El rechazo a una nueva Constitución en Chile representó un golpe para el gobierno del presidente Gabriel Boric, quien ahora reformulará su gabinete y negociará con todas las fuerzas políticas el diseño de una ruta a seguir para reanudar el proceso que desemboque en la redacción de otra Carta Magna.

El histórico plebiscito que se llevó a cabo el domingo culminó con una amplia victoria del ‘rechazo’, que obtuvo el 62 %, frente al 38 % que logró el ‘apruebo’, opción que era apoyada por el presidente y la coalición gobernante.

Los resultados sorprendieron a los promotores de ambas alternativas porque las encuestas no previeron que la diferencia sería tan amplia. Además, prácticamente repiten los niveles de apoyo y rechazo que tiene Boric en los sondeos.

Entre los factores que influyeron en el fracaso del ‘apruebo’ están los escándalos que rodearon a la Convención Constituyente durante el año en el que trabajó y que minaron su credibilidad. Por ejemplo, un convencional fingió un cáncer y otros contrataron a sus familiares como asesores.

Por otra parte, la propuesta de una Convención integrada en su mayoría por líderes sin trayectoria política y progresistas o de izquierda implicaba cambios radicales que no tenían el consenso suficiente porque predominaba la militancia y su propia agenda, no el conocimiento del sistema institucional de Chile.

Hubo, también, una intensa campaña de desinformación que propagaron los opositores y que, con mentiras, incentivó el miedo sobre los alcances que tendría la nueva Constitución.

Desafío

El plebiscito era uno de los principales retos de Boric cuando asumió como presidente en marzo pasado, ya que desde sus tiempos como líder estudiantil impulsó la redacción de una Carta Magna que sustituyera a la que dejó como herencia el fallecido dictador Augusto Pinochet y que, después del plebiscito, seguirá vigente.

Durante la campaña hacia la consulta, el presidente se mostró institucional y aseguró que tanto el ‘apruebo’ como el ‘rechazo’ eran válidos y que el gobierno no se pronunciaría por ninguna alternativa.

Sin embargo, varios de los ministros advirtieron que un triunfo del ‘rechazo’ representaría un descalabro porque limitaría el programa de un gobierno que es de izquierda y que compartía los contenidos de la propuesta.

Así, ataron la suerte de la consulta a la de la gestión. Y perdieron.

Por eso no sorprendió que el domingo, en cuanto se consolidó la victoria del ‘rechazo’, Boric confirmara que haría cambios de gabinete.

«Hacer frente a estos importantes y urgentes desafíos requerirá prontos ajustes en nuestros equipos de gobierno para enfrentar este nuevo período con renovados bríos», anunció.

Por ahora, la prensa chilena ya da como un hecho la salida del gobierno de la jefa de Gabinete, Izkia Siches; y del ministro secretario general de la Presidencia, Giorgio Jackson; a quienes se adjudica la responsabilidad política del triunfo del ‘rechazo’.

A negociar

Varios medios anticiparon este lunes que los cambios serán confirmados por Boric a lo largo de esta semana, luego de que alcance acuerdos con las fuerzas políticas que integran la coalición que lo llevó al poder y en las que estallaron nuevas tensiones ante el fracaso del ‘apruebo’.

En las semanas previas al plebiscito, a sabiendas de que las encuestas anticipaban una victoria del ‘rechazo’, el presidente se atajó y advirtió que, si se rechazaba la nueva Carta Magna, propondría reiniciar el proceso constituyente, incluida la elección de nuevos convencionales.

Aclaró, además, que lo que no está en duda es que los chilenos quieren una nueva Constitución, ya que ese fue el mandato del 78 % de la población en el plebiscito que se realizó en octubre de 2020.

Lo que dijo el domingo el 62 % de la ciudadanía, en todo caso, es que no aprueba la propuesta que elaboró la Convención, no que ya no quiere una nueva Constitución.

De hecho, también durante las campañas, la mayoría de la oposición que apoyaba el ‘rechazo’ se comprometió a colaborar con el diseño de otra Constitución que sí reflejara los intereses de toda la sociedad chilena.

Ahora que ya pasó el plebiscito, dijeron que mantienen su palabra pero, fortalecidos por los resultados, endurecen posiciones. La alianza conservadora Chile Vamos, por ejemplo, ya advirtió que no acudirá a la primera reunión que convocó Boric hasta que no «ordene la casa», es decir, hasta que no reformule a su equipo de trabajo y ofrezca una propuesta clara.

(RT)

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