El presidente de Argentina, Alberto Fernández, reavivó la confrontación con la vicepresidenta de ese país, Cristina Fernández de Kirchner, al asegurar que ella quería que él la obedeciera, lo que jamás hizo porque no era su «títere», como pregonaba la prensa opositora.

«(La relación) termina distante porque la verdad no pensamos igual en muchas cosas, en muchos métodos, en muchos criterios», afirmó el mandatario en una entrevista con el medio uruguayo El Observador, que marcó su regreso mediático, ya que durante la campaña que culminó con el triunfo del opositor ultraderechista Javier Milei, el mandatario saliente evitó hablar con la prensa.

Como ejemplo de sus diferencias con Fernández de Kirchner, el presidente aseguró que él cree que el déficit fiscal daña la economía y que la emisión de dinero genera inflación.

Fernández fue cuestionado sobre las declaraciones de la también expresidenta, quien el pasado 22 de octubre, después de votar en la primera vuelta electoral, aseguró que el único responsable de lo ocurrido durante su gobierno fue el propio mandatario. «El que decide es el presidente, yo no fui escuchada», dijo.

«Ella confunde las cosas. Fue escuchada, fue leída porque mandaba cartas públicas, tuits, hacia declaraciones y además la escuchaba en privado. Lo que es verdad es que no la obedecía en todo lo que ella hubiera querido, pero no era mi misión obedecerla y ella lo supo desde el primer día», advirtió.

En ese sentido, Fernández recordó lo ocurrido en 2008, cuando ella era presidenta y él renunció a la jefatura de Gabinete, inconforme con la manera en que manejó la crisis con las patronales agropecuarias.

«Cuando estuve en desacuerdo dije: ‘hasta acá llegué’. Me fui porque era empleado de un gobierno. Ahora soy el presidente, ahora tengo que quedarme hacer frente y actuar», señaló.

¿Futuro?

También reveló que, al asumir la presidencia, un dirigente cuyo nombre no quiso dar le anticipó que enfrentaría tiempos difíciles y que habría «tironeos» en la coalición peronista, el Frente de Todos, que lo llevó al poder.

«Tuvo razón. Él me recomendó que antes de reaccionar cuente hasta 10. Le hice caso y cada vez que enfrente situación conté hasta 10, tragué saliva y dije que lo más importante era preservar la unidad para no entrar en una nueva frustración argentina», señaló.

Fernández agregó que esta experiencia debe abrir un debate interno en el peronismo para definir cómo se van a reorganizar en el futuro, luego del 10 de diciembre, fecha en la que le entregará la banda presidencial a Milei.

«No es que en la coalición alguien no haya sido escuchado, lo que es verdad es que alguien no fue obedecido. El presidente no debe obediencia a nadie», insistió.

Por otra parte, recordó que la prensa opositora siempre vaticinó que él quedaría subordinado a los deseos de Fernández de Kirchner, lo que evidentemente no ocurrió.

«Me causa gracia porque los medios argentinos decían que yo era un títere y resulta que el títere es el único que termina enfrentado a Cristina, con lo cual muy títere no era», afirmó.

(RT)