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“En uso de mis facultades constitucionales, y a través de este Decreto de Emergencia Económica, he decidido sacar de circulación, en la próximas 72 horas, los billetes de 100,00 bolívares y dar un plazo prudente para quienes posean billetes de 100,00 bolívares los declaren ante la banca pública y el Banco Central de Venezuela”, dijo el Jefe de Estado, Nicolás Maduro Moros, durante su programa dominical Contacto con Maduro, el 11 de diciembre de 2016.

 

A partir de ese domingo se dio en el país un inusual e impactante hecho: comenzó a tener rostro la Guerra Económica que la derecha siempre negó.

 

Hasta ese momento la oposición nunca cuestionó ni condenó el sabotaje que desde diversos frentes provocaban las enormes colas en la adquisición de rubros acaparados, como alimentos básicos y hasta papel sanitario, y distintos fenómenos asociados, como el bachaquero y el raspacupo, que sumados todos impactaron en forma artificial e inducida los niveles de inflación en el país.

 

Repetían así el golpe-sabotaje de 2002 y 2003, cuando paralizaron la industria petrolera y el comercio, utilizando los medios de comunicación privados, pero que finalmente quedó derrotado tras 2 meses de daños económicos milmillonarios contra las finanzas de Venezuela y los índices de precios y de empleo laboral.

 

El Jefe de Estado explicó que “desde hace dos años se ha dado un fenómeno desde Colombia, de extracción de billete papel moneda venezolano de manera consuetudinaria y masiva a través de Cúcuta y Maicao, donde hay un centro permanente de ataque a la moneda venezolana, al sistema cambiario y también de extracción de billetes”.

 

Tras la medida, iniciaron sus protestas las casas de cambio ilegales en Cúcuta y Maicao, donde compraban y vendían descaradamente el billete venezolano; el indicador criminal de “Dollar Today” bajó sus ilegales y arbitrarias “cotizaciones” de guerra sin que nadie se lo pidiera, y la dirigencia de la derecha venezolana comenzó a reclamar insólitamente a través de los medios y en las redes sociales.

 

La decisión fue tan sorpresiva como efectiva, en un golpe certero a las mafias que desde Colombia y otras partes del mundo se dedican atacar la moneda nacional, llevándose millones de piezas de papel moneda, como una de las últimas tácticas de la Guerra Económica que sufre Venezuela desde, al menos, el año 2012.

 

Los especuladores nacionales e internacionales apenas unos días antes habían comenzado a afectar los puntos de venta de pago electrónico y hasta desapareciendo el efectivo, para que nadie pudiera tener acceso a nada.

 

Una inédita estrategia de sabotaje que los venezolanos nunca habían sufrido.

 

Pero a partir de la medida presidencial de ese 11 de diciembre, empezaron a aparecer ante las taquillas de los bancos montañas de millones de billetes “marrones”, de valor facial 100,00 bolívares luego de que supuestamente había “escasez” del efectivo por “presunta negligencia” del Estado, según afirmaba a diario la prensa burguesa, especialmente el periódico El Nacional, que en noviembre publicó un titular que confesaba su vinculación con el plan destructor y antipatria.

 

El Gobierno desplegó junto al BCV una estrategia para ampliar el cono monetario, ordenando la acuñación de monedas de Bs. 10, 50 y 100, así como la impresión de nuevos billetes por valores faciales de Bs. 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000.

 

La derecha internacional, esta vez desde Estados Unidos (EEUU), movió sus tentáculos, y trató de impedir el traslado de la carga de nuevos billetes a Venezuela, tal como lo denunció el Presidente Maduro y que quedó en evidencia con un artículo de la agencia Blommberg.

 

El artículo, publicado en inglés el 14 de diciembre, refirió que la empresa extranjera “Crane” con sede en Suecia, contratada para la impresión de los billetes, ya tenía listas las piezas desde el marte 13 de diciembre, pero esperaba los aviones privados para su envío, lo cual se retrasó sin especificar las causas. “A  fines del martes, Crane seguía intentando enviar toneladas de billetes a Caracas desde una instalación en Suecia, dijo una de las personas consultadas”, reveló Bloommberg, confirmando la denuncia del Presidente venezolano.

 

Ante la arremetida de esta guerra económica, y en otro contragolpe maestro, el Ejecutivo Nacional decide modificar el decreto de emergencia especial y repone temporalmente la circulación de los billetes de 100,00 bolívares que se encuentren en Venezuela, hasta el 2 de enero, devolviendo su valor legal para las actividades comerciales y financieras dentro del territorio nacional, pero dejando sin efecto las masas monetarias que se acumulan en las maletas y oficinas de las mafias en el extranjero.

 

También prorrogó el cierre de las fronteras hasta esa fecha.

 

Luego de las medidas de defensa económica del Gobierno Bolivariano, inéditas e históricas nunca antes tomadas en en el país, el Estado venezolano recuperó el 80 por ciento de la masa monetaria física que había estado “desaparecida” o “escasa” y comisó más de 500 millones de bolívares que estaban en manos de mafiosos y criminales que no justificaron su origen, dinero que pasará ahora al fondo de los CLAP para la atención de las familias.

 

Una guerra económica con sello opositor

 

“En el país no existe ninguna guerra económica, sino más bien un gobierno que está en pugna contra la producción nacional, a través de la implantación de un modelo fracasado que ha destruido la economía nacional durante los últimos años. La verdadera guerra es la del gobierno contra la economía y la ganaron”, afirmó el 25 de enero de 2016, Henry Ramos Allup, quien en pocos días será el presidente saliente de la Asamblea Nacional.

 

 

Negaba así, una vez más, tal cual como lo hizo en 2002, cuando él y sus acólitos de la derecha destrozaron al país con el paro-sabotaje petrolero de 2002, y que 12 años después repitieron, pero ahora sin dar la cara, y en la que utilizaron las molestias generadas en la población para adquirir alimentos mediante el brutal y sistemático acaparamiento de productos básicos y la llamada “simplificación de producción” en las fábricas.

 

El propósito evidente era provocar hambre, pero no por falta de dinero en las manos del pueblo, sino la desaparición de los productos en los anaqueles vacíos.

 

Las grandes colas fueron manipuladas por la derecha para ganar las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, día en que prometieron demagógicamente que ésa sería “la última cola”.

 

La evidente mentira se le revirtió.

 

La Agenda Económica Bolivariana del Gobierno Nacional impulsó 15 motores productivos, creó los CLAP, logró la recuperación de los precios del petróleo, aumentó más de 400% el salario integral de los trabajadores y comenzó el cambio del modelo rentístico petrolero imperante en el país por más de un siglo, que degeneró en un parasitismo histórico de pseudo- empresarios que no producen nada, para hacer verdaderamente productiva a la industria nacional.

 

Pero, entonces, comenzó a surgir y hacerse visible la otra operación de sabotaje que se ejecutaba en aparente silencio, ahora contra el signo monetario nacional: el bolívar, que desde algún tiempo era objeto de especulación financiera en las fronteras.

 

El propósito era que nadie pudiera comprar nada, pero no por falta de capacidad adquisitiva en las cuentas de los trabajadores y familias venezolanas, que tienen hoy salario digno y apoyo gubernamental en la atención social, sino la falta de “efectivo” en los cajeros vacíos para impedirle pagar nada.

 

Las mentiras publicadas en la prensa privada, con las que pretendían engañar sobre la escasa producción nacional por “falta” de dólares preferenciales así como otros argumentos sin soporte lógico ni económico, no pudieron calar y no funcionaron.

 

La batalla está en desarrollo. Pero a la distancia del tiempo ya se entienden muchas de las cosas que ocurrieron y cómo intentaron por todos lo medios arrodillar al pueblo con mecanismos ya utilizados en otros países, como el de Chile de Allende donde hicieron “chillar” la economía para derrocarlo a sangre y fuego en 1973 e imponer una dictadura sangrienta en manos de Pinochet.

 

Una breve cronología en retrospectiva de algunos hitos informativos más recientes sobre el tema, que evidencia ese rostro de la Guerra Económica que la derecha sigue negando pero que se le reventó en su propia cara.

 

(VTV)

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