Ya había dos outs en la pizarra y era la parte baja del sexto episodio. Cardenales de Lara estaba abajo en el marcador 2-1 pero amenazaba seriamente con empatar el partido a los Caribes de Anzoátegui.

 

En la lomita estaba Félix Doubront por los orientales, había lanzado un extraordinario séptimo compromiso de la gran final del béisbol venezolano, juego que definiría al campeón de la temporada 2019-2020 realizada en homenaje a Jesús “Chivita” Lezama, aficionado número uno de los Leones del Caracas.

 

Doubront había logrado los dos primeros outs con ponches. Pero justo antes que se paralizara el partido, el quinto bate y jonronero de Cardenales, Luis Jiménez, había conectado a Doubront un doblete entre el jardín derecho y el central que lo colocaba como el posible empate en la pizarra. En el turno anterior, el toletero Carlos Rivero había conectado un cuadrangular descomunal que llegó a lo más alto de las gradas del jardín izquierdo.

 

Tras conectar el doblete, Jiménez llegó con dificultad a segunda y el personal médico de Cardenales salió a ver si podía seguir en juego, sí podía correr, era un momento clave.

 

Ese fue el preciso instante en el que apareció un gallo en los jardines del estadio Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto, sede del Cardenales. El gallo fue el protagonista durante un buen rato, el personal de Lara intentaba sacarlo del terreno de juego pero el ave corría y evadía a sus perseguidores mientras recorría la zona de seguridad.

 

Uno de los que lo intentaban agarrar logró tomar al animal por la cola, pero el gallo no se las puso fácil. Cuando todos creían que iba a ser llevado a un lugar seguro, el gallo se desplumó, soló la cola como si fuese un reptil, una iguana o una lagartija, para que su cazador lo dejara en paz. Así el gallo emprendió una nueva carrera por los jardines y hasta intentó subir a las gradas volando.

 

Un rato más haría correr el gallo al grupo de seguridad de Lara hasta que por fin lograron tomarlo y llevarlo agarrado por los patas.

 

Pero el episodio no quedó ahí. Los fanáticos que vieron en vivo la elocuente carrera y participación del ave en el juego comenzaron a opinar. Algunos dijeron que se trataba de un embrujo para que Lara pudiera dar vuelta al partido, otros comentaron que el gallo venía como corredor emergente por Jiménez.

 

En ese inning Cardenales no pudo empatar pero lo cierto es que el gallo literalmente dejó todas las plumas de su cola en en el terreno, tal y como lo hubiese hecho cualquier jugador para ganar esa final.

 

En la parte baja del octavo, aún con las plumas del gallo presente en los jardines, Cardenales logró empatar e irse arriba en el marcador para finalmente ganar 4-2 y llevarse el título de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional por segundo año consecutivo.

 

(LaIguana.TV)

 

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