Un poeta brillante y un borracho. Adicto al juego, acostumbrado a vivir bajo la poca luz de un bar sucio. Se le encontró, casi muerto, tirado al borde de una acera, delirante, como se encuentra a cualquier vagabundo que pasa por la calle. Era un poeta, pero se le confundía con un loco.

 

¿Cuántos poetas estaremos confundiendo con locos hoy? O, más importante, ¿A cuantos locos estaremos tildando de poetas?

 

166 años después de su muerte, lo recordamos con el cortometraje El Cuervo, basado en su rememorado poema.

 

(Noticias 24)

 

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