Se organizaron bajo el mando de un militar disidente, asociado familiarmente con carteles de la droga; se entrenaron en fincas de un conocido narco de La Guajira, al que muchos de ellos conocieron; triangularon recursos provenientes de otro capo, a través de un agente de la DEA en Caracas. Los testimonios presentados hasta ahora lo muestran: la incursión paramilitar del pasado domingo 3 de mayo recibió financiamiento del narcotráfico.

 

Una vez más, Estados Unidos vuelve a utilizar su ya conocida estrategia de triangular recursos a través del narcotráfico y del robo de recursos para tumbar gobiernos. Los ejemplos no son nuevos.

 

En los años 80, se inició en Afganistán una guerra, que aún no tiene fin. Por entonces, los muyahidines, facción militar de inspiración islámica, mantenían un ejército alimentado con mercenarios extranjeros, bajo el apoyo activo de la CIA y del servicio secreto de su vecino Pakistán, interesados todos en expulsar a las tropas rusas que apoyaban al gobierno de ese entonces. ¿Cómo se financió tal empresa militar? “David Melocik, funcionario de la DEA, ha dicho al respecto: ‘Se puede decir que los rebeldes afganos hacen su dinero con la venta del opio. No hay dudas. Los rebeldes mantienen su causa con ello’. En cuanto a la CIA, no enfrentaba un gran dilema al apoyar el tráfico de drogas o los más oscuros fundamentalismos. La meta de Estados Unidos era derrotar a los soviéticos”. La cita corresponde al libro Las guerras que nos esperan, publicado en el año 2000 y escrito por el periodista Raúl Sohr, quien actualmente es comentarista internacional del canal CNN Chile.

 

“Las guerras son caras y los bandos requieren de fondos para combatir”, aseguraba Sohr, quien fue corresponsal de guerra en Serbia. Y si un principio es patente en las acciones estadounidenses es que lo que haga por controlar territorios y recursos para su beneficio debe hacerse a costa de otros.

 

Así pasó en Nicaragua, también en los años 80, cuando Estados Unidos decidió derrocar a los sandinistas. Fue la época del escándalo Iran-contras, por el que, por cierto, fue condenado Elliot Abramns, actual encargado del gobierno de Trump para el caso Venezuela, quien fue luego indultado por el presidente Bush padre.

 

Para ayudar al sanguinario y terrorista grupo de la contra, la CIA hizo más y con la ayuda de traficantes de drogas nicaragüenses, quienes habían huido a los Estados Unidos luego del triunfo sandinista, entró de lleno en el tráfico de drogas. En una nota de la revista Semana de Colombia, publicada en 1996 y titulada “la Narco Cia”, se relata el escándalo que por esos años estalló en Estados Unidos, luego de que un periódico californiano publicara reportajes sobre la conexión entre la CIA, el narcotráfico y los contras. “La serie del San Jose Mercury News documenta cómo en el área de la bahía de San Francisco, la CIA organizó un grupo de narcotraficantes para que vendiera cocaína a las pandillas del centro-sur de Los Ángeles con el objetivo de financiar la compra de armas para la Fuerza Democrática Nicaragüense, conocida comúnmente como la ‘Contra’. Como si eso fuera poco, el jefe de las pandillas convirtió la cocaína pura en crack, mucho más adictivo y barato, y lo comercializó al por mayor a distribuidores de todo el país, con lo que contribuyó en forma muy eficiente a diseminar una forma mortal de drogadicción entre la población negra”.

 

En los reportajes, que provocaron investigaciones del Departamento de Justicia y del Congreso, se relatan los pormenores de una operación que implicaba el traslado de la cocaína en aviones que iban desde Colombia hasta una base aérea en Texas, desde donde era distribuida por la CIA. 

 

El sistema de inteligencia estadounidense ha cambiado desde entonces, no solo por los múltiples escándalos en los que se vieron comprometidas agencias como la CIA, sino también como consecuencia de una nueva visión –neoliberal- que provocó la privatización de buena parte de todo el complejo de seguridad de ese país, incluyendo las actividades militares.

 

Si de financiar acciones armadas con recursos ajenos, se trata, Estados Unidos también sabe apelar al robo. Lo que ha estado sucediendo con las empresas Monómeros y Citgo, así como con las cuentas bancarias, cuyos depósitos están siendo expoliados por órdenes del gobierno de Trump, son muestra de ello. Y también lo es, por ejemplo, el entramado complejo por el que están siendo saqueados los pozos petroleros en Irak y Siria, en medio de guerras que han involucrado ejércitos regulares y mercenarios con la presencia activa del imperio norteamericano.

 

En diciembre pasado, el portal Mintpressnews publicó un largo reportaje de los periodistas Agha Hussain y Witney Webb titulado La Mano oculta del lobby de Israel en el robo de petróleo iraquí y sirio y en el que se relata con detalle cómo las presiones del lobby israelí en el gobierno estadounidense lograron que el petróleo extraído ilegalmente en territorios sirios e irakíes esté siendo desviado para su compra a bajos precios hacia Israel, que comparte frontera con Siria.  

 

Como se recordará, muchas zonas petroleras de estos países se encuentran controladas por facciones paramilitares apoyadas por Estados Unidos. A finales del año pasado, Trump anunció la retirada de las tropas de Siria, para luego precisar que mantendría personal militar para la protección de las zonas petroleras, ilegalmente usurpadas al gobierno legítimo sirio.

 

De acuerdo con el reportaje, Trump lo hizo “para evitar que el gobierno sirio pudiese explotar los recursos petroleros de la zona, para que así se quedaran en manos de aquellos que los Estados Unidos consideren adecuado para controlarlos, en este caso, la milicia de mayoría kurda respaldada por el gobierno norteamericano, conocida como las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF)… los actores claves de este sangriento negocio no eran sino grandes corporaciones israelitas que, en asociación con los EEUU, jugaron un papel clave en el robo del petróleo sirio para luego llevarlo al Estado de Israel”.

 

(Taynem Hernández / LaIguanaTV)

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