Los avances logrados por Ucrania en la recuperación de algunas regiones que estaban en poder de Rusia desde marzo han recrudecido los ánimos guerreristas de Washington y la Unión Europea y alimentado las calderas de la maquinaria de propaganda de occidente, afirmó el comunicador político y filósofo venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela, al analizar los hechos concretos de los últimos días en el conflicto.

“Es falso que el avance ucraniano de finales de agosto signifique la derrota de Rusia y el final de la guerra, como lo plantea la propaganda occidental, pero tampoco es un reagrupamiento táctico, como intenta señalar Moscú. Ninguna de las dos posturas corresponde a la verdad  –puntualizó-. Pero está claro que con esos avances de las fuerzas ucranianas, Volodímir Zelenski se está frotando la manos porque se ha ganado más apoyo de Estados Unidos y la OTAN, más armas y más dólares”.

“Resulta evidente que desde finales de agosto, Ucrania ha retomado posiciones, algunas de ellas estratégicas, en zonas que Rusia controló con relativa rapidez tras el inicio de las hostilidades, a finales de febrero. Esto es innegable, por lo que no resulta inapropiado pensar que el envío permanente de armas, instructores de campo, asesores militares y dinero a manos llenas han sido extremadamente importantes para esos fines”, advirtió.

Precisó que si se hila más fino, se aprecia que muy por sobre todo, los avances en el sureste ucraniano le han dado al gobierno de Zelenski una bocanada de oxígeno para exigir más y vender exitosamente la especie del fracaso de las fuerzas rusas ante un ejército aparentemente más débil y desprovisto.

Informes de la prensa occidental apuntaron reiteradamente que las fuerzas ucranianas apenas encontraron resistencia e incluso se mencionó abiertamente la posibilidad de un retroceso para evitar enfrentamientos que podrían traducirse en derrotas humillantes para Rusia. 

¿Repliegue táctico?

Desde Moscú, estos mismos eventos fueron presentados como un repliegue táctico. Aún no ha sido explicado por qué se abandonaron posiciones que se consideraron estratégicas para abastecer las líneas en el sureste o por qué estas estaban pobremente defendidas. “A esto, en honor a la verdad, Rusia no ha dado explicaciones”, comentó Pérez Pirela.

Dijo que, de nuevo, hace falta poner el foco en los detalles para ofrecer una interpretación convincente.  Si bien es cierto que el repliegue ruso se calificó casi unánimemente como fracaso militar y se computó como victoria para Ucrania, no han abundado las imágenes de capturas o rendiciones masivas que respalden la cacareada superioridad ucraniana en el terreno.

De otra parte, aunque resulta imposible establecer si es cierto que Rusia se replegó tácticamente, los anuncios de referéndums en las regiones en disputa así como la escalada militar anunciada este miércoles, otorgan alguna credibilidad a la existencia de un plan estructurado.

Si se da por válida esta conjetura, la otra consecuencia es que al mismo tiempo se debilitan las narrativas asociadas a la derrota militar, al supuesto descuido ruso de su línea de combate y otros sucedáneos que han prevalecido en los reportes del conflicto durante las últimas semanas.

Algunos efectos internos de los anuncios de Putin

Es escasamente creíble que el reclutamiento para la guerra suscite entusiasmos masivos en ninguna sociedad y la rusa no parece ser la excepción, inclusive a pesar del innegable respaldo popular a Putin y del bien conocido patriotismo ruso que la propaganda occidental quiere poner en duda.  

En medios occidentales y redes sociales circulan imágenes de manifestaciones en las principales ciudades. La agencia EFE reporta que más de  mil personas fueron detenidas por la policía en distintos eventos, la mayoría en Moscú y San Petersburgo.

Siempre en apego a esta versión, las autoridades habrían advertido que quienes participen en acciones calificadas como ilegales por el gobierno –no se especificaron cuáles– podrían enfrentar penas de cárcel de hasta 15 años.

Mostró escenas que supuestamente demuestra que las protestas contra el alistamiento ordenado por el gobierno han sido generalizadas. Reiteró que se trata de la visión occidental de lo que está ocurriendo en Rusia.

Según reseña la agencia italiana ANSA, citando a RIA Novosti, este martes la Duma aprobó una serie de enmiendas al código penal que suponen el agravamiento de las penas en caso de «movilización», «ley marcial», «tiempo de guerra» y «conflicto armado».

En particular, quienes se nieguen a presentarse para la guerra serán encarcelados por 10 años, dato que alertó acerca de la inminencia de un decreto para aumentar la presencia militar en la zona de conflicto.

En otro informe, EFE aseguró que la boletería para abandonar Rusia hacia destinos que no exigen visa como Mongolia, Turquía, Azerbaiyán, Armenia o Kazajistán, se agotaron apenas minutos después del anuncio presidencial.

Por su lado, Zarina Dogúzova, jefa de la Agencia Federal de Turismo, dijo que aún no se han establecido excepciones para abandonar el país relacionadas con la entrada en vigor de la movilización parcial, pero matizó que aún se esperan aclaratorias oficiales al respecto.

Entretanto, en algunas ciudades rusas se documentaron largas filas de vehículos. Aparentemente, miles de personas estarían intentando abandonar el país para no involucrarse en el conflicto.

Pérez Pirela hizo hincapié en el hecho de que la Unión Europea mantiene serias restricciones al ingreso de rusos a sus países miembros, incluyendo a los que supuestamente huyen del reclutamiento. “No se entiende muy bien está lógica”, acotó.

Conviene recordar que los destinos de la Europa Schengen están restringidos para los rusos que se oponen a la guerra, gracias a los esfuerzos de políticos como la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas y su homóloga finlandesa, Sanna Marin, que han exigido sufrimientos para el pueblo ruso y presentado la emigración hacia Europa como un privilegio.

Aunque a finales de agosto Lituania, Letonia, Estonia y Polonia –además de Ucrania– abogaron por una suspensión total, los ministros de exteriores de la Unión Europea aprobaron una restricción de los acuerdos preferenciales que regían desde hace más de una década.

Esta decisión, sin embargo, no satisfizo a los Estados bálticos, que el 7 de septiembre acordaron «restringir al máximo» el ingreso de nacionales rusos y bielorrusos a su territorio, aun cuando dispongan de visado Schengen.

La previsible respuesta Occidental

Como cabía esperar, la OTAN, Ucrania y sus aliados reaccionaron  tanto a la perspectiva de realización de los referéndums en el Donbás, Zaporizhia y Jersón, como a la ampliación de la presencia militar de Rusia en esos territorios.

En la ONU, el presidente francés, Emmanuel Macron, sostuvo que Rusia es la encarnación del retorno a los tiempos del imperialismo y el colonialismo, aunque luego aseguró que París está comprometido con mantener el diálogo con Moscú.

“Macron finge desconocer la historia de Francia y se atreve a llamar a Rusia imperialista y colonialista, como si su país no fuera una de las potencias colonialistas e imperialistas desde el siglo XVII hasta la actualidad”, deploró el moderador.

En abierta contradicción, Macron dijo también que su país continuará «prestando apoyo económico y militar a Ucrania» para conseguir la paz, que en su opinión, solo podrá conseguirse si Kiev puede ejercer su derecho a la defensa y preservar su libertad.

Del mismo modo, el gobernante galo acusó directamente a Rusia de cometer crímenes de guerra en territorio ucraniano y advirtió que la justicia internacional debía «determinar los hechos» y sancionar a los responsables. 

“Siempre amenazando con la justicia internacional, que es en realidad la justicia de los países occidentales. Es algo que conocemos perfectamente en la República Bolivariana de Venezuela y Cuba, naciones a las que todos los días se le chantajea con esto de la justicia internacional. Esa justicia no ha aparecido para sancionar a Francia, el primer país que bombardeó Libia por decisión de su entonces presidente Nicolás Sarkozy”, expresó Pérez Pirela.

Por su parte, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken tachó de «falsos» los venideros eventos electorales, porque, según él, el Kremlin instaló «representantes títeres» en esas zonas con el fin de anexionárselas irregularmente.

«Si esos referendos se hacen y Rusia pretende anexionar territorio ucraniano, Estados Unidos nunca los reconocerá. Nunca», afirmó.

Asimismo Blinken sostuvo que Washington tenía informes de que Putin pretendía aumentar la movilización en el frente, lo que secundó de acusaciones de irrespeto a la Carta de las Naciones Unidas por parte de Moscú. “Son informes como el de Collin Powell presentó allí mismo sobre armas de destrucción masiva en Irak”, recordó.

Esta línea discursiva anunciaba el tono que tendría la intervención del presidente estadounidense, Joe Biden, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas este 21 de agosto.

El mandatario dedicó la mayor parte de su discurso a culpar a Putin de la casi totalidad de crisis presentes en el mundo, al tiempo que aseguró que el deber de países como el suyo era «proteger» a las naciones pequeñas y «defender la democracia» de los avances del «autoritarismo».

“Si proteger a las naciones pequeñas no son ínfulas colonialistas, díganme qué son”, apostilló el presentador.

Biden también acusó a su par ruso de irrespetar reiteradamente el «orden internacional basado en reglas» y en particular, lo consagrado en la Carta de las Naciones Unidas.

Es claro que Estados Unidos carece de moral para señalar a cualquier otro país por incumplimiento de lo establecido en el Derecho Internacional y que ahora mismo su ejército continúa ocupando países y causando devastaciones, pero lo dicho por su presidente en la ONU debe interpretarse como la postura de la OTAN y sus aliados. “Ese discurso es la hoja de ruta de los próximos pasos del conflicto en Ucrania”, interpretó Pérez Pirela.

El plan anunciado por Joe Biden, cabeza política del Occidente global, es enjuiciar a Vladímir Putin por crímenes de guerra y lesa humanidad, en razón de la ocupación militar de parte del territorio ucraniano, con lo que, según él, pretendería «anular» el derecho de Ucrania a existir como Estado.

Mientras esto se sucedía, la Unión Europea anunció reuniones para discutir nuevas sanciones contra Moscú y más respaldo a Ucrania –más armas y más dinero para financiar la guerra–, modos genéricos con los que el bloque asegura que responderá a Putin.

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, utilizó los bombardeos a la central nuclear de Zaporizhia –que Rusia y Ucrania se atribuyen mutuamente– y las declaraciones del mandatario ruso relativas al uso de armas nucleares, para justificar las nuevas acciones, visto que en su criterio, sobre Europa se cierne el riesgo nuclear. “Borrell, una vez más, es un diplomático que se pone la máscara de guerrerista. Se le nota la alegría, la felicidad por anunciar cada vez más sanciones y más guerra”, acotó el presentador.

La relativa falta de estridencia en las declaraciones del diplomático puede atribuirse al creciente descontento en los países del bloque. Desde hace semanas, los ciudadanos se han volcado a las calles para protestar contra el alza de los alimentos y la energía, así como para pedir el fin de la guerra.

Hace pocas jornadas, el propio Borrell reconoció que «la tentación de abandonar el apoyo a Ucrania está en parte de la sociedad europea. Quieren acabar con la guerra porque no se pueden soportar las consecuencias, los precios», si bien luego dijo que Bruselas tenía que «acabar con esa mentalidad».

A pesar de su posición dentro de la estructura de la Unión Europea, este funcionario ha sido un apologista de la tesis de derrotar a Rusia en el campo de batalla y de cerrar la puerta a cualquier solución negociada, aunque ello implique el sufrimiento del pueblo ucraniano, cuyos intereses dice defender.

En la misma línea se expresó la primera ministra británica, Liz Truss, en su discurso en la Asamblea General de la ONU. Según Truss, Ucrania no solo lucha por su soberanía, sino por la defensa de los valores occidentales.

Sobre esta base, la premier británica prometió que el Reino Unido mantendría o aumentaría su «ayuda militar a Ucrania mientras sea necesario», pues el objetivo es que Kiev «venza».

Truss enfatizó que mientras ella pronunciaba su discurso, llegaba al frente más armamento, incluyendo «cohetes MLRS».

Pérez Pirela recalcó que las protestas en los países de la UE van a ir in crescendo en la medida en que se acerque “el General Invierno”. Pronosticó que varios de los gobiernos van a caer por esa presión y habrá que ver entonces cuál será la postura de Borrell y de otros altos funcionarios de la UE, como Úrsula von der Layen, promotores activos de las sanciones contra Rusia, que se han traducido en sufrimientos para los pueblos europeos”.

(La Iguana.TV)

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