Bajo el nombre de oposición o antichavismo hay un amasijo variopinto que pese a sus diferencias generacionales desde 1999 a la actualidad llevan la contraria a cualquier planteamiento chavista y coinciden en su impronta antibolivariana, su volátil unidad y su incapacidad de trazar un proyecto de país que no implique únicamente volver al pasado. Esto más que el chavismo en el gobierno, lo lamenta el mismo pueblo opositor  y la juventud que poco o nada conoce el prontuario de las figuras de acción de este multiverso.

Vea en Este Entre Líneas producido por la investigadora Naile Manjarrés las alternativas partidistas que tiene el pueblo opositor, las semejanzas ideológicas y diferencias en intereses de cada uno de sus referentes y cómo se perfila el proceso electoral para la escogencia de un nuevo órgano legislativo en el país.

La vieja escuela: AD y Copei

Sus formas de hacer política y sus decadentes gestiones – que profundizaron la dependencia de Venezuela al capital estadounidense y traicionaron sus principios de izquierda-, son los principales responsables de la aparición del chavismo. AD es un partido manejado a sus anchas por el político de vieja data Henry Ramos Allup, quien figuró como secretario general de la tolda mucho más tiempo que el que ha gobernado Hugo Chávez y Nicolás Maduro en el país.

AD junto a Copei forjó una alianza bipartidista para turnarse los periodos presidenciales tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (una ilusión de democracia parecida a la que vive Chile actualmente).

AD y Copei, hoy en día, son los que ponen las cuentas bancarias para gestionar la corrupción de partidos más modernos como Voluntad Popular y Primero Justicia.

Voluntad Popular…o terrorista

Esta es la apuesta más activa o visible de la oposición los últimos cinco años. Voluntad Popular es un partido designado tardíamente por el TSJ como coalición terrorista. Lo suyo es el irrespeto por las leyes y por la institucionalidad, sumado a  acciones violentas que ponen en riesgo a la gente.

Leopoldo López, hoy oculto en una embajada, es su líder, y mueve los hilos cual ventrílocuo de cada paso criminal y con inclinación por los proyectos mercenarios dados por Juan Guaidó, el diputado autoproclamado presidente de Venezuela, percibido como «un niño» por Trump, y que no logra sino decepcionar a su fanaticada.

Voluntad Popular es el partido promotor de las guarimbas y crímenes de odio contra el chavismo en 2014 y 2017, del propiciamiento de un enfrentamiento entre militares el 30 de abril de 2019 en las inmediaciones de la Base Aérea de la Carlota y de la contratación de mercenarios para incursionar, asesinar chavistas, detener venezolanos, y destruir la institucionalidad de Venezuela, pero que fueron capturados en mayo de 2020.

Los doble cara: Primero Justicia

Por un lado negocian y por el otro fraguan planes de golpes de Estado. En Primero Justicia hallamos voceros como Julio  Borges dedicados a viajar clamando intervención y asfixia contra Venezuela y con candidatos como Juan Pablo Guanipa, que han ganado elecciones pero traicionan a sus seguidores al negarse a juramentarse sólo para ver si provocaban rebeliones.

Su ideología: centroderecha, promueve un Estado regido por el Libre Mercado y el rechazo al manejo estatal de la riqueza del país. Este partido fue acusado por Eva Golinger, de recibir financiamiento estadounidense, ellos lo negaron durante mucho tiempo, pero los últimos años perdieron las formas y ya se dejan ver hasta frotándose las manos cuando EEUU anuncia nuevas inversiones en sus planes destituyentes.

Los rebelados

A estos comenzamos a oírlos hacer ruidos desde octubre y noviembre de 2019 y los vimos con atención el 5 de enero de 2020 cuando se produjo una escisión de la oposición en el seno de la Asamblea Nacional que hasta ese día fue presidida por Juan Guaidó.

Diputados de AD y Primero Justicia se hartaron de los grotescos casos de corrupción que no les favorecían, también de los intentos de desestabilización y clamores de sanciones financieras contra Venezuela que constituyen el único proyecto de país de Juan Guaidó. Así surgió una nueva directiva antiGuaidó e interesada en recobrar la credibilidad de las instituciones y los poderes públicos en el país.

El G4: Otro nombre, el mismo liderazgo

Luego del oficial desmantelamiento de la Mesa de la Unidad Democrática y la división como esquirlas de granada de los intereses de la oposición dentro de la AN, surgió la figura denominada G4 compuesta por políticos de Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo (UNT) y Voluntad Popular, es decir, los mismos, con diferente nombre pero con los mismos planes de operar al margen no sólo de la institucionalidad sino también de las necesidades de los venezolanos opositores e independientes.

La encrucijada opositora: ¿Seguir o no seguir a estos dirigentes?

Juan Guaidó ha repetido desde 2017 que quieren “un nuevo CNE y elecciones libres”, pero realmente ello significaría el fin de sus negocios con el patrimonio público y los dividendos de la «ayuda humanitaria» que piden y reciben de los 30 países que ellos llaman «comunidad internacional». Ir a elecciones implicaría cesar en su clamor de sanciones financieras estadounidenses y el adiestramiento para la invasión paramilitar con apoyo de Colombia gestionada por Iván Duque.

Tras la elección del nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) por parte del TSJ se les cayó la consigna, actúan como un perro que no sabe qué hacer cuando alcanza el carro persigue, e insisten en no sufragar. Parecen olvidar que en 2005 siguieron esa estrategia y le concedieron la mayoría al oficialismo en la AN y que en 1999 Hugo Chávez fue electo con un CNE escogido por un TSJ opositor, lo que desmonta el argumento de «sainete» electoral esgrimido por Ramos Allup para convocar a no votar.

¿Qué hará entonces el ciudadano que desprecia al chavismo? ¿Seguirán tras las estrategias desacertadas del G4 o buscarán el cambio que ansían por la vía política?

El Psuv ya trabaja en la escogencia de candidatos. Las elecciones van. Inicia la cuenta regresiva.

(Naile Manjarrés / LaIguana.TV)

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