Este jueves 30 de abril, Elliot Abrams, quien ejerce como representante especial de la Administración Trump para Venezuela, aseguró que su Gobierno adelanta planes para reabrir su Embajada en Caracas, porque confía que en breve se produciría una transición en Venezuela. 

 

«Creemos que una transición está por venir y necesitamos estar preparados», dijo el portavoz estadounidense durante una conversación en línea con el Hudson Institute, un think tank ligado a intereses conservadores especializado en temas de política y economía internacional. 

 

Estas declaraciones refuerzan las que el pasado miércoles emitiera el secretario de Estado, Mike Pompeo durante una rueda de prensa con un pequeño grupo de periodistas en Washington, en la que aseguró que había encomendado a su equipo estructurar los planes para reabrir los canales diplomáticos con Venezuela, aunque sujetos a una salida del poder del presidente Nicolás Maduro, postura que Abrams ratificó, añadiendo que confían que la presión sobre el mandatario se incrementará en lo inmediato.   

 

“La situación a corto plazo empeorará internamente”, advirtió Abrams, en lo que parece ser el primer amague de una nueva ronda de sanciones orientadas a producir el derrocamiento de Maduro. 

 

Entre el cambio forzado y la apropiación indebida de fondos públicos

 

Asimismo, el diplomático apeló a los cargos de narcotráfico y terrorismo que irregularmente le imputa el Departamento de Justicia de Estados Unidos al presidente venezolano, para amenazarlo con una eventual extradición, si se aventurara a visitar un país que haya suscrito el tratado con los Estados Unidos. 

 

Adicionalmente, para dar fundamento a la inminencia de la caída del Gobierno Bolivariano, la prensa afín a Washington de todo el orbe ha tratado de posicionar la idea de que en Venezuela existe una crisis humanitaria, derivada de la caída de los precios del petróleo –principal fuente de ingresos del país–, las medidas coercitivas impuestas por el gobierno de Donald Trump y la pandemia de Covid-19, elemento éste que habría agravado una situación de por sí ya complicada. 

 

Sin embargo, se obvia decir que Venezuela ha reportado apenas 331 infectados por el SARS-Cov-2, de los cuales se han recuperado 142 y han fallecido 10 –0,4 por cada millón de habitantes, una de las tasas más bajas del mundo–, de acuerdo a los datos recopilados por Worldometer al 30 de abril. Se trata de cifras muy por debajo de la de sus países vecinos e incluso, muy inferiores a las del promedio regional, gracias a la acertada gestión de la crisis por parte del gobierno encabezado por Nicolás Maduro. 

 

En su lugar, se resalta que el gobierno de Estados Unidos donó nueve millones de dólares para ayudar a enfrentar la pandemia y  descongeló fondos públicos para que Juan Guaidó, a quien reconoce como «presidente interino», pueda utilizar discrecionalmente. 

 

“Guaidó tiene acceso a algunos fondos en EE.UU. que quedaron del Banco Central de Venezuela”, precisó Abrams, refiriéndose con ello a 80 millones de dólares pertenecientes al Banco Central de Venezuela que estaban depositados en el Citibank de Nueva York y fueron transferidos a una cuenta del mismo titular, pero en la Reserva Federal, que es propiedad pública estadounidense y sobre la base de los cuales la fracción de la Asamblea Nacional que lidera Guaidó, aprobó un «Fondo para la liberación de Venezuela y atención de casos de salud de riesgo vital», del cual saldrían incluso salarios en miles de dólares para los parlamentarios y otros agentes ligados a ese grupo político.  

 

A la sucesión de fondos públicos apropiados indebidamente y administrados según los dictámenes de Washington, se suma una presunta oferta de donación de 20 millones de dólares a organismos internacionales –específicamente, la Organización Panamericana de la Salud y la Unicef– provenientes de cuentas de Venezuela en los Estados Unidos, para atender las demandas derivadas de la pandemia de coronavirus. Y aunque Juan Guaidó realizó el anuncio a fines de marzo,las referidas ayudas no se han concretado. 

 

Según Abrams, ello obedecería a que Unicef y «otras agencias» han «tenido miedo de aceptar estos fondos, porque temen repercusiones por parte del régimen”, si bien ha sido público que estos entes han colaborado con Venezuela en el transporte de ayuda humanitaria proveniente de China y Rusia y han avalado –y felicitado– las acciones emprendidas por el gobierno venezolano frente al coronavirus.

 

Por su parte, el presidente Nicolás Maduro aseguró el martes que su gobierno está dispuesto a aceptar la ayuda humanitaria que cualquier país tenga a bien ofrecer, incluso Estados Unidos, siempre que se canalice a través de la Organización Mundial de la Salud, lo que echa por borda las elucubraciones y excusas ofrecidas por Abrams ante la falta de acciones concretas de su tutelado en Caracas en medio de la pandemia de Covid-19.  

 

(LaIguana.TV)

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