez instituida la plantación, entre 1630 y 1750 se produce el giro escritural, donde en biografías, los sujetos esclavizados comienzan a reflexionar sobre la condición deshumanizada que les fue impuesta desde la cristiandad o, mejor dicho, los autores se apoderaron del discurso cristiano para criticar la institución colonial.

Ya en tiempos contemporáneos, se identifican dos corrientes: la poeticista, que está ligada a la reflexión sobre el yo afrocaribe y sobre aspectos de la semiótica de la cultura afrocaribe y, por otro lado, la corriente historicista, que criticará formalmente la historia colonial e imperial contada por los colonos, a partir del cuestionamiento del relato hegemónico y la presentación de propuestas para transformar las condiciones materiales de existencia de esas poblaciones.

A juicio de Almanza Hernández, el siglo XX es un siglo donde la filosofía afrocaribe tiene un maduración, donde aparecen elementos conceptuales en el marco de una filosofía que puede entenderse y leerse desde los marcos ortodoxos definidos por la filosofía occidental.

De manera tal que al pensar en la relación que guardan ambas tradiciones, no hay respuesta única. Por un lado, podría asumirse que la filosofía afrocaribeña buscó el reconocimiento de la filosofía occidental, pero en su opinión, este enfoque es problemático, toda vez que de entrada se asumiría como un pensamiento inferior, incompleto o basado en la mera experiencia sensible.

Otra posible lectura de esta relación es la dialéctica de no-reconocimiento, que se basa en la autoafirmación, con el inconveniente que impide todo contacto –y por ende, el cuestionamiento– de la filosofía occidental.

Así las cosas, el pensador colombiano señaló que los debates teóricos apuntan más bien al ejercicio de la crítica de la filosofía occidental, mostrando su singularidad frente a sus pretensiones universalistas y omniabarcantes, pues si se le deja en esta posición, las restantes filosofías serán entendidas siempre como parroquiales o locales.

Esta tesis, recordó, es la que sostienen sus críticos, quienes acusan a las filosofías islámicas, negras, indígenas y similares de no tener nada que decir fuera del mundo en el que habitan o del que son originarias.

Sin embargo, desde su punto de vista, cuando a la filosofía occidental se la piensa y se la cuestiona temporalmente, queda claramente expuesta su propia relatividad y especificidad, lo que la pone en la misma condición que a las restantes.

El problema es que cuando la filosofía occidental desconoce a las restantes, es incapaz de entenderlas y, en consecuencia, imposibilita todo diálogo, pues de entrada las asume como subordinadas, dijo para redondear este aspecto.

La filosofía afrocaribeña nace de una experiencia límite: la esclavitud

En función de lo expuesto por su colega, Miguel Ángel Pérez Pirela advirtió que la filosofía afrocaribeña está salpicada de elementos vivenciales y de resistencia que no pueden calificarse como un ejercicio de mero goce intelectual, sino que, por lo contrario, surgieron a partir de una realidad no elegida: la esclavitud y las resistencias que surgieron a lo largo de los siglos para hacerle frente.

Desde el punto de vista de Roberto Almanza, esta es una de las particularidades que hace interesante la reflexión y la praxis de la filosofía afrocaribe y por ello es importante pensarla en términos de una búsqueda de la humanización, de volverse humana por autorreconocimiento, pero también a partir del acto de liberarse.

Sobre este último término recordó que no puede entenderse como sinónimo de “emancipación”, dados los límites interpretativos que posee este concepto para dar cuenta de la realidad de las poblaciones esclavizadas, puesto que la abolición de la esclavitud no trajo consigo su liberación.

Para ilustrar la marcada diferencia que existe entre ambos conceptos recordó las implicaciones del cimarronaje, que está muy lejos de ser una huida abstracta, pues implicaba la negación del mundo colonial y de sus imposiciones: la plantación y la esclavitud, así como la apuesta de crear una vida inscrita bajo reglas propias.

De este contraste dan cuenta los relatos extraídos por los antropólogos de recopilaciones históricas: en los de los esclavizados se narraban sus intentos de adaptación en un mundo injusto; en los del cimarronaje el planteamiento apuntaba a cómo construir otro mundo.

Por tal razón, Almanza sostiene que esta tradición oral que se narraba y recreaba constantemente fue importante, porque le permitió a los esclavizados sobrevivir en ese mundo injusto, mientras que la narrativa de la liberación tiene que moverse necesariamente hacia otra instancia: destruir el orden colonial, que es un proyecto filosófico de orden político.

A este respecto, mencionó que en su libro Narrativas de liberación, el filósofo Patrick Taylor destaca que mientras la narrativa mítica explica cómo es el mundo y cómo sobrevivir a él, a partir de la obra de pensadores caribeños como el Nobel de Literatura Dereck Walcott o el filósofo Franz Fanon, muestra que la narrativa de la liberación explica cómo transformar el mundo colonial.

Justamente, como en su día apuntara Fanon, esto no puede hacerse a partir de la dialéctica amo-esclavo hegeliana, pues para el esclavo lo que es verdaderamente importante no es convertirse en amo, sino transformar el sistema.

Otro tanto sucede con blanquitud y la negritud, que se han constituido en categorías esencializadas, pues aunque ambas derivaron del orden colonial, la primera impuso a la segunda la deshumanización e inferiorización de los individuos.

Blancura y negritud: categorías esencializadas, lo que hay que hacer es desracializarlas. La blanquitud fue una categoría hegemónica imperial y la negritud también, pero con la diferencia de que esta entrañaba la deshumanización e inferiorización de los individuos.

Empero, acotó que en términos concretos y políticos, no es importante que haya gente que se quiera nombrar blanca, el problema es que haya quien se crea supremacista o aspire a serlo, porque con ello deshumanizaría y racializaría a los otros.

En cualquier caso, defiende la tesis de que por mucho que se diga que biológicamente, la raza no existe, en términos simbólicos sí marca, convoca y moviliza a movimientos que se piensan desde allí y dos buenos ejemplos son el ‘Black Lives Matter’ –Las vidas negras importan– y el Panafricanismo, pues se sustentan en la idea de solidaridad racial, si bien el último también apostó por al internacionalismo socialista, antiimperialista y anticolonial, límites estos que les permiten pensarse más allá de los Estados-Nación.

La filosofía afrocaribe: intersección entre las filosofías de África y Occidente

Roberto Almanza es de la opinión de que la filosofía afrocaribe puede pensarse como una intersección entre la filosofía africana y la filosofía occidental, si bien los nexos que las unen son cualitativamente diferentes.

En el primer caso, es notorio que comparten una ética relacionada con las relaciones intersubjetivas, pues sigue el principio de ‘ubuntu’, nacido en Sudáfrica, en el que se reafirma la existencia a partir de la relación con el otro. Se define así una relación de referencia, de fraternidad de existencia.

Así, en términos de lo afrocaribe, el yo es un yo volcado hacia el otro, puesto que en ese espacio geográfico confluyeron multitud de culturas, fue el gran teatro de la modernidad; se produjo un yo contaminado, espúreo, no esencial.

En contraste, la lógica occidental marcada por la diferencia con el otro no funciona en el afrocaribe, pues se piensa siempre en términos de la relación con el otro y la resulta es una filosofía contaminada, porosa, archipielar, que tiene la posibilidad de conectarse con el mundo entero, que con un único lugar geográfico.

Marxismo y filosofía afrocaribeña

Al inquirírsele por la relación entre la filosofía afrocaribeña y los marxismos negros, Almanza es categórico al afirmar que los grandes pensadores afrocaribes fueron marxistas, militaron, fueron grandes lectores de Marx, pero al asumir su experiencia vivida como insumo de reflexión teórico, se toparon con el hecho de que si bien el marxismo los dotaba de ciertos instrumentos para pensar y transformar la realidad, resultaba insuficiente porque la raza no ocupaba un lugar en sus disertaciones.

Sobre qué tan central es la raza como categoría de análisis frente a la clase entendida en términos marxistas, subrayó que existen dos posiciones, que no necesariamente resultan antagónicas, sino que responden a contextos analíticos particulares donde la primacía de una sobre otra se mostró reveladora.

De este modo, hay quien sostiene que aunque la raza no puede desplazar a la clase como categoría de análisis, el pensar solamente en términos de clase resulta problemático, pues la raza ha jugado un papel central en el capitalismo, al punto tal que es sirvió para ordenar la división internacional del trabajo y justificar la sobreexplotación a partir de la racialización de los sujetos.

Por otro lado hay quienes aseguran que, sin negar la importancia que tiene el que la negrura sea una categoría política impuesta por colonizadores blancos, las burguesías locales –que pueden ser negras también, como muestra la experiencia en varias naciones africanas–, explotan a otras personas racializadas como ellos, sin que esa sea la razón fundamental para hacerlo, sino su posición de clase.

En todo caso, Almanza refirió que no hay un criterio estándar, sino que más bien esta centralidad ha sido y es intercambiable según tiempo y lugar, pues ambas categorías están en permanente tensión.

Para concluir este punto, destacó que en el marxismo negro es importante recordar que sus principales exponentes fueron marxistas críticos con el estalinismo y el socialismo realmente existente, pero nunca dejaron de ser marxistas, pues siempre pensaron en términos de la lucha de clases, aunque la raza siempre estuvo en su horizonte de análisis.

Los caminos por andar de la filosofía afrocaribeña

En opinión del intelectual colombiano, la filosofía caribeña, al ser un proyecto descolonial, es un campo que hay que explorar, es un proyecto descolonial, en el que todavía quedan por explorar muchos caminos. Sin embargo precisó que entre sus objetos actuales más importantes figuran el feminismo negro y la filosofía de la existencia.

Esquemáticamente, propone un recorrido en tres momentos. El primero, de negatividad y orientado a la crítica de la filosofía occidental; el segundo, una especie de mezcla entre arqueología y hermenéutica cuyo propósito es buscar sus fundamentos en expresiones como la música, la literatura o los relatos y el tercero, de relación, encuentro y contacto con otras filosofías como las
latinoamericanas, islámicas o indígenas.

¿Qué leer sobre filosofía afrocaribeña?

A modo de cierre, Roberto Almanza compartió una lista de autores y libros que los interesados en la filosofía afrocaribeña pueden leer para introducirse en el tema.

En primer término recomendó el libro La razón de Calibán, escrito por el filósofo Paget Henry (Antigua), así como la obra de Louis Gordon (Jamaica), Jane Gordon (filósofa), Nelson Maldonado Torres (Puerto Rico) o Chumpo Quintero.

Además, indicó que hay comunidad de argumentación alrededor de la filosofía afrocaribe, pues existe una asociación que se reúne anualmente, a lo que se suman distintos cursos dictados en universidades de los países del Caribe.

“Es una labor política y epistémica contribuir a romper ese cerco que impone la razón occidental, que cuestiona otras lógicas de pensamiento porque no encajan con las suyas”, dijo para concluir.

(LaIguana.TV)

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