En la segunda ola de gobiernos progresistas de América Latina en el siglo XXI, al evaluar sus políticas internas y exteriores, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador sobresale, el mandatario argentino Alberto Fernández constituye una permanente decepción y la jefa de Estado de Honduras, Xiomara Castro sigue generando muchas expectativas.

Así se planteó en el programa Desde donde sea, el segundo día de análisis del tema de los gobiernos populares o de izquierda de la región que han sido electos en años recientes y que evocan la primera oleada, que tuvo ocasión en los años iniciales de la actual centuria.

El conductor del programa, el filósofo y comunicador político Miguel Ángel Pérez Pirela, destacó el hecho de que esta revisión coincide con la realización en Los Ángeles, Estados Unidos, de la que calificó como “una Cumbre de las Américas sin países de América”, en la que hasta 25 Estados del continente, cada uno con sus matices, han criticado la exclusión de varias naciones por parte del anfitrión.

“Seguimos analizando el tema de las izquierdas en América Latina, que iniciamos ayer. Tenemos una nueva oleada de gobiernos y líderes de izquierda, pero no podemos caer en una trampa de edulcorar movimientos políticos, partidos, etcétera que se presentan como de izquierda y cuando llegan al poder, gobiernan como de derecha”, dijo el moderador.

Hizo referencia nuevamente al caso de Europa, donde la izquierda es un desierto, luego de haberse desplazado hacia el centro del espectro político, mientras las derechas moderadas involucionan hacia la ultraderecha.

El problema de la coherencia

Un examen preliminar de la situación de las izquierdas gobernantes en América Latina obliga a poner bajo interrogación su propia coherencia ideológica y programática, vistas las diferencias preliminares que surgen al comparar este tiempo con el así llamado ciclo progresista de la primera década del siglo. 

Sin embargo, conviene matizar que aun cuando es evidente que son otras las brújulas que guían estos ejercicios gubernamentales, su condición de posibilidad se debe en buena medida al legado que dejaron sus antecesores, particularmente en lo que corresponde a la satisfacción de demandas sociales y políticas. 

No se trata de un simple continuismo, pues su emergencia también se debe a los estragos causados por gobiernos derechistas y antipopulares, con la diferencia de que una buena parte de las agendas de esas «nuevas» izquierdas se presenta como versiones menos «radicales» y «extremistas», en un intento por garantizarse gobernabilidad y menos conflictividad con los Estados Unidos y sus agentes locales. 

Quieren ganarse a EEUU, a la centroderecha y a las clases medias reducidas. Por contentar a los centros terminan rindiendo sus convicciones y programas de gobierno

No obstante, la apuesta de gobernar sin incomodar demasiado a las élites deviene en una traba para concretar muchas de las reformas que se plantean las izquierdas latinoamericanas en el poder y desdibujan su propio sentido, en tanto representantes de las luchas populares. 

Pese a ello, hay diferencias entre las alternativas. Así como no pueden equipararse las administraciones de Miguel Díaz-Canel en Cuba con la de Gabriel Boric en Chile o Pedro Castillo en Perú, tampoco están en el mismo plano Andrés Manuel López Obrador (AMLO ), Alberto Fernández  o Xiomara Castro. 

Para ilustrar editorialmente el tema, presentó El Iguanazo, la caricatura de Iván Lira para laiguana.tv, en la que se observa a un personaje muy gordo que dice: “Soy un capitalista que gerencia una empresa socialista, ¡que viva la clase obrera!”; y le responde un trabajador: ¡Y la coherencia también!”.

Pasó entonces a analizar por separado los casos de Andrés Manuel López Obrador, Alberto Fernández y Xiomara Castro.

La Cuarta Transformación de AMLO

El llamado «nuevo ciclo progresista» comenzó en 2018 con el ascenso de Andrés Manuel López Obrador (AMLO ) a la presidencia de México, lo que puso fin a más de tres décadas de gobiernos neoliberales y entreguistas en el país norteamericano y dio paso a una agenda sustantivamente más nacionalista y más independiente de la Casa Blanca. 

La Cuarta Transformación liderada por AMLO  prometió no «hacer lo mismo» que sus antecesores, no cambiar el gobierno solamente, sino cambiar el régimen político, con foco especial en el combate contra la corrupción y la impunidad, así como en el relanzamiento de su política exterior. 

Pronto el mandatario habría de mostrar que no se trataba solo de promesas de campaña, pues cuando se perpetró el golpe de Estado contra Evo Morales, por ejemplo, López Obrador cargó contra la OEA y su administración otorgó asilo político a Morales y a su vicepresidente, Álvaro García Linera. 

Asimismo, se negó a reconocer al autoproclamado Juan Guaidó y su Cancillería gestionó la última ronda de conversaciones entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y el ala extremista de la oposición. 

Del mismo modo, al asumir la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), se comprometió seriamente con su relanzamiento y avanzó propuestas de integración comercial y política similares a las de la unión europea que apuntan hacia la desaparición de la OEA.

De nuevo, sus declaraciones no se quedaron solamente en palabras. Desde que llegó al poder –y acaso cada vez más–, AMLO  ha cuestionado públicamente el bloqueo financiero y las feroces sanciones contra Cuba, país que ha visitado y vaya si necesita de solidaridad e intercambios comerciales. 

Además, desde el inicio de su mandato ha hecho dos visitas oficiales a La Habana (una en 2020 y otra a inicios del pasado mayo) y sin temor a las críticas, acordó con su par Díaz-Canel el envío de misiones médicas cubanas a regiones remotas del territorio mexicano que carecen de acceso a la salud.

El último del nuevo capítulo de la política exterior mexicana inaugurado por Andrés Manuel López Obrador ha sido su negativa a acudir a la IX Cumbre de las Américas que se desarrolla en Los Ángeles, Estados Unidos, en virtud de la postura de Washington a invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua a la cita continental. 

Aunque muchos creyeron que se trataba de una bravata que tendría poco efecto, el mandatario ignoró sistemáticamente las presiones de la Casa Blanca para que acudiera a la cumbre, llegado el momento, mantuvo su palabra y envió a su canciller, Marcelo Ebrard. 

El titular de laiguana.tv  lo reflejó así: Por exclusión a Venezuela, Cuba y Nicaragua: AMLO  confirma que no irá a la Cumbre de las Américas

«Ya puedo informarle al pueblo de México que no voy a asistir a la Cumbre. Va en mi representación y del gobierno, Marcelo Ebrard. No voy a la Cumbre porque no se invita a todos los países de América», reiteró AMLO  en su conferencia matutina del pasado 6 de junio. 

Del mismo modo, no tuvo mayor problema en dejar al descubierto el oportunismo estadounidense en toda situación, que ilustró con el reconocimiento que otorgara el gobierno de Trump a Guaidó y al posterior envío de representantes de la administración Biden para conversar con el presidente Nicolás Maduro, todo ello en función de sus intereses.

En declaraciones ofrecidas el pasado 15 de abril, AMLO  se refirió al tratamiento que ofreció el pleno del Congreso estadounidense al exdiputado venezolano y al levantamiento parcial de las sanciones, vistas las dificultades en el mercado energético derivadas de la crisis en Ucrania. 

Si solamente se atendiera a la política exterior, el balance de la gestión de AMLO es claramente positivo, pues México ha recuperado una posición estratégica dentro de la región y se ha deslastrado del tutelaje de Washington.

Pero adicionalmente, la Cuarta Transformación también ha hecho cosas que impactarán el curso del país más allá de 2024, cuando López Obrador dejará la presidencia, pues ha emprendido un proceso de recuperación del control del Estado sobre áreas estratégicas: petróleo, litio y energía. 

Así, el pasado 18 de marzo, se presentó ante el Congreso mexicano una propuesta para recuperar Petróleos Mexicanos (Pemex), primera compañía petrolera nacionalizada del continente que durante muchos años representó la principal fuente de ingresos de la nación. 

Pese a estas ventajosas condiciones, una reforma energética aprobada en 2014 abrió las puertas de la privatización de la industria de los hidrocarburos y la compañía entró en franco declive, producto de malos manejos y políticas desacertadas. 

Otro de los tantos que puede anotarse AMLO  en su haber, es la modificación de la Ley de Minería, con la que la que garantizó el dominio estatal del litio, un recurso estratégico que corría el peligroso riesgo de ser explotado por agentes extranjeros, gracias a vacíos jurídicos. 

La iniciativa fue aprobada en por el Senado el pasado 19 de abril con 87 votos a favor, 20 en contra y 16 abstenciones, tras haber superado el escrutinio en la Cámara Baja el día anterior. 

En una alocución, el presidente mexicano admitió que si bien el país no dispone de la tecnología necesaria para explotar el preciado metal, la desarrollará y usará los recursos obtenidos por esa vía para financiar el bienestar social. 

Del mismo modo, AMLO  denunció las apetencias de poderes foráneos sobre las reservas de litio de México e insinuó que este habría sido el motivo tras el golpe de estado que expulsó del poder en 2019 a Evo Morales.  

En honor a la verdad, esta última reforma formaba parte de una más amplia, a nivel constitucional, con la que se pretendía garantizar que el

Estado mexicano tuviera pleno control de todas las fuentes de energía y que fue bloqueada en diversas instancias. 

Sin embargo, su gestión encontró caminos para que se limitara la participación de las trasnacionales extranjeras –incluida la española Iberdrola– que operaban a sus anchas desde la reforma energética neoliberal de su antecesor, Enrique Peña Nieto. 

Aunque es evidente que México aún debe hacer frente a inmensos problemas sociales derivados de asuntos estructurales como la desigualdad o la violencia derivada del narcotráfico, también es verdad que sin demasiadas estridencias, la Cuarta Transformación ha hecho cosas concretas por rutas distintas a las de la derecha y con enfoque claramente nacionalista y popular. 

Alberto Fernández: la tibieza como premisa

Con la victoria de Alberto Fernández  en la primera vuelta de las elecciones presidenciales argentinas de octubre de 2019, se generaron altas expectativas, pues por un lado se derrotó a uno de los representantes más conspicuos de la derecha continental y por otro, se interpretó como una vuelta al poder del peronismo izquierdista, lo que parece que no es del todo cierto. 

Las expectativas no carecían de fundamento, pues la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, parte del primer ciclo progresista en la región, aportó todo su capital y prestigio político para concretar el triunfo de su copartidario, pese a las profundas diferencias que habían tenido en el pasado. 

Sin embargo, desde el inicio, el gobierno de la dupla Fernández-Fernández admitió que su gestión tendría que hacer frente a la pesada herencia de Mauricio Macri, que dejó al país suramericano sumido en una crisis política y social no vista desde inicios del milenio y endeudado por más de 253.700 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional.

Lo que ya pintaba complejo, se complicó todavía más con la pandemia de covid-19, pues el país adoptó una cuarentena estricta que debilitó su economía, que paradójicamente no se tradujo en una disminución de los contagios. A la fecha, el país registra más de 9,2 millones de infecciones y más de 200.000 decesos, sobre una población de casi 46 millones de habitantes. 

El cuestionado manejo de la pandemia y el deterioro de las condiciones de vida le pasaron factura al gobierno en las elecciones de mitad de período del pasado mes de septiembre, cuando la coalición Juntos por el Cambio, liderada por el expresidente Mauricio Macri, se impuso por más de 10 puntos incluso en bastiones históricos del peronismo. 

En noviembre, cuando se renovó una porción del Congreso, el peronismo perdió su mayoría –aunque conservó la primera minoría en ambas cámaras– y globalmente, el macrismo se consolidó como la primera fuerza política. 

En paralelo, la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional ha guiado prácticamente todas las acciones políticas de Alberto Fernández, al punto tal de que cuando la pandemia le permitió viajar, visitó países del norte global para hacer lobbies en esas instancias. 

El acuerdo finalmente se alcanzó el 28 de enero de 2022. Aunque se presentó como un éxito e incluso fue respaldado públicamente por personeros oficialistas y hasta por figuras políticas como el canciller mexicano Marcelo Ebrard o el expresidente «Lula» Da Silva, generó rechazo entre las corrientes más progresistas. 

A mediados de febrero, la organización izquierdista Movimientos Libres del Sur organizó un referéndum no vinculante para rechazar el pacto suscrito por Fernández con el FMI. La iniciativa pretendía capitalizar el descontento popular, agudizado por una crisis económica asfixiante. 

Si en política interior el desempeño de Fernández ha recibido merecidos cuestionamientos, en política exterior, las ambivalencias de Buenos Aires han relegado a Argentina a un segundo plano regional que era difícilmente previsible a finales de 2019. 

Con Macri al frente, Argentina fue una de las puntas de lanza de las operaciones estadounidenses para derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro en Venezuela y una de las voces cantantes dentro del así llamado Grupo de Lima, política que la mayoría esperaba que el peronismo echara para atrás, pero no ocurrió de ese modo. 

En octubre de 2020, argentina se unió a los 21 países que votaron a favor –hubo, además 22 abstenciones y tres votos en contra– de la continuación de las funciones de la «Misión Internacional Independiente», una instancia parainstitucional pretendidamente presentada como parte de la ONU y promovida por países hostiles al gobierno del presidente Nicolás Maduro. 

Apenas en marzo de 2021, más de un año después de que asumiera el poder, Alberto Fernández  comunicó que el país abandonaba el Grupo de Lima, en sus dichos, por falta de resultados eficaces para solucionar la crisis política en Venezuela.

En la práctica, esta salida no implicó cambios en la relación entre Caracas y Buenos Aires, que alcanzó el más alto nivel durante el ciclo progresista. Fue apenas en abril de 2022, una vez se conoció la visita de alto nivel de representantes de Washington a Miraflores, que Fernández anunció su interés en reanudar los contactos. 

Amparándose en el ejercicio de la presidencia protémpore de la Celac, aseguró que entonces ya era «el momento» para recuperar los nexos diplomáticos «plenos» con el gobierno venezolano, en virtud de los supuestos avances registrados en derechos humanos y en materia electoral. 

En data más reciente, se manifestó a favor del fin de los bloqueos y sanciones contra los pueblos latinoamericanos y de nuevo en nombre de la Celac, instó al gobierno de los Estados Unidos a no excluir a ningún país de la IX Cumbre de las Américas, petitorio que no resultó exitoso. 

De acuerdo con el presidente Nicolás Maduro, su par argentino será el encargado de llevar «la voz de los excluidos» –es decir, Venezuela, Cuba, Nicaragua y Venezuela– a ese foro regional, si bien todavía se ignora cuál será el contenido de su discurso. 

 El portal laiguana.tv  tituló: Esto dijo Maduro de Alberto Fernández  y su asistencia a la Cumbre de las Américas, 

 «Me parece muy bien que él lleve, como presidente de la Celac, la voz de América Latina y el Caribe hasta la reunión de Los Ángeles y sé que vamos a estar bien representados en la voz del presidente Alberto Fernández, porque es un hombre valiente, que lo que cree lo defiende y está en contra de la exclusión, como el presidente López Obrador», dijo Maduro en una entrevista concedida al intelectual argentino Atilio Borón. 

Fuera de la esfera regional, Fernández ha mantenido la misma ambigüedad oportunista en su relación con otros actores globales, que han puesto bajo la mira a su gestión, que aspira hacer de Argentina uno de los miembros del BRICS+, gracias al impulso de China.  

Así, aunque acudió a China y a Rusia como parte de una gira asiática a inicios de febrero y dijo en esos espacios que pretendía reducir su dependencia de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional, luego se plegó al discurso de occidente en lo relativo a las causas de la guerra en Ucrania. 

En el futuro más inmediato, el presidente argentino está obligado a demostrar que puede ser vocero de una comunidad latinoamericana y caribeña diversa en un foro claramente hostil con los gobiernos de orientación más izquierdista o al menos señalada como tal. 

Asimismo, el continente estará atento para ver si es capaz de proponer en la reunión de jefes de estado y de gobierno que se realice una cumbre de la Celac en la que el mandatario estadounidense, Joe Biden, sea un invitado y no la voz cantante, tal y como sugirió el mandatario venezolano. 

Xiomara Castro, un nuevo rostro del progresismo en Centroamérica

En Honduras, el ascenso de Xiomara Castro a la presidencia el pasado mes de enero, se interpretó como el regreso de la democracia al país centroamericano de la mano de una mujer progresista, tras 12 años de gobiernos antidemocráticos que sucedieron al depuesto expresidente Manuel Zelaya.  

Castro asumió un país que registra elevados índices de pobreza y corrupción, así como una de las mayores tasas migratorias de todo el mundo y a pocos días de su toma de posesión enfrentó su primera crisis política, que implicó un intento de división dentro de su propio partido y que fue conjurada unas semanas más tarde. 

Uno de los focos más importantes de su campaña fue el combate contra la corrupción y el desmantelamiento de la estructura clientelar asociada a la gestión de su antecesor, Juan Orlando Hernández, quien fue extraditado a los Estados Unidos por tráfico de drogas menos de un mes después de haber entregado el cargo. 

 Xiomara Castro parece que no se ha quedado en palabras, pues además de facilitar la extradición de Hernández, invitó a Organización de las Naciones Unidas a instalar una misión internacional contra la impunidad. 

Su iniciativa ya comienza a dar frutos. El organismo coordinará la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Honduras (CICIH), instancia que se encargará de investigar y documentar casos de corrupción, así como de diseñar políticas de transparencia en la gestión pública.  

De otro lado, la resolución goza de amplio respaldo popular, pues una de las condiciones que favoreció el triunfo de Castro el pasado mes de noviembre fue justamente la impotencia ciudadana frente a los desmanes cometidos por funcionarios pertenecientes a todos los niveles del gobierno. 

Xiomara Castro tampoco ha dudado en tomar otras decisiones cuyo impacto se dejará sentir mucho más allá de su magistratura, relacionadas con el control estatal de recursos estratégicos. 

En esta línea, el Congreso Nacional aprobó a mediados de mayo la reforma a Ley de Energía Eléctrica, en la que se consagra la electricidad como bien público y le da un portazo a la tentativa privatizadora de Juan Orlando Hernández. 

Asimismo, el instrumento garantiza el acceso a la electricidad como un derecho social y obliga a las compañías generadoras de energía a revisar las tarifas que fijaron para vendérsela al Estado, pues según los informes son exageradas y les han permitido amasar fortunas a costa del dinero público.  

El gobierno de Castro también puso en la mira a las empresas que ganaban dinero a través de la minería a cielo abierto, en virtud del daño ambiental que causaban. 

Según explicaron voceros oficiales, la actividad de estas empresas implica el uso de maquinaria pesada y se concentra en los lechos de los ríos y hasta ahora, las mineras habían operado prácticamente sin límites. 

Otro costado de esta práctica es el asesinato de ambientalistas. Según organizaciones no gubernamentales, entre 2016 y 2020 se computó el asesinato de al menos 27 defensores populares dedicados a la defensa del ambiente. 

En menos de seis meses de gestión, el gobierno hondureño se ha volcado principalmente a atender problemas internos, pero esto no significa que su política exterior se mantiene alineada a la Casa Blanca.

Apenas asumió el mandato, Castro reanudó las relaciones diplomáticas con Venezuela y el pasado 12 de mayo informó que no acudiría al encuentro que ya se desarrolla en Los Ángeles. «Si no estamos todas las naciones, no es Cumbre de las Américas», manifestó en Twitter. 

Como AMLO, el pasado 6 de junio, la presidenta comunicó oficialmente su inasistencia, aunque puntualizó que Honduras estaría representada por su canciller y otros miembros de su administración, al tiempo que aclaró que las relaciones entre su país y Estados Unidos eran «buenas». 

Su presencia, como la del presidente mexicano y la de otros mandatarios centroamericanos era esperada por la Casa Blanca, puesto que uno de los temas de agenda es la crisis migratoria que atraviesa la región. 

Puntos de vista y aportes al debate

A lo largo de este segundo programa sobre el tema de la nueva ola progresista latinoamericana, Pérez Pirela dejó asentados sus puntos de vista y aportó elementos para el debate que debería realizarse al respecto.

En primer lugar reiteró lo dicho en la primera entrega: que algunos de los partidos y líderes de izquierda de la región parecen tener como meta ganarse el apoyo de EEUU, de la centroderecha y a las clases medias, que en los países del subcontinente son reducidas. “Por contentar a los centros políticos, terminan rindiendo sus convicciones y programas de gobierno, por lo que los pueblos que los llevaron al poder se sienten traicionados”.

Sobre el presidente mexicano, AMLO, el presentador expresó que la Cuarta Transformación es apoyada por figuras intelectuales de primer orden, como Enrique Dussel, uno de los máximos filósofos de los siglos XX y XXI.

“Algunas cosas son criticables de AMLO, como la reunión que tuvo con Trump antes de las elecciones, y el hecho de que se ha sumado a la política de persecución contra la migración venezolana hacia Estados Unidos, pero también es cierto que ha tenido una posición firme sobre la Cumbre. No es poca cosa, sobre todo cuando se ve la actitud de otros gobiernos autoproclamados de izquierda”, expresó Pérez Pirela.

Destacó la importancia que tuvo la decisión de AMLO de otorgar asilo a Evo Morales y Álvaro García Linera. “Este asilo político fue clave para la supervivencia de ambos, en el marco de un Almagro y una OEA que ayudaron al golpe de Estado, tal como, por cierto, se lo dijeron hoy varios protestantes en Los Ángeles, quienes le recordaron que tiene las manos manchadas de sangre boliviana”.

“Me impactó su discurso principal en Cuba apoyando a la Revolución y afirmando que todos los cambios deben darse en ese marco –prosiguió el moderador-. AMLO es un tipo serio, aunque sean muchas las críticas que puedan hacérsele. Es un hombre firme: Biden envió emisarios a México para convencerlo de ir a la Cumbre, pero AMLO mantuvo su palabra”.

Respecto a lo que dijo recientemente AMLO sobre los vaivenes de la política de Estados Unidos sobre Venezuela, Pérez Pirela lo elogió por ser “claro y conciso” y comentó que su postura diáfana dista mucho de la que han tenido los países europeos, que reconocieron a Guaidó  y apoyaron las acciones desestabilizadoras contra Venezuela, y ahora, en vista del cambio de estrategia de Washington, guardan silencio.

“Su política exterior se inscribe dentro de las líneas de la izquierda, con ciertos aspectos cuestionables, como el del tratamiento que se le está dando a los migrantes venezolanos, aunque de eso culpo al embajador venezolano en México, Francisco Arias Cárdenas, que pareciera que no está haciendo su trabajo”, añadió.

El balance personal de Pérez Pirela fue muy distinto en el caso de Alberto Fernández, de quien opinó que “lo ha hecho tan mal con su tibieza, que hasta Macri, que dejó una deuda eterna, le está ganando espacios”.

Deploró que Fernández haya tenido prácticamente la misma política que desarrolló Macri sobre Venezuela. Para retirar al país del Grupo de Lima alegó que “hubo falta de resultados eficaces”, cuando era claro que para el Grupo de Lima el único resultado eficaz hubiese sido establecer un gobierno de facto en Venezuela, al gusto de Estados Unidos.

Criticó también que el cambio de postura de Argentina solo haya tenido lugar cuando EEUU, impelido por la crisis energética que ha causado la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, también modificó su actitud frente al gobierno de Nicolás Maduro. “Esto da a entender que su política exterior es dictada por Washington, algo vergonzoso en un gobierno que se llama peronista de izquierda. Dice que es hora de acompañar a Venezuela porque han cambiado las cosas. Pero a acá no ha cambiado nada. Lo que cambió fue la postura de Estados Unidos. Qué casualidad que llegó a la conclusión al mismo tiempo que EEUU sobre que a Venezuela no había que dejarla sola”.

Pérez Pirela ofreció su interpretación de las palabras del presidente Maduro, quien dijo que Fernández sería la voz de América Latina en la Cumbre de Los Ángeles. A su juicio, lo dijo porque el mandatario argentino es actualmente el presidente protémpore de la Celac. “No lo es por su liderazgo regional, sino porque ese cargo es rotativo. Liderazgo no tiene. Pero en el ejercicio de esa vocería es que debe inscribirse la frase del presidente Maduro”.

Subrayó que Fernández y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, deben recordar la ayuda que le dio Venezuela a Argentina en momentos terribles, para saldar deuda y apoyar inversiones, “una ayuda sin la cual los argentinos no hubieran comido”.

Como conclusión, expresó que “Fernández es un tibio que se mueve al son que le tocan los gringos”, y añadió que si tuviera que comparar los gobiernos de AMLO y Fernández, el primero sí resulta de izquierda, mientras en el caso del segundo, esa denominación sería muy cuestionable.

En cuanto a Xiomara Castro, elogió su dignidad, honestidad y el respeto que ha demostrado hasta ahora por el pueblo que la llevó al poder.

Expresó sus sospechas respecto a lo ocurrido con el exmandatario Juan Orlando Hernández, que estuvo ocho años en la presidencia, aupado por EEUU y luego es extraditado con graves cargos de narcotráfico. “Algo huele mal”, enfatizó.

Acotó que la nueva presidenta afronta graves problemas internos, incluyendo el de ser una de las naciones con mayor migración. “Mientras acá hablamos, otra gigantesca caravana de migrantes avanza por Centroamérica, rumbo a EEUU”, dijo.

También dedicó un breve comentario al peruano Pedro Castillo, sobre quien afirmó que “llegó a la presidencia por carambola y todavía no se ha enterado de que está en el poder”.

Como conclusión general, reiteró lo dicho el día anterior: “Si los gobiernos de izquierda, por contentar a una clase media minoritaria o simpatizar con EEUU y los empresarios, gobiernan como si fueran de derecha, la gente va a votar por el original y no por  la copia”.

Materiales audiovisuales y de redes presentados

En el programa se presentaron los siguientes materiales audiovisuales y de redes:

  • Video de Telesur: Cuarta Transformación en México. 
  • Video de AMLO: Propuesta de integración. 
  • Video de Telesur: Visita de AMLO a Cuba.
  • Videos de la Presidencia mexicana: declaraciones AMLO.  
  • Video de Telesur: AMLO presentó plan para rescatar industria petrolera. 
  • Video de Telesur: aprobación de reforma minera propuesta por AMLO. 
  • Video Al Mayadeen: Alberto Fernández gana en Argentina. 
  • Video de Telesur: elecciones de mitad de período. 
  • Video Nexo Latino: rechazo al acuerdo suscrito con el FMI. 
  • Video de Telesur: gobierno de Argentina informó su salida del Grupo de Lima. 
  • Video de la Presidencia argentina: declaraciones Alberto Fernández.  
  • Video de Nexo Latino: Argentina: lazos con China y Rusia reducen dependencia a FMI y EEUU.
  • Video de Telesur: Xiomara Castro es juramentada como presidenta de Honduras. 
  • Video de Nexo Latino: Combate contra la corrupción en Honduras.
  • Video de Nexo Latino: llegada de CICIH a Honduras.
  • Video de Nexo Latino: aprueban en Honduras la nueva Ley de Energía Eléctrica. 
  • Video de Nexo Latino: Prohibida la minería a cielo abierto en Honduras. 
  • Tuit de Xiomara Castro.  

(LaIguana.TV)

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