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viernes, 21 / 06 / 2024

Lula contra el proteccionismo europeo: ¿Podrá Brasil firmar el acuerdo Mercosur-UE?

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El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, se comprometió a llevar a término el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. En diálogo con Sputnik, los analistas Daniel Prieto y Marcio Olimpio advirtieron que, pese a ser más escuchado, el dirigente tendrá dificultades para vencer las trabas impuestas por Europa.

Al asumir la presidencia pro témpore del Mercado Común del Sur (Mercosur) —que integran Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— durante la cumbre del bloque en la ciudad argentina de Puerto Iguazú, Lula da Silva se comprometió a llevar a buen puerto el tratado de libre comercio con la Unión Europea, un compromiso desafiante considerando que las negociaciones entre ambos bloques reúnen más de 20 años de esfuerzos.

Actualmente el tratado se encuentra estancado debido a nuevas exigencias que impuso la Unión Europea en materia ambiental, que supondrían un riesgo para Brasil al exponerse a sanciones económicas por posibles incumplimientos.

La no culminación del acuerdo tensiona la interna del Mercosur. El presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, cuestionó en su intervención la extensión de las negociaciones con el bloque europeo. “Veintidós años de negociación en este mundo no es lógico”, expresó el mandatario sudamericano, asegurando que al Mercosur lo caracteriza un “inmovilismo”.

Sanciones europeas, el primer escollo

Pese a que en 2019 parecía que solo faltaban los detalles finales del acuerdo, el Parlamento Europeo optó por no ratificarlo luego de considerar que las políticas ambientales de la Administración de Jair Bolsonaro (presidente de Brasil entre 2019 y 2023) contradecían el Acuerdo de París, compromiso internacional para mitigar los efectos del cambio climático.

Por eso, Lula, sucesor de Bolsonaro en el cargo, deberá apuntar a que “se creen nuevos mecanismos para la renegociación del acuerdo final con la Unión Europea”, dijo a Sputnik el politólogo colombiano Daniel Prieto.

El punto más crítico, de acuerdo al experto, es “la incorporación de sanciones económicas por el incumplimiento de los compromisos ambientales que se asumieron con el Acuerdo de París, firmado en 2015, dado que todavía no ha entrado en vigor en varios de los países que conforman el Mercosur”.

El Acuerdo de París condiciona a los exportadores a cumplir con criterios ambientales, manifestó Prieto, criterio que “limita la capacidad de crecimiento industrial en la región”.

Para el experto no hay que dejar de considerar que, pese a los esfuerzos realizados a nivel regional en materia medioambiental, los diferentes países atraviesan un proceso de transición ecológica. El problema es que este proceso no se da en igual medida en América Latina que en los países desarrollados que conforman la Unión Europea.

Por este motivo, la aplicación de sanciones al Mercosur limita la posibilidad de entablar relaciones comerciales más equilibradas. “No se pueden establecer sanciones mientras existan asimetrías en el desarrollo de las regiones”, sostuvo Prieto.

¿Una fachada para el proteccionismo?

Otro de los factores que intervienen en la dilatación de la ratificación del acuerdo —ya advertidos por miembros del Mercosur— se ubican en la posibilidad de que la Unión Europea apele a las cuestiones medioambientales como una excusa para tener una postura proteccionista con respecto a su sector agrícola, entendiendo que el ingreso de productos del Mercosur podría ponerlo en riesgo.

En diálogo con Sputnik, el politólogo brasileño Marcio Olimpio aseguró que, en el fondo, lo que le importa a la UE “es el acceso de los países productores del Mercosur a los mercados agrícolas”. En ese sentido, el analista indicó que se está intentando “proteger a los productores locales” y que algunos países europeos como Francia y Países Bajos ven a los mercados agrícolas como sectores estratégicos.

A pesar del entusiasmo mostrado por Lula, Prieto se mostró poco optimista en relación a que el acuerdo con la UE se firme durante el segundo semestre de 2023. En su opinión, la coyuntura política, económica y social que atraviesa Europa, afectada por el conflicto en Ucrania, no brinda un escenario prometedor para finalizar el tratado.

El experto aventuró que Lula seguramente convocará a una reunión entre los miembros del Mercosur para negociar sobre los puntos más críticos del acuerdo con la UE y que incluso pueda apelar, ya finalizada su presidencia pro témpore en el Mercosur, a los países del G20, a los que recibirá en Brasil en noviembre de 2024, con la intención de “hacer un llamado a esos mismos países de la Unión Europea para que renegocien esas cláusulas sancionatorias que rigen ahora”.

A su vez, el mandatario brasileño también podría llevar los intereses del bloque regional a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se desarrollará en la ciudad amazónica de Belém, en el estado brasileño de Pará (norte).

“Todo este movimiento que comienza Lula desembocará finalmente en el 2025 con la COP30, que se va a realizar en Brasil y coincide con la finalización del Gobierno de Lula. Tiene unos tres años de trabajo para alinear sus esfuerzos de cara a la ampliación de las relaciones comerciales de la región”, apuntó el analista.

Olimpio aseveró, en tanto, que el mayor protagonismo internacional que el tercer mandato de Lula le devolvió a Brasil “hace que los estados europeos escuchen mejor las demandas” del Mercosur. Sin embargo, aun así consideró que puede ser muy difícil que sean atendidas.

Para el analista, el próximo semestre, en el que Lula encabezará el Mercosur, “va a ser de negociaciones muy intensas y muy duras”. En ese marco, la próxima cumbre de alto nivel entre UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se desarrollará en Bruselas, puede ser clave para llevar a término el acuerdo.

Esta cumbre podría dar indicios de que las partes “están dispuestas a dejar de lado algunos elementos de sus exigencias en beneficio de un acuerdo, que no va a ser óptimo”. De ser así, el tratado podría concretarse entre el final del segundo semestre de 2023 y el primer semestre de 2024. De lo contrario, las negociaciones continuarán.

(Sputnik)

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