El filósofo y analista político Miguel Ángel Pérez Pirela se refirió a las declaraciones del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ante los señalamientos de las naciones occidentales por la organización del Mundial en Catar.

En Desde Donde Sea, Pérez Pirela comentó que lo que puso a Infantino en el ojo del huracán fue el haber denunciado el doble estándar europeo para acusar a otros países de atentar contra los derechos humanos, cuando, según él, le han hecho «cosas» al mundo «durante los últimos 3.000 años» que ameritarían una disculpa.

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Infantino también enfiló su artillería verbal contra las compañías europeas –y extranjeras, en general–, que ganan ingentes cantidades de dinero con sus negocios en Catar, pero no se han molestado en discutir «la situación de los derechos de los trabajadores migrantes con las autoridades», porque están conscientes de que «cambiar la legislación implica menos beneficios».

«Me siento catarí, me siento árabe, me siento africano, me siento gay, me siento discapacitado, me siento trabajador inmigrante. Me siento como ellos y sé lo que es sufrir acoso de pequeño. Yo era pelirrojo y sufrí bullying», expresó Infantino en una rueda de prensa desde Doha.

Pérez Pirela subrayó que con esta recopilación de posturas oficiales, no pretendía en modo alguno lavarle la cara a una nación en cuya legislación aún figuran como castigos la flagelación y la lapidación, donde las mujeres son ciudadanas de segunda clase y donde se han documentado de manera suficiente numerosas violaciones a los derechos humanos y laborales perpetradas contra los trabajadores migrantes.

Advirtió, asimismo, que tampoco obviar que la FIFA, un organismo supraestatal sujeto a escasas regulaciones, ostenta un inmenso poder económico derivado de la organización de mundiales y otras competencias futbolísticas, al tiempo que recordó que su interés en el respeto a los derechos humanos puede ser fácilmente puesto en cuestión, solo con recordar que Argentina alojó el Mundial en 1978, cuando el país suramericano sufría los embates de una de las peores dictaduras del continente.

Así las cosas, puntualizó, no falta quien opine, con sobrada razón, que acusar a la FIFA de otorgar una sede mundialista sin seguir los criterios políticos de Occidente, es desacertado e inconsecuente, visto el silencio que se ha guardado en otras oportunidades.

Habiendo aclarado esto, precisó las razones geopolíticas que motivaron esta campaña de boicot contra el Mundial de Catar, unas derivadas de la guerra proxy entre Rusia y la OTAN que se libra en Ucrania y otras asociadas a las pugnas de poder en la región del Medio Oriente.

Sobre lo primero apuntó que el país árabe, con un PIB similar al de Hungría pero con menos de tres millones de habitantes, es uno de los principales reservorios de petróleo y de gas natural del globo.

De este modo, explicó, la combinación entre altos ingresos y una población pequeña, han hecho de su capital, Doha, uno de los principales centros de negocios de la península arábiga en la que numerosas trasnacionales europeas y estadounidenses han decidido asentarse, sin denunciar ni expresar preocupaciones sobre las libertades civiles en el emirato.

También recordó que en febrero de 2022, dos días antes de iniciaran formalmente las hostilidades en Ucrania, Catar alojó la sexta Conferencia de Países Productores de Gas y entonces, Estados Unidos intentó presionar al emirato para que desviara parte de su producción hacia Europa.

El ministro de Energía catarí no solo se negó a la demanda de la Casa Blanca sino que intuyendo un eventual paquete de sanciones contra Moscú, advirtió que ninguna nación estaba en capacidad de reemplazar a corto plazo los hidrocarburos rusos.

Además, puntualizó que aunque Catar abandonó la OPEP para desarrollar su industria gasífera, todavía es un exportador relevante asociado al bloque OPEP+, que como es sabido, acordó recortar la oferta diaria en dos millones de barriles para estabilizar los precios a partir del 1 de noviembre, una decisión que fue ampliamente criticada desde el gobierno estadounidense.

Asimismo, en lo que calificó como una gran bofetada a Occidente, este lunes, Catar Energy suscribió un contrato con Sinopec para abastecer a China de gas natural licuado durante 27 años.

Según se precisó en un breve comunicado, el acuerdo, que es el de más larga duración en la historia del sector, contempla que la empresa catarí le provea al gigante asiático cuatro millones de toneladas anuales de gas procedentes del yacimiento que comparte con Irán en el Golfo Pérsico, sintetizó.

Pérez Pirela señaló que más allá de los vaivenes del mercado energético por causa de las sanciones que pesan sobre el crudo y el gas de Rusia, las relaciones entre Catar, sus vecinos y el así llamado Occidente colectivo han estado en la cuerda floja durante la última década.

En este orden rememoró que hace apenas cinco años, Arabia Saudí, Baréin, Egipto y Emiratos Árabes Unidos rompieron relaciones con Doha por el presunto financiamiento del emirato a grupos terroristas y le impusieron de facto un cierre de fronteras.

En realidad, explicó, las tensiones se incrementaron a raíz de las buenas relaciones entre Catar e Irán, porque, como se sabe, en Riad se combate por casi toda vía el liderazgo de Teherán, pues socava tanto el rol saudita como los intereses estadounidenses en la región.

La copa se lavó el 5 de enero de 2021 en una reunión de la Organización de Cooperación del Golfo en Arabia Saudita, a la que acudió el jefe del Estado catarí. En balance, como las presiones no lograron asfixiar ni diplomática ni financieramente al emirato, se optó por la distensión.

«Bloquearon a Catar y no lo lograron, pues creció aún más, gracias a sus relaciones con Irán y Turquía», comentó.

Con estos elementos sobre la mesa, el especialista indicó que se puede concluir sin mayor esfuerzo que toda la arremetida contra el Mundial de Catar dista mucho estar basada en preocupaciones legítimas por la situación de los derechos humanos de los trabajadores migrantes, de las mujeres y del colectivo LGBTQ en el país árabe.

A su parecer, si bien es verdad que las denuncias en las que se soporta la campaña podrían ser en mucho ciertas, los tardíos señalamientos de Europa hace sospechar que las acusaciones responden a un interés ulterior, por lo que el intento de boicot contra el Mundial de Catar está mucho más relacionado con la negativa de Catar a suplir el mercado energético europeo en función de sus acuerdos con China –como revela el contrato anunciado el lunes–, que con una defensa de los derechos de los oprimidos.

(LaIguana.TV)

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