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Los historiadores profesionales no se permiten extrapolar personajes o grupos sociales de una época a otra, pues saben que cada individuo y cada colectivo viven en su propio tiempo. Pero mi amigo el Profesor de Historia no tiene problemas en incurrir en anacronismos, ya que es un historiador amateur. Así que él asegura, sin abrigar la menor duda, que si la actual dirigencia de la oposición viajase al pasado serían siempre militantes de las causas más reaccionarias, retrógradas y retardatarias de cada etapa. “En tiempos de la Independencia hubiesen sido realistas; en la década de 1820 habrían conspirado para desintegrar la Gran Colombia; y en tiempos de Zamora habrían sido godos”, dice convencido.

 

El Profe no hace estas afirmaciones a lo loco. Se basa en el estudio de las opiniones que emiten y de las conductas que asumen los susodichos líderes antichavistas, cuando se ven obligados a ello, sobre asuntos de rango histórico. “Ellos, en la Cuarta República, vivían felices haciéndose los locos con la historia, fingiendo que eran patriotas y que honraban a Bolívar, pero desde que el comandante Chávez los llevó al terreno en el que hay que discutir esos asuntos a fondo, han quedado en evidencia. Se demostró que si fuera por ellos, seguiríamos siendo una colonia española”.

 

La reciente celebración del bicentenario de Ezequiel Zamora ha servido para ratificar esta convicción, según el Profesor. Los cabecillas de la alianza opositora tuvieron que asumir alguna posición ante la firme determinación gubernamental de honrar al General de Hombres Libres y, una vez más, se mostraron tal cual son: estructuralmente antipopulares.

 

Las expresiones denigrantes de ciertos personajes del sainete opositor en torno a Zamora no son meramente muestras de su deseo de oponerse a todo lo que haga el gobierno de Nicolás Maduro. No. Son evidencias claras de que ese sector político, defensor hoy del imperialismo estadounidense y de la burguesía rentista del patio, desciende de la estirpe de los colonialistas, de los  exterminadores de indígenas, de los esclavizadores de negros; de los cosiateros antibolivarianos; y de los terratenientes y prestamistas que convirtieron al llanero Páez en su presidente favorito. Por eso, en medio de la exaltación nacional del Héroe de Santa Inés, ellos demostraron ser profundamente antizamoranos.

 

En ese sentido, la sinceración es un gran logro. Las firmes posiciones revolucionarias obligan a la burguesía, a sus partidos políticos y a sus intelectuales a adoptar también una postura, a abandonar las ambigüedades mediante las cuales han sobrevivido astutamente. De unos años para acá no han podido pasar por los pantanos de la historia sin mojarse, como era su costumbre.

 

Los dirigentes que satanizan a Zamora y los intelectuales que los secundan son expresiones bien definidas de una vieja manera de estar en el mundo. Es el mismo pensamiento colonialista, esclavista, realista, conservador, godo de otros tiempos históricos, que en nuestros días se trasforma en puntofijsmo, cuartorrepublicanismo, neoliberalismo y sifrinismo. O, para decirlo como Alí Primera, es “el español que después se volvió gringo, y aquí lo tenemos hoy”.

 

(Clodovaldo Hernández / [email protected])

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