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“Si no sancionamos duro a la corrupción, no es posible la revolución”: Viceministro Juan Arias (+Video)
Febrero 13, 2020 -

Los funcionarios públicos que ignoren las órdenes del presidente Maduro de hacer más eficientes y trasparentes los trámites deben ser castigados enérgicamente, planteó Juan Arias, viceministro para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales.

 

Arias, de profesión economista, explicó par a la audiencia de LaIguana.TV el funcionamiento de las zonas a cargo de su despacho y se mostró satisfecho porque ha logrado establecer diálogo con un nuevo sector del empresariado que desea producir sin involucrarse directamente en la política, ni conspirando al lado de partidos opositores ni gritando consignas a favor del gobierno.

 

De seguidas, una versión de diálogo:

 

-El presidente Nicolás Maduro ha hablado acerca de la necesidad de ser más eficientes y transparentes en el manejo de la economía. Concretamente se refirió al problema de que la materia prima procesada por la industria pesada estatal no le está llegando a la industria manufacturera. Ya que usted estuvo estrechamente vinculado a la Corporación Venezolana de Guayana, a las industrias básicas, ¿podría explicarnos por qué ocurre esto?

 

-Cierto, fui ministro de Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas por casi dos años. Hay muchos problemas heredados y otros que, como lo ha señalado muy bien nuestro hermano presidente obrero, debemos ver autocríticamente. No todo es porque el imperialismo nos tiene ahorcados. Hay cosas que tienen que ver con una cultura que no fue creada por nosotros, pero que muchas veces la replicamos y la cultivamos. En algunos casos no hay un interés serio por modificar ese orden de cosas. En el caso de la CVG hay una cultura de islas, en la que cada empresa se cree que es autónoma. Generar una transformación para que se articulen y trabajen con visión sistémica nos va a llevar un tiempo. Antes de salir de ese ministerio, yo había propuesto unos cambios en esa dirección. Luego, esos cambios se han hecho con el ministro Tareck El Aissami, que además es vicepresidente para la Economía.  La idea es volver al esquema corporativo para evitar que cada empresa se crea autónoma y garantizar el encadenamiento productivo. Se trata de que  la producción de las empresas básicas tenga como prioridad no exportar ni hacer lo que la gerencia considere conveniente, sino garantizarles materia prima a las empresas nacionales. Es un esquema que puede ser muy rentable, pero muchos gerentes de empresas básicas siguen creyendo que el negocio es exportar como sea. Por ejemplo, si la industria de aluminio exporta como bien primario, genera aproximadamente menos de 3 mil dólares  por tonelada. Pero si se transforma en perfiles y otros productos que se hacen en Venezuela, puede venderse la tonelada a 10 o 16 mil dólares. Los blíster (empaque para medicinas) están cerca de 20 mil dólares la tonelada. Por eso tenemos que apostarle a la transformación de nuestra materia prima. Venezuela no puede seguir siendo un país exportador de minerales y de productos básicos. Para lograrlo, la primera transformación que debemos lograr es en la conciencia. No basta con los decretos. Últimamente se han aprobado unos muy interesantes. Creo que hay que sancionar a los funcionarios púbicos que están al frente de empresas y que no cumplen con las normas decretadas. Muchas veces no lo hacen por ignorancia sino por corrupción. Hay que sancionar eso muy duro. Si no atacamos la corrupción con fuerza no vamos a hacer una verdadera revolución.

 

-Tal como lo planteaba el presidente, parece un contrabando desde dentro del Estado. Y no sabemos ni siquiera si esos dólares  producto de la venta de la materia prima bruta llegan a ingresar al patrimonio público o se quedan también en el camino.

 

-Es así. Lo has dicho muy bien. No tengo nada que agregar.

 

-Ahora bien, si se logra ese encadenamiento productivo, ¿cómo garantizar que sea en beneficio del país y no de las empresas manufactureras?

 

-Lo primero es que se debe garantizar que la materia prima le llegue a las industrias intermedias y que sean estas las que exporten. En mis tiempos de ministro, en las mesas de negocios, dentro y fuera de Venezuela, les dábamos prioridad a las empresas transformadoras. Pero si no existe un hermanamiento con las empresas productivas, se rompe la cadena y se termina incumpliendo los acuerdos. Por otro lado, en todas las empresas públicas hay que darles participación, protagonismo a los trabajadores. Me refiero a los trabajadores, no a los sindicatos porque si bien hay unos buenos, otros son manejados por una pila de sinvergüenzas. Lo digo sin ningún tapujo porque he sido víctima de algunas mafias de estas, sobre todo en Guayana. No le podemos tener miedo a los trabajadores, a la participación, a las comunas.  Tenemos que buscar la manera de que todo nuestro pueblo, tanto trabajador como comunero, participe en la toma de decisiones. Hay un modelo de gestión que hemos impulsado y que tal vez necesite una inyección de energía: el modelo que incorpora  a trabajadores y comunas en las juntas directivas de las empresas del Estado. Poníamos de presidente o presidenta de la empresa a un trabajador que fuera un líder productivo. Eso ha funcionado, aunque lamentablemente en algunos casos ha habido remociones o cambios de la junta directiva o del presidente o presidenta. Pero debemos seguir impulsando esto. El pueblo no tiene conciencia de que es el dueño de las empresas del Estado y que el Estado solo se encarga de administrarlas. En la medida en que el pueblo se involucre en lo que es suyo, puede hacer mejor auditoría, mediante el control obrero serio. No ese falso control obrero que han asumido algunos sindicalistas que buscan cuotas de poder dentro de la empresa y beneficios económicos. Tenemos que generar conciencia para que la comunidad participe de manera responsable y los trabajadores también. Para mí ese es el verdadero socialismo, hacia el cual debemos encaminarnos.

 

-Las zonas económicas especiales son un tema controvertido. Los críticos, tanto de la oposición como de algunos sectores revolucionarios, dicen que son burbujas de neoliberalismo porque no hay regulaciones ambientales ni laborales ni impositivas. ¿Es así? Vamos a aclarar ese punto.

 

-En principio, es falso. No todas las zonas económicas tienen que funcionar como un calco de lo que ocurrió en China. El boom de las zonas  económicas especiales se alcanza por el tremendo desarrollo que logra China después de año 1978. Ellos tuvieron un éxito rotundo, pero las zonas económicas especiales no han sido exitosas en todas partes del mundo. Hay casos en las que se crearon  y quedaron en el papel.  Por otro lado, no todas las zonas económicas especiales del mundo han tenido desregulación de leyes del trabajo o ambientales. Incluso,  habría que revisar lo que ocurrió en China para determinar si es que suavizaron las leyes ambientales y laborales o es que ya eran bastante laxas. No soy experto en legislación, y menos en la  de China, pero la referencia que tenemos es que ellos están hoy más bien apretando, haciendo ajustes. Ya no aceptan empresas contaminantes. Es más, exigen a las empresas que se están instalando un conjunto de normativas ambientales y laborales. Las cosas  allá han cambiado, pero además nosotros no nos hemos planteado copiar el viejo modelo chino o del país que sea, donde los trabajadores cobraban salarios de hambre, ¡no, para nada! Toda la legislación venezolana aplica en las zonas económicas. Entonces, ¿dónde están los beneficios para las empresas que llegan? En primer lugar, los menores aranceles e impuestos o su exoneración total. Además de eso, y es lo que inspira a muchos empresarios venezolanos, es el otorgamiento de un conjunto de celeridades a procesos administrativos. Las zonas económicas van a funcionar con criterios de eficiencia distintos al resto del país. En materia laboral, por ejemplo, la idea es que exista un comisionado laboral que se active cada vez que haya un problema a resolver con trabajadores. No va a pasar allí lo que ocurre en el resto del país, que un trabajador es despedido por mal comportamiento e incumplimiento de sus jornadas, pero resulta que al año o a los dos años, el Ministerio del Trabajo emite un dictamen ordenando que se reenganche al trabajador y se le pague todo el tiempo que ha estado sin trabajar. Eso no puede suceder en las zonas especiales. Necesitamos respuestas rápidas al tema que sea: laboral, ambiental o de cualquier otra índole. Para ello, en los consejos de gestión de cada zona, hay un equipo con representación de todos los factores, para que cualquier problema sea subsanado en el menor tiempo posible. El año pasado estuvimos trabajando cerca de seis meses, elaborando una Ley de Zonas Económicas Especiales. Ya se lo entregamos al vicepresidente El Aissami. En ese proyecto planteamos castigo a los funcionarios que incumplan los lazos establecidos para tomar decisiones. Esto apunta a la eficiencia. Cuando un empleado público posterga sus decisiones juega con el tiempo, la paciencia y el bolsillo del empresario para después pedirle una  colaboración a cambio de resolver su problema. A esto hay que ponerle coto. Quienes le apostamos a una Venezuela eficiente, digna y próspera creemos que este país tiene un tremendo potencial para funcionar bien, pero infortunadamente, son muchas las malas conductas que debemos corregir y no lo vamos a hacer solo dialogando. El diálogo es bueno, pero también debe haber sanciones ejemplarizantes y esta ley apunta  a eso.

 

-¿Esa ley será aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente?

 

-Nosotros le entregamos el proyecto al vicepresidente. Él entiendo que estará evaluando en qué momento se debe discutir esa ley. No me corresponde a mí decirlo.

 

-Viendo las zonas como un plan en marcha, ¿cuáles son los lugares y los proyectos emblemáticos, los que pueden mostrarse y decir que esto es lo que va a pasar cuando las zonas estén en pleno funcionamiento?

 

-Las zonas son muy jóvenes, muy incipientes pero van con buen ritmo. Responder esa pregunta podría generar celos, que alguien diga que prefiero a una por encima de otra. Pero es cierto que las últimas en arrancar han estado trabajando con mucha fuerza. Me parece que esa fuerza se la imprimen los gobernadores. Lara es el único estado que tiene dos zonas económicas. También tenemos a Tinaquillo-San Carlos, en Cojedes y Guarenas-Guatire en Miranda. Las primeras, las que estaban incluidas en el Plan de la Patria, son las de Ureña-San Cristóbal, en Táchira; Paraguaná, en Falcón; y Morón-Puerto Cabello, en Carabobo. En Lara ya contamos con un puerto seco y tendremos próximamente otro en Tinaquillo. Eso es fruto de las gestiones de los gobernadores para que el proyecto de la red ferroviaria se lleve a cabo. Esa red le va a  inyectar una dinámica industrial y comercial importante a esas regiones. Las zonas económicas sí pueden contribuir de manera importante al desarrollo industrial, pero tenemos que acompañarlas de otros incentivos. No basta con los incentivos fiscales y arancelarios. No es suficiente porque el empresario sabe que para conseguir un permiso del régimen lega equis, para no mencionar ninguno en específico, resulta que se tardan un mes o seis meses. Empezando por los trámites de registrar una empresa. No es algo que pueda hacerse en tres días ni en tres meses. El promedio es de seis meses… El empresariado nos está pidiendo eficiencia. En países como China o Alemania, el registro de una empresa se hace en cuestión de horas. Aquí se tardan tres días nada más para decirte si el nombre que tú quieres para la empresa está registrado. ¿Acaso no están esos datos computarizados? Son anacronismos que tenemos que superar. Los  empresarios lo que quieren es que haya eficiencia sistémica. Muchos de ellos dicen que prefieren pagar todos los impuestos y aranceles, siempre y cuando las cosas funcionen. Ese es el gran requerimiento de los empresarios y estamos trabajando para eso. Cada vez somos más los venezolanos que queremos que los procesos sean más ágiles. Lo que pasa es que se trata de una lucha entre quienes queremos eso y otros prefieren que las cosas no funcionen.

 

-Desde el comienzo del proceso revolucionario, el sector empresarial ha sido un factor de la política opositora y un obstáculo para muchos de los proyectos, al menos una parte de ese sector ha conspirado contra el gobierno. ¿Se están entendiendo ahora con el empresariado? ¿Hay un nuevo sector empresarial?

 

-Creo que era minoritario ese sector empresarial al que le dio por tomar el camino de la política y de la confrontación, porque también se puede tomar ese camino para dialogar. Ellos buscaron el camino de la confrontación, del golpe de Estado, de la ilegalidad y le hicieron un daño tremendo, inconmensurable tanto al sector empresarial como al país porque al fin y al cabo todos resultamos afectados. Dentro de esta crisis económica y política generada, el empresariado ha ido sincerándose. Venezuela tenía un empresariado en el que alrededor de dos tercios no eran en realidad empresarios, sino comerciantes, intermediarios, gente  que se beneficiaba de un conjunto de relaciones, pero no producían nada. Eran mercaderes. Pero ahora se está viendo quién es de verdad empresario. Esto no lo digo yo, sino que me hago eco de algunos empresarios conocedores de esa situación. Se sabe que algunos eran en realidad quemadores de divisas, vivían de sacarle divisas al Estado. Esos fueron los primeros en rodar, no por motivos políticos, sino económicos porque ya no hay tantos dólares para darle a todo el mundo. Se fue achicando el tubo, el flujo de dólares. Ahora tenemos un empresario más consciente de su rol. Incluso no está dispuesto a abrazar causas políticas, vengan de donde vengan. Quiere trabajar con el Estado, pero no para estar gritando consignas de “Viva Chávez”, sino para producir. Te dicen que su negocio es producir y que si el Estado quiere que ellos produzcan, pueden ayudarlo, pero no quieren involucrarse ni ponerse  camisas rojas. Eso me parece muy responsable y se ha estado trabajando con un sector importante que tiene más o menos estas características. Incluso, algunos son de oposición. Una de las cosas que he venido trabajando es impulsar el uso de las divisas diferentes a dólar y al euro  y las criptodivisas en el comercio exterior y las inversiones de las zonas económicas especiales. En una oportunidad me dijo un empresario: “Viceministro, yo no soy chavista, es más, soy de oposición, pero luego de escuchar su exposición y la de los técnicos que lo acompañan, en defensa el petro y las criptodivisas, le digo que si eso sirve a país, yo me comprometo a usar el petro”. Y ese es un hombre que tiene un programa de radio que es plomo parejo contra el gobierno. Aquí tenemos que ser menos dogmáticos y apostarle a Venezuela. El grupo de venezolanos que hace votos porque bajemos las tensiones y nos encontremos, es un grupo que crece constantemente.

 

-Cuando uno recibe el CLAP nota que los productos tienen diversos países de origen. ¿Qué pasa con los productos venezolanos? ¿Cuándo se llenarán esas cajas con productos nacionales?

 

-Yo he sido uno de los que ha levantado esa bandera. Tenemos que regionalizar el CLAP. Por eso celebro los recientes anuncios del presidente Maduro y del vicepresidente El Aissami. Algo que debemos hacer es fortalecer la industria nacional. Será importante cada dólar que en vez de gastarlo importando harina de maíz mexicana, lo usemos apostándole a los innovadores venezolanos que están produciendo harina de muy buena calidad, de marcas desconocidas. Financiemos esa producción, no importa que no sea suficiente para todo el país, sino para un estado o parte de un estado. No importa. Tenemos que fomentar el desarrollo local, que es el verdadero desarrollo endógeno. Creo en la industrialización de las comunas y eso requiere algo más que decretos, necesita el concurso de todos los que estemos de acuerdo con esa idea. A veces se trata solamente de impulsar a asociación entre productores y consumidores. Hay comunas que ya han planteado recurrir al trueque de productos entre comunas. Por ejemplo, una que produce biofertilizantes los entrega a otra que produce frutas o granos. Eso sería genial. No tienen que ser grandes fábricas, sino de escala apropiada, que sirvan para procesar  lo que se produce en un sector y para abastecer a la gente  de esa misma zona. En esa medida seremos soberanos, intrínsecamente, no solo porque no dependeremos de Estados Unidos o de cualquier otra nación extranjera, sino porque  las regiones no dependerán de otras y tendrían gastos mínimos de transporte… Hay mucho por hacer, la sociedad  venezolana está cambiando de mentalidad y de espíritu y eso se nota en la calle. La gente ha dejado de usar detergente de marca porque el pueblo aprendió a hacer su detergente. Hay un conjunto de bebidas  y comidas que no consumíamos hace algunos años. Venezuela está cambiando en la cotidianidad y yo le apuesto a ese pueblo guerrero que no se rinde y está batallando y a esos empresarios que creen en Venezuela y en ellos mismos.  Poco a poco crece el número de productos que estamos exportando. En muchos de esos rubros, exportamos pocas cantidades, pero no importa, yo de eso no hago un problema. Es  genial que se estén exportando nuevas marcas de rones y de chocolates. Durante siglos y hasta hace poco solo exportábamos cacao crudo. Ahora exportamos unos chocolates exquisitos. Sueño con verlos en las mejores chocolaterías de Europa. Hay gente que hizo cursos con grandes maestros chocolateros suizos y franceses y están produciendo en Venezuela buenos chocolates. Son pequeños secretos bien guardados, que deberíamos hacerlos públicos. Ojalá puedan entrevistar acá a esos héroes y heroínas.  Gente de carne y hueso, personas reales, no como los héroes creados en EEUU, que se ponen los interiores por encima del pantalón. Los nuestros son héroes serios.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)