Sputnik consultó a un especialista en relaciones internacionales para vislumbrar el panorama de lo que puede suceder en este nuevo Gobierno con relación a que el país sea miembro estratégico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La posición que asumirá el presidente electo Gustavo Petro a partir del 7 de agosto sobre la presencia de Colombia como aliado estratégico de la OTAN es una de las preguntas más importantes sobre su futura gestión en materia militar y de defensa.

Como lo dijo repetidamente en campaña, Petro quiere que el país se consolide como territorio de paz lo que obligaría a cambiar el modelo desarrollado por las administraciones anteriores y a apostar a la implementación plena del Acuerdo que se firmó con la extinta guerrilla de las FARC en 2016.

La designación de Colombia como aliado estratégico de la OTAN es algo que empezó a gestionar el expresidente Juan Manuel Santos en 2018 y que ratificó en mayo pasado el presidente Iván Duque con la carta recibida por Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, país que maneja los hilos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

«La figura que ha venido desarrollando Colombia en materia de seguridad y defensa debe cambiar. Estamos en pleno proceso de posconflicto, un momento histórico que requiere una revisión minuciosa de las Fuerzas Armadas y del papel que jugarán en el gobierno entrante. Y acá entra lo de la OTAN. Si bien hay personas que ven esto como algo beneficioso y de prestigio, pues permite una profesionalización y capacitación de las tropas, en estos instantes en los que se habla de paz no sería adecuado seguir por esta línea», apunta, Rafael Piñeros, experto en relaciones internacionales y profesor de la Universidad Externado.

Piñeros va más allá sobre algo que para él no tiene tanta fuerza, ya que Colombia, por más que quiera, nunca llegará a ser miembro en pleno derecho de la OTAN. «Geográficamente no tiene mucho sentido, la verdad. Además, esa figura actual, de miembro no miembro, nos pone en una situación complicada con nuestros vecinos de Latinoamérica, que ven eso como una situación de inestabilidad en la región», añade.

Estas últimas palabras hilan con las declaraciones del presidente electo, que dejó claro, el 19 de junio cuando ganó la segunda vuelta, que su política exterior tendrá como pilar fundamental el fortalecimiento de una unidad latinoamericana marcada por Gobiernos de izquierda y progresistas: Gabriel Boric en Chile, Alberto Fernández en Argentina, Andrés Manuel Obrador en México, por nombrar algunos.

Sumado a esto, Piñeros cree que los beneficios de estar en la OTAN en material militar no son como se dice, al punto de que la capacitación de las Fuerzas Armadas, algo que vendió el Gobierno Duque como un valor agregado, sería mínimo. «Al no ser miembro oficial, el número de militares que recibirían entrenamiento y demás es corto, bajo relativamente hablando, con la cantidad de pie de fuerza que tiene Colombia».

Carlos Antonio Lozada, senador del Partido Comunes —naciente del Acuerdo de Paz firmado en 201— es enfático en asegurar que lo que debe hacer Gustavo Petro es salirse de inmediato de cualquier convenio de tipo militar.

«Desde Comunes recordamos que el presidente electo quiere que Colombia sea una potencia de la paz, entonces no tenemos nada que hacer en la OTAN. Esperamos que sea una de las primeras decisiones que se tomen, en materia internacional, y que le mostremos al mundo que somos una nación de paz en la que prima el diálogo, y que luego de 200 años de conflictos internos tenemos la oportunidad de escribir una nueva historia», resalta.

¿Cuáles son los escenarios posibles para Colombia en el tema de la OTAN?

Piñeros plantea las dos posibilidades y lo que significaría dejar o no de ser miembro estratégico de la OTAN para el primer Gobierno de izquierda en más de 200 años de vida republicana. «Se puede salir, mostrar su intención en no ser más un aliado y cortar ese tema. Claro, esto tendría un costo diplomático alto, entonces no creo que sea el panorama más acertado. Sobre todo si se tiene en cuenta que es algo que Colombia viene buscando desde siempre, y no me refiero a una administración en específico, sino al Estado como tal, año tras año».

Piñeros ve que el camino más probable es el de darle una menor importancia a la figura miembro no miembro, es decir, meter eso en una especie de congelador, actuar con poca importancia y seguir estructurando la política de la paz. «No darle visibilidad a lo que se firmó y seguir con las prioridades internas. Como lo dije antes, al no dar un valor agregado ni marcar una diferencia representativa en materia militar, si se maneja con un bajo perfil no habría problemas en la región».

La realidad que afrontará Petro desde el próximo 7 de agosto no será la mejor, y más allá de luchar contra la desigualdad, la pobreza y una economía en cuidados intensivos, las buenas relaciones internacionales marcarán la legitimidad en el exterior que quiere tener el nuevo mandatario de los colombianos.

Esto no quiere decir que se esté exento a un ambiente de zozobra con países importantes para la agenda de Petro —como lo es Venezuela— en caso de que el próximo mandatario decida mantener la alianza con la OTAN, sobre todo pensando a futuro, un futuro en el que la unidad latinoamericana está por encima de cualquier medida intervencionista, por más sutil que sea y por más inofensiva que parezca.

(Sputnik)

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