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martes, 28 / 05 / 2024

¿En qué se parece la Caverna de Platón al Chavo del ocho? Buen Abad y Pérez Pirela lo explican 

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La icónica serie mexicana de televisión El chavo del ocho es una versión moderna de El mito de la caverna de Platón porque relativiza la crueldad del abandono y la violencia contra los niños propias de la sociedad capitalista y las hace pasar por entretenimiento. 

Tal es el análisis del filósofo y comunicador Fernando Buen Abad, en conversación con su colega Miguel Ángel Pérez Pirela, en la emisión del programa Desde Donde Sea que ambos dedicaron al tema de la disputa por el sentido en la sociedad actual.  

Miguel Ángel Pérez Pirela (MAPP): Cuando leo tus artículos u oigo tus conferencias, pienso en El mito de la caverna, que es el gran paradigma de la representación porque nos enseña que aquello que estamos viendo no es lo que es, sino lo que otra persona nos representa. Tú explicas muy bien el concepto de representación utilizando el ejemplo de El chavo del ocho. Entonces, ¿qué relación hay entre El chavo del ocho y El mito de la caverna de Platón? 

Fernando Buen Abad (FAB): Pues, una íntima relación, gracias por hacer ese vínculo. Es una de las metáforas que con mayor aprecio recojo de Platón, siempre y cuando no nos quedemos en la nostalgia de la anécdota, sino que sepamos traerla al presente y ver su utilidad hoy. El Chavo es un caso interesantísimo. México ocupa el segundo lugar mundial en niños de la calle. Hoy en México hay hasta “nietos de la calle”. Son familias enteras que han vivido, si es que se puede llamar vivir a eso, tal vez sea mejor decir, que han sobrevivido, en el desamparo más cruel que se pueda imaginar con todo lo que eso implica en violencia y deshumanización. El Chavo del ocho es un niño de la calle que vive en una pequeña sociedad, lo que en México llamamos vecindad, y donde su único espacio de refugio es un barril. Treinta y tantos años de ese programa de televisión y nunca hubo en esa vecindad una mano que le diera un abrazo fraterno y lo sacara de esas condiciones tan de abandono para darle una escuela, una casa, comida y ni siquiera vestido. Él vive en harapos. Lo más que consiguió en dos oportunidades, creo, fue que le dieran una torta de jamón para que se la comiera, como una especie de limosna. Esa serie de televisión, si pudiéramos imaginar un cono de violencia que se descarga sobre la cabeza del Chavo, simbólica, metafórica y políticamente hablando, evidencia algo que a mi modo de ver es la realidad del modelo capitalista, en términos ideológicos, que consiste en golpearte en la cabeza todas las veces que pueda, con las ideas y con los palos. Hay estudios científicos que dicen que la lastimadura que produciría un golpe descargado en la cabeza de un niño por un adulto, a la velocidad en la que lo hace el personaje del Chavo, merecería al menos quince días de cárcel, si hubiese una ley que lo sancionara. En cada capítulo había al menos tres golpes de esos. Además, se producía el llanto del niño, que representa una de las paradojas más dolorosas, y es que cada vez que le pegan hay una carcajada de complicidad con la violencia y la burla. Además de esa representación del desamparo, la miseria y la crueldad social del abandono de un niño, hay otro aspecto brutal: desaparece la lógica de la estructura de la familia y de los afectos interfamiliares, para dar lugar a un vínculo casi exclusivamente de protección de clase. Es el caso de Quico con su mamá y de ella con el profesor, que es un personaje alternante en el escenario. La burla sobre el gordo dueño de la vecindad es una expresión de ese modelo abstracto de la estética burguesa. Esta serie ha sido premiada en todo el continente y reconocida como uno de los grandes logros de la televisión mexicana. El dictador Augusto Pinochet recibió a Roberto Gómez Bolaños, el productor y actor de la serie, como un héroe nacional. Lo mismo hicieron otros mandatarios. Todo ese paquete ideológico, político, ético y estético servía para que nuestros padres nos sentaran ante el televisor a ver eso como entretenimiento. A una hora de la tarde, los niños de México y de buena parte de América Latina, nos sentábamos a ver esa Caverna de Platón, donde nos estaban enseñando todo género de crueldad, pasando como entretenimiento y hasta como una cosa tierna. Todo eso para invisibilizar las crueldades del capitalismo en las calles, con los niños abandonados. 

MAPP: En la Caverna de Platón no se nos dice nunca quiénes son los que están por detrás colocando las figuras para que nosotros veamos las sombras, pero en tus investigaciones sí los has señalado una y mil veces, no solo en el caso de El chavo del ocho, sino también de todos los mass media de la región. Grupo Prisa, Grupo Clarín, lo que le están haciendo a Petro ahora con la revista Semana. Y no es algo sólo del siglo XXI. Tú señalabas a Pinochet y sabemos que esa dictadura estuvo sustentada en El Mercurio. Ahora sí sabemos quiénes están detrás, ¿no es cierto? 

FBA: Sí. Es lo que te decía de no quedarnos con la nostalgia de la metáfora platónica, sino hacer la parte que nos toca en el presente, que es completar el cuadro. Es verdad que hay sombras sobre la pared y hay gente que los ve como gigantes, incluso con admiración, pero también es cierto que unos que están afuera planifican todo eso. Y esa planificación simbólica tiene su ruta crítica. Hay un plan perverso de dominación simbólica que tiene fechas navideñas, de Semana Santa y a lo largo de todo el año, en los que vamos celebrando esos modelos de subordinación a pesar de que sabemos quiénes mueven los hilos de semejante escenario. Ese es uno de los grandes pendientes que tenemos con nuestros modelos educativos por más progresistas que los definamos y por más afectos y respeto que tengamos por ellos. Tenemos que esmerarnos en el trabajo minucioso de mostrar quiénes son los que mueven esas sombras con las que se manipula y se logra eso que decía Bolívar, que por el engaño nos han dominado más que por la fuerza. Hemos tenido masas de consumidores de televisión, como en el caso de El Chavo y otros muchos, en los que aparecen pueblos subordinados y derrotados por el engaño mediático. Tenemos personas que llegan a creer que la cosa es así y que así están bien. Ahí tenemos de nuevo un problema de la disputa por el sentido porque lo que debemos decir es que ni la cosa es así siempre y en todos lados ni está bien. No son así los pueblos, no es así siempre y hay otro conjunto de realidades que nos ilustran en el terreno de la diferencia. Una de ellas es la lucha en el campo educativo. No puede ser que todavía hoy nosotros no comprendamos Mesoamérica. Más de 45 pirámides, cinco grandes civilizaciones (olmecas, toltecas, aztecas, huastecos, mayas) en un espacio en el que construyeron emporios del conocimiento, ciencia médica y política, desarrollos civilizatorios. Pero en buena parte del continente, cada vez que se piensa en Mesoamérica, se piensa en negritos pobres, flacos, muriéndose de hambre, o se piensa en la United Fruit, o se piensa en mexicanos borrachos sentados debajo de un nopal tomando pulque o tequila. Si esos son modelos simbólicos hegemónicos con los que se sigue transitando el modelo Speedy Gonzales de la ideología, tenemos que exigirnos como modelos educativos progresistas, críticos, avanzados, humanistas, es una reconversión de todos los programas de estudio para que la disputa por el sentido pase a ser una formación sistemática desde chiquitos en las aulas. 

(LaIguana.TV) 

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