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En remisión desde que en febrero del año pasado terminara el tratamiento de quimioterapia,Lorena Meritano es hoy una mujer renovada y segura de sí misma que ha aprendido a conectarse con el presente tras sufrir los estragos del cáncer de mamá que le fue diagnosticado en 2014. Pasada la tempestad, pero aún con las secuelas propias de esta compleja y dolorosa enfermedad, la actriz de origen argentino narra a People en Español su valiente historia de vida para dar un mensaje de prevención y de concientización de que es posible superar este duro obstáculo siempre y cuando sea detectado a tiempo y se tengan las ganas suficientes para seguir viviendo.

 

¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza cuando escuchaste la palabra cáncer?
La palabra no era desconocida porque mi mamá es una sobreviviente, mi papá murió de cáncer y de mis cuatro abuelos tres padecieron la enfermedad. El cáncer era un maestro que nos había visitado muchas veces. Pero lo primero que se me vino a la mente honestamente fue llamar a mi mamá –que gracias a Dios la tengo viva y es una guerrera y un testimonio de vida– y luego actuar rápido, que es lo que hay que hacer en estos casos.

 

En ese momento [abril de 2014] estaba en Colombia a punto de hacerme un embarazo in vitro y de participar en una obra de teatro. Tuve que actuar lamentablemente de manera privada porque allí no tenía medicina prepaga, sino en Buenos Aires, que es donde tengo mi casa. Cuando me hice la segunda autopsia que decía más o menos de que se trataba lo que tenía, mi hermano –que es médico– me dijo que me regresara a Argentina. Y me vine. Fue lo mejor que pude hacer.

 

En junio me extirparon dos tumores y a los 15 días lamentablemente me tuvieron que hacer una mastectomía radical con extracción de ganglios [en el seno derecho]. Esa cirugía es terrible y muy dolorosa. Aún me duele y me va a doler toda la vida. [Tanto es así] que no pude levantar el brazo hasta después de un año de sesiones de fisioterapia y demás.

 

¿Cómo viviste el tratamiento de quimioterapia?
Yo lo que sentía no era que me estaban salvado la vida sino que me estaban matando porque la quimioterapia te mata lo malo, pero también lo bueno. La quimioterapia te trae una menopausia temprana, te acaba con los riñones, con el hígado, con el corazón… bueno con todo. Cada día estaba más flaca, podía respirar menos y tenía menos fuerza.

 

La caída del pelo, las cejas y las pestañas es una estupidez visible y es lo de menos. Yo no me quise ocultar. Podría haberlo hecho y no haber aparecido en ningún lado hasta verme como ahora divina con mi pelo y demás, pero preferí compartirlo.

 

(www.peoplenespanol.com)

 

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