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La polémica entrevista a un español sobre colas, el consumo y el salario en Venezuela
Mayo 29, 2016
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En las proximidades de las tiendas de electrodomésticos se generaron, durante los primeros días de la ofensiva económica del Gobierno Nacional contra la especulación, largas colas formadas por personas que incluso pasaron varios días seguidos en el mismo lugar, detrás de una santamaría o una puerta de vidrio. Algunas personas sabían por qué aguardaban el ingreso a las tiendas; otras decían abiertamente que comprarían lo que fuera, porque lo importante era aprovechar la disminución de los precios.

 

El analista español Íñigo Errejón, doctor e investigador en Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, dirige la línea de investigación sobre Identidades Políticas del Grupo de Investigación Social Siglo XXI (GIS XXI). En entrevista con el Correo del Orinoco, Errejón atribuye las largas colas en las proximidades de los comercios de electrodomésticos a varias razones. Una de ellas resulta obvia: “Hay más dinero disponible”, hay “una democratización del acceso al consumo. Ahora la gente puede consumir más”.

 

El analista aporta otros razonamientos: “Ante la inestabilidad económica provocada se desalientan los planes a largo plazo, y se fomenta planificaciones a costo plazo. Es decir, me quedo con lo que consiga para hoy. Acumulo hoy porque no sé lo que pasará mañana”. Eso, añade, tiene que ver “con la percepción de una cierta inestabilidad económica, que no es un fenómeno atmosférico, no cae del cielo, sino que es un fenómeno que tiene que ver con una voluntad declarada, de algunos sectores, que así afirman su poder y erosionan el Gobierno Nacional”.

 

El experto suma un tercer elemento: el de los valores del capitalismo. “Tiene que ver con una antropología que tiene que ser cambiada, con una transformación civilizatoria de muy largo recorrido”, explica. “Ya se ha conseguido la democratización del acceso al consumo, pero todavía no se ha conseguido quebrar la ideología del consumo de la sociedad relacionada con la adquisición de más mercancías. Eso no se ha conseguido en ningún sitio. Es muy difícil”. Es “una pelea permanente y que nunca se va a ganar del todo, porque la gente va a seguir queriendo adquirir productos que le generen bienestar”.

 

PODER PARA DECIDIR

 

 

-¿Es contradictorio que una revolución fomente el consumo, como parece ocurrir?

 

-No si es una revolución en libertad, y eso es fundamental en Venezuela. Venezuela es una revolución en libertad, y por lo tanto la gente puede decidir lo que hace. Además, el proceso de transformación en Venezuela le ha dado a la población más herramientas para decidir en lo político; en lo económico le ha dado más dinero. Desmercantilizando necesidades ha liberado renta para otras cosas; al garantizar la educación y la salud, la gente tiene más dinero disponible para dedicarlo a otras cosas, como el consumo. El aumento de la capacidad de consumo es producto de la Revolución Bolivariana.

 

El complemento debería ser, a su juicio, “un desarrollo institucional que asegure un flujo normal de mercancías a un precio adecuado del uso que se está haciendo de los dólares públicos.

 

Errejón se detiene especialmente en este punto porque, lo que en otros países podría interpretarse como la supuesta libertad del comerciante para determinar sus ganancias (que tampoco es así), en Venezuela es diferente: “Los empresarios están utilizando dólares subvencionados por el conjunto de los venezolanos a través del Estado, así que el conjunto de los venezolanos tiene derecho de reclamarles que los precios estén adecuados al uso que hacen de los dólares”.

 

Estima que se preciso “atacar de raíz algunos de los valores del consumismo, lo que resulta muy difícil”, y también “hay que transformar asumiendo que tienes que mancharte las manos y gestionar contradicciones, dificultades. Las únicas revoluciones que no tienen contradicciones son las que no existen; las revoluciones que existen tienen muchas contradicciones porque la realidad siempre es contradictoria”.

 

En el largo plazo “hay que ir asentando esa larga transformación de época en las formas de relacionarse entre sí”; no es solo “cambiar las cabezas”, sino “cambiar el tipo de entorno que favorece unos comportamientos u otros”. La gente puede manifestarse con actitudes cortoplacistas porque, como “herencia del rentismo petrolero, está acostumbrada a planes a corto plazo”. La certidumbre del largo plazo implica “construir instituciones sólidas, lo que no se hace en una década”. La mayor parte de los Estados sólidos y eficaces “lo han hecho en periodos autoritarios y solo para unos pocos, pero Venezuela lo está haciendo para todos y en absoluta libertad. Nadie lo ha hecho. Por lo tanto, las dificultades del proceso venezolano están a la altura de su audacia”.

 

¿POR QUÉ LOS ELECTRODOMÉSTICOS?

 

 

La búsqueda afanosa de televisores se debe, según Errejón, a la asociación con el ascenso social, con el confort que supuestamente implica tener un aparato grande. Analiza que la nevera enfría y preserva la comida, la cocina sirve para cocinar, la lavadora lava la ropa, pero la TV “no satisface una necesidad inmediata”. Estima que probablemente es “una necesidad de verse a sí mismos con mayor estatus, pero también con la posibilidad de venta informar, de reventa, con la mentalidad del corto plazo: obtengo el objeto ahora y luego seguro me sirve para algo”.

 

-Las colas han sido un fenómeno en las últimas semanas. ¿Hay una cultura de las colas?

 

-En Venezuela hay una cultura muy oral: Uno, cuando quiere saber cómo se hace algo, no se mete en internet o llama a la institución, sino que pregunta a algún vecino o un amigo. Yo tardé mucho en entenderlo. Las personas salen a la calle y se ponen en cola, porque ven a otra gente que está esperando, porque algo hay. Tiene mucho que ver con el uso de la calle y con la relación directa, interpersonal, que es algo muy venezolano.

 

-¿Es negativo per se?

 

-Hay un marco interpretativo que trata de asociar colas con burocracia, ineficacia y escasez. Es verdad que con mejor funcionamiento institucional hay menores colas; hay instituciones del Estado que han reducido las colas, pero hay que recordar que en algunos países no hay colas porque no todo el mundo puede. Te vas a un gran almacén y no hay cola porque la gente no puede; hay cosas que están limitadas. Lo que pasa es que siempre ves los anaqueles llenos, a rebosar, y poca gente para la mucha mercancía que hay. Lo que no ves es toda la gente que está en casa, que no tiene plata para hacer demanda.

 

Por ello, agrega, “una contraparte de las colas en Venezuela es, también, la mayor capacidad de acceso al consumo”. Argumento que no le resta importancia al funcionamiento institucional, sobre el que hace énfasis porque “el voluntarismo se agota; ningún pueblo aguanta solo a base de entusiasmo, de amor, de echarle ganas”.

 

Aunque parezca paradójico “hay que construir normalidad revolucionaria”, que es “una cosa muy difícil, porque la revolución es para todo lo contrario, pero las cosas tiene que funcionar sin que la gente tenga que estar permanentemente echándole entusiasmo”.

 

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